Es la viva imagen de sus padres
El CAM tiene rasgos propios de cada uno de los estamentos que lo forman. Y aunque ninguno se hace cargo de la criatura, en el fondo todos quedaron bastante conformes. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.
En sus primeros 10 días de vida, pareciera que nadie quiere reconocer como propio al Consejo Asesor de la Magistratura.
El órgano que acaba de alumbrar la Ley 8.197 fue concebido tras seis años de anormalidad institucional, a causa de los caprichos antirrepublicanos del alperovichismo. Desde que llegó a la gobernación, el oficialismo sometió al sistema de designación de jueces a toda clase de manoseos, que fueron desde la derogación del insondable CAM que rigió entre 1991 y 2003 hasta su malograda resurrección post reforma constitucional, ya como comparsa del poder político.
Pasaron impugnaciones judiciales, declaraciones de inconstitucionalidad, revanchas políticas, 34 vacantes judiciales, juicios políticos patoteriles y amenazas de intervención federal. Hasta que llegaron las urnas y la derrota kirchnerista, mientras el Gobierno tucumano veía como se le iban 150.000 votos en dos años.
Tras esas elecciones, los actuales gobernantes estrenaron una institución sin uso: el diálogo. Hablaron las cúpulas de los tres poderes y, luego, los políticos recibieron a los representantes de los letrados. Y por fin, surgió la criatura. Su cabeza tiene los rasgos del Poder Judicial: lo preside el titular de la Corte. Tiene las manitos (levantadas) del Poder Legislativo, que pone la mitad de los miembros. Una piernita es de los magistrados inferiores y la otra de los abogados litigantes. Y, para qué negarlo, heredó sus orejas del Poder Ejecutivo.
Sin embargo, cada uno de los involucrados sostiene, por estas horas, que el padre del CAM -al menos, el que gozará de sus beneficios- es otro.
Bolillas negras
En el alperovichismo, se respira un clima de alivio incontrastable. La negativa oficialista a establecer un sistema decente de selección de magistrados puso a los tribunales en crisis, pero también desgastó y desacreditó a su democracia pavimentadora.
Superada esa instancia, algunos celebran ostensiblemente. El primero en festejar es, sin dudas, Sergio Mansilla, quien antes que asumir como senador preferiría seguir como vicegobernador en los hechos. Haber desanudado la madeja del CAM le sirvió para mostrar que además de insoportablemente alperovichista -para decirlo elegantemente- puede resultar institucionalmente muy útil al proyecto político oficial.
Pero al lado de él, no son pocos los que creen que, en realidad, el Gobierno le regaló el CAM a la Corte. De lo que se reniega subterráneamente en el poder político es de que se pautara que el vocal de la Corte será quien presida el órgano seleccionador. Eso -aseguran- prefigura que si bien el juez supremo que sea designado consejero no podrá decidir quiénes cubrirán las vacante (potestad del gobernador), al menos sí podrá oponer "bolilla negra" y despeñar candidatos. Su opinión -razonan- será determinante a la hora de confeccionar el orden de mérito del quinteto de postulantes que se remitirá al Poder Ejecutivo. En concreto, los "halcones" alperovichistas asumen que tanto el consejero de los abogados como el de los jueces inferiores jamás se animarán a desautorizar al vocal de la Corte, que puede desempatar las votaciones que terminen tres a tres.
De pie
En realidad, estas prevenciones son la cáscara de un recelo mayor: la del incremento del poder de los tribunales. Eso viene dándose en la Argentina a partir de un fenómeno comprensible a la luz de las leyes de la física: el lugar del control al Ejecutivo, que abandonaron los parlamentos (entre ellos, la arrodillada Legislatura), fue siendo ocupado paulatinamente -aunque con limitaciones- por el Poder Judicial.
En el contexto tucumano, un razonamiento alimenta particularmente la desconfianza gubernamental: técnicamente, los magistrados tienen hoy "bolilla negra" para la próxima gobernación. A partir del planteo efectuado hace dos veranos por el radical Ariel García contra la constitucionalidad del artículo 159, que consagra la recontra-reelección, los jueces pueden decidir que José Alperovich no sea candidato a gobernador en 2011.
El alperovichismo se conmueve ante un planteo: si aún a riesgo de no poder cubrir sus vacantes, el Poder Judicial frustró institutos clave que el poder político introdujo en la Carta Magna de 2006, ¿qué hará ahora, cuando el problema de las acefalías está por desaparecer?
Pierde el equilibrio
En la Justicia, por el contrario, afirman que no hace falta sustanciar un juicio de filiación para determinar que el CAM es hijo del poder político.
