Humo blanco
Un amigo abogado le aconsejó, y Alperovich tomó una decisión más trascendental de lo que se imagina. Un diálogo que es sinónimo de monólogo. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.
La residencia de Olivos tucumana queda en Crisóstomo Alvarez al 4.000. En su propia casa, el gobernador suele tomar las decisiones trascendentales. Allí, más de una mañana llegó a atender, en piyamas y mate en mano, a algún funcionario. Este lunes se puso traje, y no tenía el ritmo acelerado de la mañana sino la paz de la siesta. La vestimenta reflejaba la importancia de la decisión que iba a tomar. Releyó por última vez el borrador y recibió a un amigo abogado. El intercambio no duró más de una hora, el tiempo suficiente para que se autoconvenza de que estaba dando un paso más trascendental de lo que él mismo se imaginaba.
Acababa de decidir que el Consejo Asesor de la Magistratura iba a estar integrado por el estamento de los abogados y que el Poder Ejecutivo no iba a tener representantes. El CAM va a tener seis integrantes: tres legisladores (dos por la mayoría y uno por la minoría), un vocal de la Corte, un representante del estamento judicial y uno de los abogados (alternando Capital y el sur, según donde haya que cubrir la vacante).
La decisión iba a permitir que se cumpla con la Constitución, que se acate el fallo que oportunamente hizo el camarista Rodolfo Novillo y que de una vez por todas el Poder Judicial pudiera cubrir los más de 30 lugares vacíos. Nada más y nada menos.
Pero también José Alperovich estaba inyectándose un fuerte antídoto contra su propio veneno. La crisis institucional en la que había quedado sumida la provincia se debía al capricho suyo de que los abogados eran una corporación que no debía sentarse en el CAM. Por eso, el lunes se vacunó contra su orgullo y dio marcha atrás.
Caminó por su casa preguntándose por qué le estaba dando poder a la Corte. ¿Por qué estaba entregando lo que él sentía como suyo y que fue incapaz de ceder durante casi tres años?
Se había acorralado solo. En realidad, su preocupación central es obtener la re-reelección, que prácticamente tiene en sus manos. Además, los comicios del 28 de junio le dejaron en claro que las instituciones merecen mayor respeto que el que le venía dando el matrimonio Kirchner y todos sus amigos y alumnos.
Este lunes que pasó es más importante de lo que el propio mandatario imagina.
La semilla germina
El martes por la mañana, en la Corte Suprema de Justicia tuvieron la confirmación de que por fin se veía humo blanco y de que podía destrabarse un conflicto que sólo le hizo daño a las instituciones tucumanas. La semilla que había germinado había sido cuidadosamente regada por los vocales de la Corte Alberto Brito y Antonio Estofán. El presidente del máximo Tribunal, Antonio Gandur, se agrandó cuando estuvo seguro de que germinaba lo que él ya conocía desde el viernes pasado.
La sorpresa mayor se la llevó el ministro de Gobierno. Edmundo Jiménez, quien nunca pudo convertirse en el interlocutor válido de la Justicia, empezó a comunicar la decisión el martes por la noche.
El miércoles fue un día de alivio, después de tantas jornadas de tensiones.
Gris contaminación
Este jueves puede quedar sellado definitivamente la nueva forma de designación de los magistrados tucumanos.
El proyecto de ley está en la Legislatura. Cuando el presidente subrogante de la Cámara, Sergio Mansilla, le llevó el trabajo a Alperovich aparecieron algunas cuestiones que no estaban en el espíritu original de la ley por nacer.
1) El consenso había estipulado que sería un magistrado (incluido el ministerio público) y no un camarista como estaba en el papel impreso.
2) Se detectó que un postulante a juez podía llegar a pasar todos las pruebas habiendo sacado sólo 15 puntos en el examen de oposición. Para subsanar esa debilidad se le exigiría un puntaje mínimo (entre 60 y 70) en la sumatoria de la evaluación de antecedentes (hasta 35 puntos) y en la prueba de oposición (hasta 55). Aquellos que superasen ese mínimo podrían llegar a la entrevista final; de lo contrario, quedarán en el camino.
