Atado con alambre
La tragedia de la lavandería repite el drama del subdesarrollo, donde las normas siempre son deformadas. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
LA GACETA
Mientras la investigación judicial avanza a paso cansino, en la municipalidad hubo un conato de pelea ayer por la tragedia de la lavandería. La ex subdirectora de Defensa Civil, Silvia Díaz, se fue al cabo de tres fuertes disgustos: primero la desmintió su jefe, el secretario de Gobierno Walter Berarducci, luego la dejó muy mal parada el mismo intendente, Domingo Amaya, cuando dijo que él no le había pedido al renuncia sino que se fue avergonzada; y, por fin, cuando fue a buscar sus cosas a su oficina, descubrió que le habían cambiado las cerraduras y no podía recuperar ni su agenda.
Parece una comedia de enredos. Pero no tiene nada de comedia. Es una de las puntas de una tragedia en la que murieron cuatro personas y que por ahora no tiene responsables, como no sea el dueño de la lavandería, que afirma que él cumplió con todas las normas y que todo fue un accidente imprevisible.
De este tipo de percances imprevisibles está llena la historia de la comunidad. El más significativo en los últimos años ha sido el incendio en el boliche Cromagnon de Buenos Aires, que dejó un saldo de 194 muertos. Cromagnon le costó el cargo y gran parte de su carrera política al entonces jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, y ahora el dueño de la discoteca, Omar Chabán, y el grupo Callejeros, que actuó esa noche, esperan el fin del juicio por estrago doloso.
Este proceso resonó en todo el país por la cantidad de muertos y porque ocurrió en Buenos Aires. En Tucumán, en cambio, una terrible tragedia como el accidente del ómnibus que llevaba peregrinos a Catamarca, en la cuesta del Totoral (49 personas murieron), no tuvo impacto. Hubo procesos contra el dueño del ómnibus y contra el Gobierno provincial pero todo fue asordinado, muy distinto de Cromagnon.
Todos estos casos se enmarcan en problemas parecidos: leyes difusas, responsables que dicen que las cumplen y controles que no se cumplen.
Con respecto a la tragedia de la lavandería, una experta remarcó que la Ley 24.557 sobre riesgos del trabajo requiere reformas, porque exime de culpas a los empresarios y porque pone en manos de las Aseguradoras de Riesgos de Trabajo (privadas) las tareas de control y concientización. Y como las ART sólo controlan a quienes les pagan, quedan fuera del sistema los emprendimientos en negro. En Tucumán casi la mitad del trabajo es en negro. En la misma lavandería, según reconoció el dueño, al menos una de las empleadas estaba en negro.
La lavandería, Cromagnon o el ómnibus limonero que llevaba a las víctimas del Totoral no escapan a la realidad de los países subdesarrollados, en los que las leyes terminan desvirtuadas. Por eso en Tucumán se adaptó la Ley de Tránsito a la circulación de rastras cañeras y a la de los autos rurales. Y en las ciudades circulan taxis hechos pedazos, o carros de tracción a sangre empadronados por la Municipalidad. Entre otros cientos de adaptaciones del ideal a la realidad. ¿Está mal? Es difícil decirlo. Se ata con alambre cuando no hay plata para comprar el repuesto carísimo que exige la norma. Pero cuando llega la tragedia, protestamos porque no se cumplió con la norma.
En este asunto de la lavandería, el secretario de Trabajo excusó la responsabilidad de su área en que tiene poca gente para hacer controles; los concejales, por su parte, ni abrieron la boca.
Lo que resuena
La única persona que habló fue la ex subdirectora de Defensa Civil. Su voz estaba quebrada. Acaso por la vergüenza, como dijo el intendente, Quizás por la angustia que generan las tragedias. Los otros funcionarios no hablaron, esperando que Berarducci definiera qué debían decir. Tras la renuncia, algunos habrán respirado aliviados. Pero deben resonar aún las palabras de Díaz, que sentenció que siempre es preferible que a uno lo saquen a patadas, pero que no se muera nadie.







