12 Agosto 2009 Seguir en 
Los tucumanos mantenemos desde hace años una extraña relación con la basura. Cualquier persona que recorra la provincia hallará bolsas, papeles, desperdicios a la vera de los caminos y las rutas, en las ciudades, en las márgenes de ríos y lagunas, en los bosques, en los mismos cursos de agua. Es cierto que, en muchos lugares, como las plazas, en cientos de calles o en los barrios faltan cestos para residuos, pero eso no es un justificativo de esta pésima costumbre social.
Hace pocos días, señalábamos justamente que este hábito desaprensivo se ha apoderado, por ejemplo, de las banquinas del camino de Sirga, tapizadas por papeles y bolsas de polietileno. Distintos sectores de la plaza San Martín, en especial algunos canteros o el mástil, amanecen poblados de puchos, cartones de vino y botellas de gaseosa. Sobre la calle Bolívar, en la vereda de la plaza Rivadavia, a 50 metros del Hospital del Niño Jesús, hay un depósito de desperdicios, que se limpia, pero a las pocas horas, se vuelve a cubrir. Basta caminar por los peatonales, luego de las 22, para observar la gran cantidad de residuos que ha quedado de recuerdo, pese a que la Municipalidad ha instalado contenedores.
En fechas especiales, tales como los días de los Enamorados, del Niño y del Estudiante, los tucumanos se vuelcan masivamente a los parques (9 de Julio, Guillermina, Avellaneda), al cerro San Javier o al dique Celestino Gelsi. Estas aglomeraciones dejan como souvenir de sus festejos toneladas de residuos, y con bastante frecuencia, árboles, plantas y canteros, destruidos.
El domingo se celebró el Día del Niño. En nuestra edición de ayer, informamos que a los operarios municipales les llevaría dos días limpiar el parque 9 de Julio. El césped amaneció el lunes cubierto de residuos. No se podía caminar sin pisar las botellas, las cajas y los papeles de toda clase de envoltorios, diseminados por el paseo público. Una de la principales víctimas fue el lago San Miguel: los tucumanos arrojaron más de 1.000 envases, muchos de los cuales habían sido rellenados con piedras para que quedaran incrustados en el fondo del espejo de agua. Esta última acción pone en evidencia además un espíritu depredador.
Según el informe municipal, a diferencia de otros años, no se registraron grandes destrozos; sólo rompieron algunos focos del alumbrado público y algunos plantines. Lo curioso es que hay más de 200 cestos de basura en nuestro principal paseo público que quedaron a medio llenar. Sólo en las primeras cuatro horas de trabajo, los operarios municipales llenaron 15 camiones con residuos. El secretario municipal de Servicios Públicos estimó que iban a retirar por lo menos cinco toneladas de desperdicios, cifra mayor que en 2008 y en 2007, cuando alcanzó cuatro toneladas.
El funcionario explicó que el año pasado, luego del Día del Niño, efectuaron "una fuerte campaña de concientización". "Luego, para el Día del Estudiante, la gente colaboró con la limpieza. No sé qué pasó ahora. Creíamos que habíamos corregido estas conductas de maltrato hacia el parque, pero parece que no. Es lamentable", afirmó.
Se trata, por cierto, de un problema cultural que sólo se resolverá educando. Ya está comprobado que las campañas esporádicas de toma de conciencia no dan los resultados esperados. Tal vez, el mismo día de la celebración, patrullas municipales -con el apoyo de entidades ambientalistas- deberían recorrer las zonas donde se reúnen los tucumanos e invitarlos a limpiar el paseo una vez que se retiren, y verificar que así lo hagan. Mal ejemplo les dan los adultos a los chicos en su día si fomentan estas actitudes desaprensivas. Posiblemente, ellos no vivan en su casa en medio de la basura. La ciudad es un reflejo de quienes la habitan. Si no la cuidamos es porque no nos han enseñado a quererla.
Hace pocos días, señalábamos justamente que este hábito desaprensivo se ha apoderado, por ejemplo, de las banquinas del camino de Sirga, tapizadas por papeles y bolsas de polietileno. Distintos sectores de la plaza San Martín, en especial algunos canteros o el mástil, amanecen poblados de puchos, cartones de vino y botellas de gaseosa. Sobre la calle Bolívar, en la vereda de la plaza Rivadavia, a 50 metros del Hospital del Niño Jesús, hay un depósito de desperdicios, que se limpia, pero a las pocas horas, se vuelve a cubrir. Basta caminar por los peatonales, luego de las 22, para observar la gran cantidad de residuos que ha quedado de recuerdo, pese a que la Municipalidad ha instalado contenedores.
En fechas especiales, tales como los días de los Enamorados, del Niño y del Estudiante, los tucumanos se vuelcan masivamente a los parques (9 de Julio, Guillermina, Avellaneda), al cerro San Javier o al dique Celestino Gelsi. Estas aglomeraciones dejan como souvenir de sus festejos toneladas de residuos, y con bastante frecuencia, árboles, plantas y canteros, destruidos.
El domingo se celebró el Día del Niño. En nuestra edición de ayer, informamos que a los operarios municipales les llevaría dos días limpiar el parque 9 de Julio. El césped amaneció el lunes cubierto de residuos. No se podía caminar sin pisar las botellas, las cajas y los papeles de toda clase de envoltorios, diseminados por el paseo público. Una de la principales víctimas fue el lago San Miguel: los tucumanos arrojaron más de 1.000 envases, muchos de los cuales habían sido rellenados con piedras para que quedaran incrustados en el fondo del espejo de agua. Esta última acción pone en evidencia además un espíritu depredador.
Según el informe municipal, a diferencia de otros años, no se registraron grandes destrozos; sólo rompieron algunos focos del alumbrado público y algunos plantines. Lo curioso es que hay más de 200 cestos de basura en nuestro principal paseo público que quedaron a medio llenar. Sólo en las primeras cuatro horas de trabajo, los operarios municipales llenaron 15 camiones con residuos. El secretario municipal de Servicios Públicos estimó que iban a retirar por lo menos cinco toneladas de desperdicios, cifra mayor que en 2008 y en 2007, cuando alcanzó cuatro toneladas.
El funcionario explicó que el año pasado, luego del Día del Niño, efectuaron "una fuerte campaña de concientización". "Luego, para el Día del Estudiante, la gente colaboró con la limpieza. No sé qué pasó ahora. Creíamos que habíamos corregido estas conductas de maltrato hacia el parque, pero parece que no. Es lamentable", afirmó.
Se trata, por cierto, de un problema cultural que sólo se resolverá educando. Ya está comprobado que las campañas esporádicas de toma de conciencia no dan los resultados esperados. Tal vez, el mismo día de la celebración, patrullas municipales -con el apoyo de entidades ambientalistas- deberían recorrer las zonas donde se reúnen los tucumanos e invitarlos a limpiar el paseo una vez que se retiren, y verificar que así lo hagan. Mal ejemplo les dan los adultos a los chicos en su día si fomentan estas actitudes desaprensivas. Posiblemente, ellos no vivan en su casa en medio de la basura. La ciudad es un reflejo de quienes la habitan. Si no la cuidamos es porque no nos han enseñado a quererla.







