El campo le recuerda al Gobierno que perdió las elecciones

En la apertura de la exposición rural se criticó con dureza al Ejecutivo. Llama la atención que algunos dirigentes del sector estén tan alineados con formas de mercado. Por Hugo E. Grimaldi - Columnista de DyN.

02 Agosto 2009

BUENOS AIRES.- Con sus problemas bien concretos, derivados del empobrecimiento de los ruralistas, de la caída de la producción y de la merma de las exportaciones, el campo se ha puesto de verdad a marcarle la cancha al kirchnerismo. Pese a que la puja es, tal como suele decirse, por plata, el fondo estricto de la cuestión es que los dirigentes del agro le han apuntado sin piedad al corazón del modelo productivo, discrecional y estatista que lleva adelante el Gobierno nacional, interpretando que su desmantelamiento es aquello que votaron siete de cada 10 ciudadanos, el 28 de junio, y que es lo mismo que están pidiendo quienes desde hace dos años y medio fugan dólares a mansalva.
El campo no es una mansa vaca lechera que se deja ordeñar para cubrir el costo de la ineficiencia y de las políticas equivocadas, dijo el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Hugo Luis Biolcati, cuando inauguró la 123º Exposición Rural de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional.
Frente a los productores y a la Mesa de Enlace en pleno y el dirigente agropecuario tildó, con mucha virulencia, la forma, pero también el fondo de todo aquello que no les gusta.
Ante tanta frontalidad, el crítico documento de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), conocido a principios de semana, ha quedado prácticamente como un manifiesto tardío de sugerencias para encauzar la situación del país al que, más vale tarde que nunca, se han adherido los popes de la Unión Industrial Argentina (UIA), los mismos que el año pasado dejaron sola de toda soledad a las cuatro entidades agropecuarias.
Si bien el concepto envolvente de la palabra diálogo pareció encauzar con ciertas esperanzas algún acercamiento entre las partes, tras la reunión del viernes en la Casa Rosada y el acto de inauguración de la muestra de La Rural, todo indica que será casi imposible transitar ese camino con algún grado de éxito sin profundizar un cambio de paradigma, ya que un maquillaje de ocasión a esta altura no parece suficiente para cerrar una brecha tan profunda.
La explicación del desacuerdo entre el Gobierno nacional y la Mesa de dirigentes que representan a los ruralistas ha quedado expuesta en dos cifras que se conocieron el viernes, aunque no se debe reparar tanto en la voluminosa diferencia numérica que hay entre ellas, sino en la vocación de todos los protagonistas por ser quienes detentan la propiedad de la pelota.
Por un lado, está el número que brindó el viernes la ministra de la Producción, Débora Giorgi, en una patética intervención en la que explicó cómo, gracias al Gobierno nacional, el campo ha ganado como nunca, ya que ha recibido beneficios de diferentes vertientes, durante el último año y medio: $ 21.700 millones, dijo sin ruborizarse. Por otro, el vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) Néstor Roulet recordó que en los últimos dos años el Tesoro se llevó en retenciones $ 71.000 millones. "Así, con nuestra plata es fácil", sintetizó. Lo que dicen los dirigentes del agro (Biolcati habló de U$S 30.000 millones y se preguntó ¿dónde están?) es que una vez más el Gobierno ha comparado peras con manzanas para justificar su vocación de aspirar fondos, para luego distribuirlos con propósitos clientelares. Lo que también señalan casi de modo unánime, es que si los dejan operar sin estar sujetos a normas burocráticas sujetas a discrecionalidades de todo tipo, ellos están dispuestos a subsidiar con sus ganancias extraordinarias todas las necesidades de la mesa de los argentinos, al tiempo que abogan para que los subsidios vayan directamente a los más necesitados.
Pero para llevar adelante este proceso, quieren producir a riesgo y exportar libremente y no negociar una baja de retenciones y luego que la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Onc- ca) les impida o les retacee la venta de trigo o carne a mercados del exterior. Llama la atención que los dirigentes del sector agropecuario, que representan diferentes vertientes de pensamiento, algunos bien a la izquierda como los de la Federación Agraria Argentina (FAA), estén actualmente tan alineados con formas de mercado que el kirchnerismo tilda despectivamente de neoliberales.
Por el lado del Gobierno nacional, es conocido su discurso de convertirse en el elemento equilibrador y la voz de los que no pueden expresarse, aunque, por otro lado, la experiencia muestra que la concentración de la caja es la manera que siempre ha encontrado para disciplinar a los sectores. Ahora se encuentra en el peor de los mundos, ya que no tiene plata y se le rebela la tropa, pero declinar esas banderas ante la presión del agro, significaría para el oficialismo admitir de una vez por todas la derrota y entregar las llaves de la Casa Rosada. Es lo que, en su afán de victimizarse, los ultras del kirchnerismo llaman proyecto destituyente.
Fue este grupo, que en la soledad de la Residencia de Olivos encabeza el ex presidente Néstor Kirchner, el que resolvió que la ministra Giorgi estuviese en la mesa con los ruralistas, junto al titular de la Oncca, Emilio Eyras, ya que a la funcionaria se la considera mucho más alineada con las posturas del polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que con las del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, el anfitrión. Desde ya que el secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Carlos Cheppi, fue, una vez más, marginado de las conversaciones y el ministro de Economía y Finanzas Públicas, Amado Boudou, fue requerido solamente para que refrende que los ruralistas no presentaron propuestas para compensar las pérdidas de recaudación que implicaría una reducción de las retenciones.