3) La decisión de que el CAM eleve un listado de cinco candidatos y no una terna como se hace en casi todo el país fue subrayado por sectores ajenos a la Corte y al Poder Ejecutivo.
De estos tres puntos conflictivos, es posible que los dos primeros sean modificados. El tercero está dentro de los caprichos del gobernador que no serán movidos. De todos modos habrá que ver con qué cara el Poder Ejecutivo justifica que optó por el que salió quinto y no por el primero en el dictamen del CAM.
En la vereda de enfrente
En los próximos días, la Cámara promulgará la ley. La duda es quién es la oposición en Tucumán. En la Cámara hay muchos anotados para ocupar la casilla que le correspondería a la oposición en el CAM (el proyecto sólo habla de "minoría").
Lo cierto es que en estos últimos años, quienes más trabajaron para obtener ese lugar son el radical y senador electo José Cano y el multipartidario Esteban Jerez. De todos modos, los méritos que se pueden haber ganado en el ejercicio de la tarea legislativa, por lo general, no se cosechan en las decisiones colegiadas.
Octubre al rojo vivo
El piso más alto de los Tribunales todavía no decidió quién integrará el CAM. En la Corte tienen la idea fija en el 12 de octubre. Ninguno de los cinco vocales está muy preocupado en el desembarco de Colón con sus carabelas. Los vocales saben que ese día se sentarán en sus imponentes poltronas y elegirán el nuevo presidente de la Corte Suprema.
Octubre está muy lejos. Sin embargo, es una cuestión que inevitablemente da vueltas por la cabeza de los vocales. Los conocedores de estas intrigas palaciegas afirman que es muy temprano para elucubrar. No obstante, reconocen que ya escucharon que la única -y primera- toga con rimel no se negaría a sentarse en el sillón más alto.
El candidato de los cinco vocales sería Alberto Brito, pero su historia lo condena. Jamás quiso ser presidente y en los estertores de su carrera judicial tampoco estaría dispuesto. No le ha ido mal en su rol de eterno y silencioso consultor.
En el otro rincón se ubican René Goane, Antonio Estofán y el actual presidente Antonio Gandur. Seguramente a ninguno de ellos les disgustaría llegar a conducir el Máximo Tribunal. Uno del trío sabe que no será electo o, por lo menos, que no contaría con la unanimidad que suele declamarse en estos cuerpos colegiados.
La oportunidad
El ciudadano observa este proceso como esos boxeadores groggies que no pueden alzar los brazos. Se acostumbró a esperar el resultado de la pelea. Es que el tan declamado modelo aplicado en épocas de vacas gordas no sólo no logró revertir la pobreza sino que, además, ahondó la comodidad y la falta de participación.
Lentamente se van desfigurando valores. Esta semana, el diálogo ha sido víctima de este desgaste. La palabra ya no responde al significado que le confiere la Real Academia Española. De esto no es sólo responsable el Gobierno sino también los que se sientan a dialogar. El fracaso de estas instancias está muy cerca; y las soluciones, muy lejos. Diálogo se ha vuelto sinónimo de monólogo.
Ultimamente, se ha oído al ministro de Salud de la Nación, el tucumano Juan Manzur, iniciar sus alocuciones señalando: "como dijo la Presidenta"; y luego desarrolla sus conceptos. En realidad, debería ser la Presidenta la que afirme: "como dijo el ministro...". El discurso subvertido denuncia cómo la obediencia debida ha ido desgastando los roles de las instituciones y de los propios dirigentes que se encargan de administrarlas.
Tucumán está ante la oportunidad de dar un paso trascendental esta semana. Los antecedentes dicen que no podrá hacerlo. El desafío está abierto.







