22 Julio 2009 Seguir en 
"Entiendo el dolor de esas familias, porque alguien tiene que tener la culpa ante semejante desgracia. Por eso pongo la cara. Pero hay mucha gente que no tiene nada que ver con esto y está diciendo mentiras. Los muchachos que fallecieron eran amigos míos; los vi crecer a mi lado y lo que pasó me va a quedar grabado de por vida". René Auvieux no puede evitar que la voz se le quiebre mientras habla. El hombre es dueño de una lavandería de barrio Don Bosco, adonde dos operarios fallecieron el lunes como consecuencia del estallido de una plancha industrial. Aunque es duramente criticado por familiares de las víctimas y por vecinos del local, Auvieux afirmó que la tragedia era imprevisible. "Cinco minutos antes habíamos estado ante esas máquinas", dijo el hombre, en diálogo con LA GACETA, acompañado por su abogado, Adrián Flores.
- ¿Sabe usted por qué se produjo el siniestro?
- Técnicamente, no lo puedo entender. Es un cilindro que explotó; no sé nada más. Yo estaba en mi oficina, que está en la parte de adelante de la lavandería, conversando justamente con el especialista que hace el mantenimiento. Cuando sentí el reventón, pensé que era la caldera. Nunca imaginamos que esa plancha pudiera reventar.
- ¿Es una máquina peligrosa?
- Para nada. Solamente requiere un mantenimiento básico, de engrasado y esas cuestiones. Además, a la caldera la habíamos hecho revisar hace 10 días.
- Algunos empleados protestaron por el ritmo de trabajo...
- Se trabajaba mucho. Es cierto. Pero todo el mundo quería trabajar en mi lavadero. Estábamos todos muy orgullosos de la empresa que habíamos levantado. Hay gente que se jubiló conmigo. Incluso, Dora (Argañaraz, una de las heridas) no se quería jubilar para seguir con nosotros, pese a que podía hacerlo. Esa es la relación que teníamos con nuestros empleados.
- Hay funcionarios que dicen que su local fue clausurado en una ocasión...
- Jamás sucedió eso. Nunca lo clausuraron por ningún motivo. No tengo ningún acta que diga y los inspectores tenían las puertas abiertas para hacer revisiones.
- ¿Cómo sigue esto?
- No sé cómo expresarle a las familias lo que sucedió. Quisiera poder estar con ellos, pero entiendo que no soporten verme. Sólo quiero decirles que es una imagen que no me sacaré jamás en mi vida.
- ¿Sabe usted por qué se produjo el siniestro?
- Técnicamente, no lo puedo entender. Es un cilindro que explotó; no sé nada más. Yo estaba en mi oficina, que está en la parte de adelante de la lavandería, conversando justamente con el especialista que hace el mantenimiento. Cuando sentí el reventón, pensé que era la caldera. Nunca imaginamos que esa plancha pudiera reventar.
- ¿Es una máquina peligrosa?
- Para nada. Solamente requiere un mantenimiento básico, de engrasado y esas cuestiones. Además, a la caldera la habíamos hecho revisar hace 10 días.
- Algunos empleados protestaron por el ritmo de trabajo...
- Se trabajaba mucho. Es cierto. Pero todo el mundo quería trabajar en mi lavadero. Estábamos todos muy orgullosos de la empresa que habíamos levantado. Hay gente que se jubiló conmigo. Incluso, Dora (Argañaraz, una de las heridas) no se quería jubilar para seguir con nosotros, pese a que podía hacerlo. Esa es la relación que teníamos con nuestros empleados.
- Hay funcionarios que dicen que su local fue clausurado en una ocasión...
- Jamás sucedió eso. Nunca lo clausuraron por ningún motivo. No tengo ningún acta que diga y los inspectores tenían las puertas abiertas para hacer revisiones.
- ¿Cómo sigue esto?
- No sé cómo expresarle a las familias lo que sucedió. Quisiera poder estar con ellos, pero entiendo que no soporten verme. Sólo quiero decirles que es una imagen que no me sacaré jamás en mi vida.