Lo que ha dejado por detrás este comentario de Boudou son dos cuestiones. En primer término, que el ministro ha oficializado la flacura de la cuentas públicas y segundo, que ya funciona a pleno la estrategia presidencial de pasarle la pelota al Congreso en materia fiscal, para que sea la oposición la que cargue con el peso de dar las malas noticias, si no se pueden bajar las retenciones a costa de otros sectores. Pese a esta chicana inclusive, los opositores están dispuestos a sostener al kirchnerismo y hay certeza de que se han producido discretas charlas entre radicales y peronistas, por ahora a nivel del Congreso, para darle al Gobierno herramientas legislativas que lo ayuden a transitar hasta 2011. En este aspecto, deberán considerarse también las necesidades perentorias de fondos que tienen muchas provincias aunque, dentro de lo partidario, no puede dejarse de lado que el peronismo quiere seguir siendo gobierno y hoy todo lo que huela a kirchnerismo suena a piantavotos para muchos, por lo cual los alineamientos, de aquí en más, habrá que ponerlos entre paréntesis. No obstante, el kirchnerismo es una caja de sorpresas y el maquillaje que se intentó hacer con los superpoderes, por ejemplo, ha sido para muchos legisladores de la oposición una mojada de oreja del Ejecutivo destinada a negociar otras leyes, ya que antes de fin de año deberá discutirse la prórroga de algunos impuestos y, este mes, la delegación de facultades, entre las cuáles está, como capítulo central, la fijación de retenciones a las exportaciones. La profundización de la acción en el Congreso será seguramente el camino que seguirá la Mesa de Enlace, tras la frustración que les produjo la reunión del viernes. Pese a las discordancias entre lo que se dijo en la Casa Rosada y lo que salió a justificar la ministra Giorgi luego, los dirigentes del agro se mostraron bien cautos, sin ánimo de dinamitar los puentes, sobre todo porque el lunes pasado habían cometido un grave error táctico, cuando dejaron la sensación de que ahora eran ellos quienes iban en busca de venganza y querían poner de rodillas al Gobierno, especialmente a Néstor Kirchner. Desbordados por una asamblea de lecheros, ese día se apartaron de la moderación y se les soltó la cadena a varios en sus discursos, con menciones al apellido Martínez de Hoz incluidas, que le dieron letra a los gurkhas del otro lado. Para no volver a caer en el mismo error, el viernes, después de la reunión con el Gobierno nacional, el propio Eduardo Buzzi les advirtió a los productores que no intervinieran, ya que se trataba de una conferencia de prensa y no de un acto propio, mientras que Hugo Biolcati se guardó sus dardos para la tribuna de inauguración de La Rural.
Terminar con la pobreza no incluye dádivas ni clientelismo político, sino el desarrollo, la creación del empleo y una mejor distribución de la riqueza. ¡Basta! a la pobreza, ¡basta! a la injusticia, ¡basta! a la exclusión", pegó el grito el dueño de casa, poniendo en negro sobre blanco el problema que más le duele al Gobierno nacional. El granero del mundo es víctima de la voracidad del Estado, subrayó. Lo que está claro es que, desde la tribuna o en cualquier conversación pública o privada que se mantenga con ellos, los ruralistas destilan desconfianza, algo que algunas voces a las que el Gobierno nacional les ha dado algo de aire están buscando recrear. En este aspecto, con más tropiezos que aciertos hasta ahora, el propio Boudou está intentando ordenar aspectos que hacen a la reconstitución de la certidumbre y hasta economistas de fuste, como Mario Blejer, se han ilusionado con un giro en la naturaleza del kirchnerismo, proponiendo una hoja de ruta que ayude a despejar el horizonte, en línea con la recuperación de la economía mundial, que incluya la normalización del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el acercamiento institucional (no de financiamiento) al Fondo Monetario Internacional (FMI) y el arreglo con los holdouts y con el Club de París.
Con este menú, el ala más progresista del Gobierno nacional siente que están recibiendo un abrazo de oso. Los más radicalizados siguen en la suya, confiando en que lo que ocurre en los márgenes del Gobierno nacional es una táctica para ganar tiempo, pero los más de centroizquierda están preocupados por el avance de posiciones que los emparientan con los 90. No les gustan Boudou, ni Blejer, ni todos los que contradicen el intervencionismo y el Estado empresario, en contra del espíritu que simboliza Guillermo Moreno. Como antes les pasó con Alberto Fernández y con Sergio Massa, ahora recelan de Aníbal Fernández.
Lo que ha vuelto a certificarse con el caso del campo es que, en su discurso, el Gobierno nacional sigue obsesionado con el parecer antes que con el ser y que busca siempre mostrar un costado de la realidad que lo deje bien parado, en relación a la opinión pública que le importa. Es indudable que aún no se han dado cuenta que sus interlocutores, los periodistas en primer lugar, y el grueso de la población ya están escaldados con el procedimiento y que cada cosa que se anuncia o se ejecuta siempre merece dobles lecturas, por aquel viejo cuento del pastorcito mentiroso.

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