Reelección o continuismo
Una decisión de la Justicia, referida a la posibilidad de la reelección del gobernador, en un sentido o en otro, desatará estrategias diferentes con vista a los comicios de 2011. Por Juan Manuel Asis -Prosecretario de Redacción.
Pregunta, ¿qué podría pasar si finalmente la Justicia le dice no a la reelección? Respuesta: conmoción dirigencial, turbulencia política, terremoto institucional y puesta en marcha de planes "B". Un ejército de 200 personas, incluyendo al propio gobernador, José Alperovich, debería diseñar nuevas estrategias de supervivencia. Hasta el momento, todos están expectantes, ansiosos pero tibiamente confiados; no creen que el fallo pueda resultar adverso y que vaya a limitar sus ambiciones. "La Constitución es clara", suele repetir el mandatario para desestimar cualquier objeción a su tercera postulación consecutiva. Detrás, un coro de voces canta el mismo estribillo.
En los hechos, en materia electoral, la situación estaba más clara con la Constitución bussista de 1990, que tachó la reelección; medida que provocó la aparición del plan "continuidad familiar", por el que la dirigencia -tras cuatro años de gestión- lograba instalar en su banca -por ejemplo- a un pariente directo; esposa o hermano. Así, muchos clanes familiares hicieron su irrupción, algunos a la sombra del sistema de sublemas. Desde 1991 a 2003 el enroque fue la jugada natural para burlar el espíritu constitucional: esposo por mujer, hermano por hermano, legislador a intendente por jefe municipal a legislador, etc. Todo calculado con cuatro años de anticipación, y legal.
Nuevas reglas
La reforma de 2006 cambió las reglas, mas no alteró el esquema continuista. No generó mayor inquietud hasta ahora, cuando la suerte de los planes diseñados a largo plazo (hasta 2015) pasaron a depender de una decisión judicial. Precisamente, contra la premura de la dirigencia por saber cuanto antes qué sucederá con la reelección conspira la demora de la Justicia, que parece aún más lenta a la luz de la ansiedad de los interesados. Inversión proporcional, que le llaman. Y cuanto más tarde la Justicia, más aumentará la preocupación de la dirigencia, ya que deberán actuar sobre la hora -tal vez a meses de la elección- para definir qué camino tomar: irse, quedarse, que siga el pariente, buscar otro puesto, jugar en el partido, acoplarse, qué.
Si la Justicia no objeta el artículo 159 de la Constitución, no habrá mayores problemas; los nombres serán los mismos. Pero si dice no, el dolor de cabeza lo sufrirá Alperovich y más del centenar de dirigentes que quiere la reelección. Baste pensar que en ese caso el oficialismo deberá postular un nuevo candidato a gobernador (¿Juan Manzur?, ¿Beatriz Rojkés?, ¿Domingo Amaya?, ¿Osvaldo Jaldo?, ¿Sergio Mansilla?) y que el resto tendrá que reflotar los enroques. Los únicos que le "encontraron el agujero al mate" -como diría la popular- son los "mellizos" Orellana, para los cuales no hay sistema electoral que les trabe su seguidilla en el poder.
El verdadero problema para el oficialismo en esa eventual situación será la designación del peronista que sucederá a Alperovich. Y el drama para este será señalar con el dedo al delfín. Entonces, ¿continuismo familiar también en el alperovichismo? Para el Partido Justicialista puede ser traumática una sentencia de la Justicia que impida la reelección, ya que hoy por hoy no se piensa en otra cosa que no sea una nueva gestión del titular del Poder Ejecutivo.
Pero en el tren de deslizar hipótesis, se puede contar una tercera y que, eventualmente, favorecería las pretensiones del oficialismo: que la Justicia siga dejando pasar los meses y los años y no resuelva el tema hasta después de la elección. En el PE no se la descarta.







