Cúmulo de problemas
Precios internos bajos, heladas, quema de caña y una presentación judicial nublan el horizonte azucarero. Por Fernando García Soto -Redacción LA GACETA.
"Más feo que ser azucarero en 2009". La frase seguramente no será dicha jamás por nadie, pero bien podría integrarse al cúmulo de "máximas" de este tipo, que pululan en el acervo popular. Ocurre que realmente pertenecer este año a la actividad que produce el azúcar en la Argentina debe ser angustiante, doloroso y estresante, al menos para la mayoría. Lo peor es que la economía de miles de familias depende del resultado de esta zafra, en la que la desunión de quienes integran el sector azucarero y factores que la actividad no puede controlar podrían desencadenar un verdadero caos.
Hoy las preocupaciones de los azucareros se dividen en varios frentes, todos inquietantes. Por un lado, hay empresarios -industriales y cañeros- que llevan adelante una verdadera cruzada para lograr que el precio del azúcar en el mercado interno se mantenga al menos en los valores actuales, que ya de por sí son de quebranto. Para lograrlo, pretenden exportar una cifra récord de 900.000 toneladas del endulzante durante esta temporada, volumen para el cual no hay infraestructura logística en el país. Sin embargo, el proceso está en marcha y se ve favorecido por precios externos del azúcar crudo tan elevados que no tienen comparación en 28 años.
Otra preocupación es que la situación de los cañeros sigue siendo precaria. O sea, no se ven favorecidos por el precio interno, que para ellos no supera los $ 63 por bolsa de 50 kilos. Dependen de que los ingenios que se comprometieron a exportar el 45% de lo que se produzca este año en el país les liquiden rápidamente y en efectivo la parte que les corresponde por la venta externa. El problema es que no todos los ingenios les pagan con dinero, como se comprometió la mayoría, sino que les entregan azúcar blanco, que luego debe ser vendido barato en el mercado interno. Este lote está conformado por fábricas de escalas y situaciones muy diversas, al punto de que se dice que una de ellas debe entregar blancos porque su situación financiera le impide pagar precios de exportación, que son sustancialmente mayores que los valores internos.
En medio de estos malabarismos, la naturaleza hizo su parte y "mandó" más de 20 horas de heladas en dos jornadas de julio, que dieron una verdadera paliza a los cañaverales y a otros cultivos, como el limón y los berries. De movida, la presunción es que las temperaturas inferiores al cero grado centígrado harán que se pierdan 100.000 toneladas de azúcar en Tucumán, lo que afectará la economía de todos, en especial de los cañeros chicos. La llegada de los primeros calores en pleno invierno obligaron a que los ingenios deban moler con premura la caña dañada. El tema es que la prioridad la tiene la materia prima propia y la de los cañeros amigos. Luego, la del resto.
Y si algo le faltaba a esta campaña insólita es un inusual escenario de quema de caña, como nunca antes se vio, que hasta ahora habría generado pérdidas en la provincia por unos $ 100 millones, según calculó la Estación Experimental. La estrategia del Gobierno tucumano para combatir esta práctica es detectar los lugares en que se producen los incendios y denunciar judicialmente a los dueños del campo en cuestión. Sin embargo, las amenazas de fuertes sanciones económicas logran frenar la tendencia.
La quema de caña genera múltiples reacciones en el sector azucarero, pero absolutamente nadie atribuye a la actividad la responsabilidad del flagelo. En este ámbito se buscan explicaciones al fenómeno, que incluyen teorías conspirativas, en el sentido de que habría grupos que se favorecerían con el escenario de caos azucarero. Otros mencionan el clima extremadamente seco que azota al país, que lleva a que se registren incendios en varias provincias y no sólo en Tucumán. Luego están quienes insisten en que los tucumanos vendrían a ser piromaníacos por excelencia, y que tienen la costumbre de propiciar incendios de campos sólo para divertirse o para provocar daños. Seguramente, un poco de todo esto debe estar sucediendo, pero lo más preocupante es que no se vislumbran soluciones concretas y contundentes para combatir esta práctica insana.
En medio de este fárrago, se conoció que el Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu) presentó un recurso de amparo ante la Justicia Federal por considerar que se constituyó una sociedad de hecho que obliga a los cañeros asociados a esta entidad a inmovilizar y exportar el 45% de los azúcares de su propiedad. Cactu entiende que el proceso se lleva a cabo "en forma coercitiva y de manera premeditada" y que se vulneran diversas normas establecidas en la Constitución nacional y en el Código Civil, como las relacionadas con los derechos a comerciar, de propiedad, de control de monopolios, etcétera. La iniciativa de Cactu despertó rechazos generalizados en el resto de la comunidad azucarera y un silencio mortal, incluso entre quienes en los últimos tiempos cuestionaban, al igual que Cactu, que el manejo de la exportación haya quedado en manos de un grupo que se arrogó esta potestad. La reacción de la mayoría fue de alta indignación, en parte porque entiende que no tenía sentido la denuncia de Cactu en medio de un esquema ya en marcha, o porque esta entidad había dejado establecido en diversas oportunidades su apoyo a sistemas exportadores similares al que está en proceso. Creen que la sola presentación judicial pone nerviosos a los compradores del azúcar argentino y que todo el negocio podría tambalear -aún más- con esta movida. Ya nada será igual entre los azucareros, seguramente.
Este miércoles, en Buenos Aires, los azucareros volverán a reunirse en cumbre para hablar sobre todos los temas. Tal vez sería momento de realizar un nuevo diagnóstico de la situación y de reformular objetivos, en los que un mejor diálogo entre los propios factores sea una prioridad, con especial atención de todas las posturas, incluso las contrarias a las de la mayoría.







