Pobres y fusilados

Las discusiones de los actores políticos y las diferencias con distintos sectores de la sociedad son el árbol que no deja ver el bosque. Críticas y malas interpretaciones. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.

16 Agosto 2009

En este mismo instante hay 14 millones de argentinos caminando para que no les duela la panza de hambre. En Tucumán son aproximadamente 500.000.
Cristina Fernández de Kirchner reconoció esta semana que no los puede esconder debajo de la alfombra porque están a la vista. Por eso salió, con desesperación, a echar pequeñas dosis del único antídoto que va a combatir la indigencia: el trabajo. Puso en marcha un sistema para que tengan trabajo 100.000 argentinos.
La idea del matrimonio es parecida a la que el duhaldismo aplicó en 2001. Ello implica tratar de que empiece a moverse un flujo de fondos en las clases desclasadas. Cuanto antes.
Cristina le dijo al país que no importa cuál es el índice (la Iglesia y estudios privados calcularon que la pobreza llegó al 40%); "no vamos a discutir si el porcentaje es 15, 20 o 30 por ciento. El conteo de pobres es una falta de respeto hacia los sectores más vulnerables". Tal vez haya sido por no faltarle el respeto que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) no los quiere contar desde 2007. En cambio no tuvo problemas en hacerlo antes cuando los números mostraban el éxito de una gestión. En 2001 la pobreza sacudía a más del 60% de los argentinos y en 2006 se logró reducirla a cerca del 22%. En Tucumán los números son casi un calco de la media nacional. Sin la sumatoria de cuántos son los que están bajo el índice de pobreza el Estado -ni las distintas estructuras de la sociedad- podrán dirigir correctamente sus políticas y acciones.
Pero en una etapa de diálogo y con la derrota en la mochila, la Presidenta no puede con su genio y ataca que lo que se debería medir y contar es a los ricos, cosa que lo hace y puede realizar con menores inconvenientes que a la pobreza. Inclusive puede haber en esa lista gente de su entorno más cercano. Son esos eufemismos y agresividades impropias de los hombres -y mujeres, agregaría la mandataria nacional- los que generan desconfianza. Y sin no se puede creer en quienes manejan la cosa pública, las cosas no funcionan.
Apenas la Presidenta comenzó a hablar de cómo se instrumentaría el plan de los 100.000 empleos se instaló la desconfianza. ¿Quiénes van a decidir sobre cuáles serán las cooperativas que manejarán esos proyectos de trabajo y quiénes y cómo se integrarán? Ante la desconfianza el resto de los estamentos de la sociedad se borran. Y, a río revuelto, ganancia de pescadores.
Está claro que así no se avanzará. En el país está a un punto de fracasar el diálogo. En esos encuentros podría ponerse sobre la mesa la pobreza que hace sonrojar a la Argentina en todo el mundo. Pero, los que van a dialogar salen protestando porque no les dan lo que piden como chicos a los que les mostraron un chupetín y no se lo dieron. Otros como Elisa Carrió disfrutan como si fuera una venganza del "yo les dije" o del "yo tenía razón" del que el diálogo no iba a servir. La dirigencia está muy lejos de hacer crecer al país con estas mezquindades. En Tucumán el tema prácticamente no se discute. Tal vez la soberbia de creer que están haciendo bien las cosas o la ignorante genuflexión que lleva a legisladores a hacer sólo lo que el gobernador José Alperovich les ordena o, simplemente, la ceguera social les impide ver que la desocupación trepa dos dígitos y la pobreza se subió al 37%. Pero si bien es un problema que no puede soslayar el poder público, es también un drama que atraviesa a toda la provincia, a toda la sociedad, que no puede desconocer y dejar de actuar.
El rector de la Universidad Torcuato Di Tella es un tucumano que además enseña Economía. El escribió no hace mucho tiempo un artículo para el diario La Nación donde sugiere que haber empobrecido a sectores desfavorecidos es una verdadera estafa. De hecho eso ha pasado en la Argentina en los últimos años. Juan Pablo Nicolini advierte que es drama de todos: "A esta estafa hemos contribuido desde el gobierno, desde las universidades, desde los centros de pensamiento, desde las empresas, desde todas las organizaciones sociales", señala.
Nicolini puntualiza que ninguna sociedad democrática ha progresado sin un amplio debate de ideas, en el que se exploren datos y analicen explicaciones alternativas.
"No conozco mejor manera de aprender sobre nuestros problemas y de construir soluciones que el debate abierto, inteligente y pluralista, en el que las distintas visiones individuales empujen la creatividad de cada uno de los que participan en el debate, pero sin afectar la tolerancia necesaria para que la razón, los hechos contrastables y los argumentos dominen la pasión, las conjeturas y las ideologías". El economista alerta que, de lo contrario, al final del camino está el fracaso.
En la Argentina de hoy se entra y se sale del diálogo como si fuera del boliche. Inclusive, sus protagonistas están dispuestos a agarrarse a la trompadas en la puerta.

