El flagelo de la desnutrición

14 Agosto 2009
Hace una semana, las palabras de Benedicto XVI levantaron polvareda en el país. El Papa había enviado un mensaje a promotores de la colecta anual "Más por menos" en el que estimulaba a los argentinos a cooperar para reducir la pobreza. "Su Santidad alienta a los cristianos a un esfuerzo solidario que contribuya a reducir el escándalo de la pobreza y la inequidad social, dando así cumplimiento a las exigencias evangélicas que exhortan a hacer posible una sociedad más justa y solidaria", señalaba la nota.
En consonancia con las palabras del Pontífice, el cardenal Juan Carlos Bergoglio dijo durante su homilía en la misa en honor de San Cayetano: "no puede ser que en una patria bendita como la nuestra, a tantos les falte el trabajo y el pan" y exhortó a "mirar al rostro de los excluidos". "En este mundo cruel son material de descarte, tirados en verdaderos volquetes existenciales", afirmó. "Nos preguntamos por qué vivimos en una situación de pobreza escandalosa, de falta de trabajo, de enfermedades que nos afectan masivamente como la gripe o el dengue, que pegan más duro por la falta de Justicia". En sentido similar, se pronunció el arzobispo de Tucumán, Luis Villalba, que exhortó a los dirigentes políticos y económicos de la provincia a que garanticen el empleo para todos los tucumanos y dijo que las familias deberían comer en sus casas y no en comedores comunitarios.
La desnutrición infantil, por cierto, es una de las hijas predilectas de la pobreza y de la miseria. Desde 1993 lucha contra ella el pediatra Abel Albino, graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán, y fundador en Mendoza de la Cooperadora para la Nutrición Infantil (Conin). El profesional que vino a Tucumán a brindar disertaciones, aseveró que mientras siga habiendo pobreza habrá desnutrición. "Hay una regla que no tiene excepción: la pobreza afecta a los chicos menores de seis años, ya que inevitablemente dependen de terceros que no tienen los medios y, a veces, la educación suficiente para cumplir con el cometido de poner en funciones a un chico", afirmó. "Nosotros nos dimos cuenta de que la desnutrición es el resultado final del subdesarrollo. Si la queremos quebrar, debemos hacer un abordaje integral del problema social que le da origen", acotó.
En julio pasado, en el marco del X Congreso Internacional de Estrés Traumático, realizado en Buenos Aires, la directora de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Kings & St. Thomas Medical School (Inglaterra) señaló que la reducción de la nutrición daña el cerebro, y afecta además las complejas bases fisiológicas de los sistemas de toma de decisiones.
El destacado médico, conocido como el Doctor Solidaridad, dijo que se necesitan políticas que se mantengan en el tiempo durante 30 años. "Se tienen que terminar las diferencias, los enfrentamientos por pavadas. Tenemos que pasar a la acción. Se habla demasiado de la pobreza. Nos quedamos en discusiones de comité, de café, pero no hacemos nada. La pobreza es un escándalo y tiene razón el Papa: no puede haber pobreza en un país tan rico", aseguró.
Coincidimos con el pediatra y acotamos que no sólo en el área de salud, son necesarias políticas que trasciendan los gobiernos de turno. Se trata de abordar el asunto desde distintas miradas. Salud, educación y trabajo van tomados de la mano. Si la desnutrición es encarada sólo desde la perspectiva sanitaria no podrá ser erradicada. Si bien Tucumán ha logrado salir del pozo de la desnutrición infantil que nos avergonzó en el mundo, debe profundizar sus programas sociales -dejando de lado el mero asistencialismo- y elaborar una política de Estado apoyándose en criterios interdisciplinarios.

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