02 Agosto 2009 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Entre la negativa de la administración Kirchner a bajar las retenciones y el persistente reclamo del campo, yace escondida la crisis fiscal. El meneado argumento de los superávit gemelos es una quimera. El desorden presupuestario y la parálisis económica son pruebas contundentes.
"Que me diga la Mesa de Enlace de dónde salen los recursos para reemplazar el ingreso de las retenciones", replicaba una y otra vez el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. El presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, recogió el guante y contrarrestó. El Estado, un predador insaciable, insensible ante productores arruinados, voracidad fiscal, provincias humilladas mendigando lo que producen, fueron algunos de los estiletes punzantes que lanzó Biolcati. Dijo lo que todos los hombres de negocio dicen en sordinas pero que todavía no se animan a vociferar.
El modelo basado en que el interior, y especialmente la Pampa Húmeda, que debe financiar las ineficiencias de la burocracia y el clientelismo del Gran Buenos Aires parece haber llegado a su fin. El presagio de un Bicentenario, festejado con asado, pan y leche importados abre un abismo entre el Gobierno y el campo, a pesar de que ambos sectores manifiesten un apetito dialoguista. Los últimos días han dejado en claro que en la Argentina se hablan distintos idiomas y la falta de consenso deja al Gobierno en la desolación, endeble frente a una crisis que lo desborda.
"Que me diga la Mesa de Enlace de dónde salen los recursos para reemplazar el ingreso de las retenciones", replicaba una y otra vez el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. El presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, recogió el guante y contrarrestó. El Estado, un predador insaciable, insensible ante productores arruinados, voracidad fiscal, provincias humilladas mendigando lo que producen, fueron algunos de los estiletes punzantes que lanzó Biolcati. Dijo lo que todos los hombres de negocio dicen en sordinas pero que todavía no se animan a vociferar.
El modelo basado en que el interior, y especialmente la Pampa Húmeda, que debe financiar las ineficiencias de la burocracia y el clientelismo del Gran Buenos Aires parece haber llegado a su fin. El presagio de un Bicentenario, festejado con asado, pan y leche importados abre un abismo entre el Gobierno y el campo, a pesar de que ambos sectores manifiesten un apetito dialoguista. Los últimos días han dejado en claro que en la Argentina se hablan distintos idiomas y la falta de consenso deja al Gobierno en la desolación, endeble frente a una crisis que lo desborda.