Alerta cartográfica
El gobierno nacional ha sido incapaz de mantener los logros que consiguió en 2006 cuando la pobreza bajó del 60% de 2001 al 22% de ese año. Sin embargo, y sabiendo del infierno que se le puede venir, ha hecho cosas luego de la derrota del 28 de junio pasado. Esas políticas comprenden la suba del salario mínimo vital y móvil que ayuda a los trabajadores registrados; el incremento dado esta semana a los jubilados y los 100.000 puestos de trabajo que pondrá en marcha.
Tucumán no está exento de los diagnósticos. Depende en demasía de la Nación y tiene informes estadísticos que ayudarían a saber dónde están los focos de indigencia a atacar. En los mapas realizados por el Poder Ejecutivo se pueden ver los sitios donde viven esos 500.000 tucumanos. La lectura de esas cartografías podrían ayudar a tomar decisiones tanto en políticas públicas como en proyectos privados.

Un alarma lejana
Lo que se vive en la actualidad y que fue advertido por el propio papa Benedicto XVI y desoído por muchos dirigentes argentinos no es el resultado de los últimos 10 años.  "Desempleo, inseguridad laboral, concentración del ingreso y pobreza y consumos suntuarios son manifestaciones o procesos de carácter estructural que han tenido lugar en nuestro país. Las crisis recurrentes fueron consolidando patrones distributivos cada vez más regresivos en la medida que las fases posteriores  de recuperación económica resultaron insuficientes para revertir la situación previa". Este análisis pertenecen a los economistas e intelectuales reunidos por la Universidad de Buenos Aires (UBA) hace un lustro en busca de una salida. El documento tiene otro párrafo que vale la pena anotar: "Es preciso desarrollar instituciones y  políticas consistentes y articuladas entre sí, orientadas al objetivo central del empleo y distribución del ingreso. Esta particular visión comprende políticas macroeconómicas, sectoriales y territoriales: a) de promoción del empleo formal, b) políticas de sostenimiento de ingresos, c) políticas de acceso a bienes públicos, específicamente educación y salud, y d) de vivienda y hábitat". Esto implica la comunión de acciones del Estado y de la sociedad toda y para ello hace falta la confianza y el diálogo.
Las estadísticas -por lo menos hasta fines de 2006- están y los estudios también. Falta poner manos a la obra. En 1974, el coeficiente de Gini (ese que determina las desigualdades del ingreso y que establece cuando más se acerca a 1 la situación es más grave y que 0 es la igualdad de ingreso para todos) era de 0,358 en la Argentina; en 1990 llegó a 0,437 y hoy trepa a 0,513, por debajo de Estados Unidos y Uruguay (0,45). Es decir que el deterioro viene ya desde los años 70 y los sucesivos administradores -con sus respectivos representados- no han podido revertir la historia.
"Si me tocara ser pobre en América latina, me gustaría serlo en Chile. Pero, además de envidia, Chile también genera esperanza, porque nos muestra que no estamos condenados a la pobreza, nos muestra que estar en una esquina del mundo no es un obstáculo insalvable", confiesa el economista Nicolini. Y agrega: "el ingreso de los pobres chilenos se multiplicó por tres, mientras que el de los pobres argentinos se redujo a la mitad. La matemática no miente: el ingreso de los pobres chilenos se multiplicó por seis en relación con el de los pobres argentinos".
Lamentablemente, las miradas y las lecturas que se hacen del poder sobre estos temas estructurales que podrían ayudar al país a no volver a caer en el abismo son tomados muchas veces por el poder como acciones en contra de las distintas gestiones. Por eso Cristina -y muchas veces el gobernador José Alperovich- no puede interpretar la crítica de la prensa y en sus alucinaciones ve arcabuceros con fusiles en vez de letras negras sobre fondos blancos. La discusión en la Argentina es si los Kirchner están perdidos o si la oposición está muerta. Resolver esta disyuntiva no achicará brechas ni darán trabajo.

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