Hasta último momento, los emisarios judiciales sondearon al alperovichismo con un "Plan B", que preveía incluir al ente de selección un miembro más por los abogados y un representante del estamento académico. Pero el oficialismo se cerró: un lugar para la Corte, otro para los camaristas, jueces, fiscales y defensores, un tercero para los letrados y los tres restantes para la Legislatura.
Esto, afirman en tribunales, no es la mejor muestra de equilibrio. Es admisible pero para nada ideal. Especialmente porque la mayoría legislativa elegirá a sus dos referentes y también al que le corresponde a la oposición. Este último hecho desnaturaliza por completo el carácter de "representante de la minoría" que tendrá el tercer consejero legislativo, tal como Ricardo Bussi se ha cansado de machacar.
Precisamente, la definición respecto de qué opositor irá al CAM es la única cuestión pendiente.
Parientes lejanos
Todo parece indicar que el oficialismo designará como seleccionadores de jueces a Regino Amado y a Carolina Vargas Aignasse. Ambos, por ende, deberán dejar la destituidora comisión de Juicio Político. Hasta ahora, Daniel Heredia es un seguro reemplazante. Se baraja que el segundo relevo sería Roberto Palina.
En cuanto a la minoría, Luis Bussi es quien más adhesiones cosecha en el bloque Tucumán Crece, pero hasta ayer no estaba descartada la posibilidad de que Esteban Jerez pudiera terminar siendo el consejero. Su pasado como el temible fiscal anticorrupción durante el mirandismo es lo que genera rechazo en varios peronistas, pero a la vez es lo que predispone favorablemente a otros: él es indiscutiblemente no alperovichista. Por tanto, aportará equilibrio a la naciente institución. A la vez, ya tiene el respaldo de Ricardo Bussi y, en los próximos días, el radical José Cano también hará público su aval.
En las últimas horas surgió una segunda alternativa, que aún está en pañales: que Jerez vaya al CAM como consejero suplente.
Es la cara de José
Los colegios de abogados dicen que el CAM tiene la cara de José Alperovich. Para los letrados, la prueba de que el mandatario designará a los jueces que quiera está en el ADN mismo del consejo. Después de que se sustancie todo el proceso de prueba escrita de oposición, cotejo de antecedentes académicos y profesionales, y entrevista personal con los miembros del ente, no se elevarán tres sino cinco postulantes y el titular del Ejecutivo podrá elegir a cualquiera sin tener que dar explicaciones, desvirtuando por completo el orden de mérito.
Si a eso se suma que una deficiente prueba de oposición en la que se obtengan sólo 25 de los 55 puntos máximos (menos de la mitad) puede ser compensada con una voluminosa carpeta de antecedentes (otorga hasta 35 puntos) resulta que no pocos allegados al poder podrán aspirar a conseguir los 60 puntos básicos para llegar a la entrevista personal, donde tres de los seis entrevistadores serán políticos.
Padrinos renuentes
Los académicos, por su parte, ponen serios reparos a la posibilidad de apadrinar a la criatura. No se quejan tanto de carecer de un representante en el consejo como sí de las nulas pautas establecidas respecto de las calidades de los que deben ser evaluadores de los concursos.
El asunto no es menor. Si se tiene en cuenta que, según fuentes de la Facultad de Derecho de la UNT, los docentes con título de postgrado doctoral de esa casa no superarían la decena -y sólo tres se habrían doctorado en la UNT-, se advierte que pautar el perfil de los examinadores es un asunto sumamente delicado.
Chochos y precoces
Ahora bien, más allá de estos reparos formales, lo cierto es que informalmente, unos están más que conformes y otros están al borde de la chochera con el pequeño CAM.
El estamento universitario no va renunciará al proceso evaluatorio. Los colegios de abogados advierten que puede haber objeciones judiciales, pero no han dicho que ellos (que tienen uno de los seis lugares) vayan a formular las impugnaciones. Aunque sólo son especulaciones, en la Corte barajan que puede haber más de un movimiento: el presidente, Antonio Gandur, podría ser designado para ir al consejo y presidirlo. Necesariamente, dejaría el Jurado de Enjuiciamiento, que podría ser integrado por el vocal decano, René Mario Goane. Y en el Gobierno aseguran que si por José Alperovich fuera, ya se habría tomado 10 días para irse a Europa. Lo único que lo detiene -afirman- es que su esposa, la diputada Beatriz Rojkés, está atada a la agenda del Congreso de la Nación: como el kirchnerismo tiene los votos justos, la necesitan dictaminando en las comisiones y votando en el recinto. Pertenecer al Club K, por cierto, tiene cada vez menos privilegios.
Lo que resta por ver es cuáles jueces traerá el CAM bajo el brazo. Y, antes que ello, cuáles magistrados provisorios designará su precoz hermanito, el Régimen de Subrogancias, que ya se gesta en las alturas del poder.







