Discrepan sobre los permisos para la lavandería
Los funcionarios municipales no se ponen de acuerdo acerca de las autorizaciones para funcionar del local de Santiago del Estero al 1.400. El cilindro que estalló fue como una gigantesca cañita voladora, dijo un experto. Destrucción en locales contiguos al negocio. Imágenes exclusivas
La tragedia producida el lunes por la explosión de una plancha industrial en el interior de una lavandería de barrio Don Bosco encendió la luz de alarma en las distintas reparticiones municipales de la capital. Según el secretario de Gobierno, Walter Berarducci, el local estaba habilitado desde 2002, antes del inicio de la actual gestión. Sin embargo, otros funcionarios afirmaron que la situación de la firma era irregular. "El único antecedente que tenemos de esta lavandería es una resolución de solicitud de habilitación de 2008, que fue rechazada. No se le dio el alta en nuestra repartición", confirmó Silvia Díaz, directora de Defensa Civil. "Yo voy a llevar todos los documentos a la fiscalía cuando me citen a declarar", sostuvo, por su parte, René Auvieux, propietario del comercio.
Según el informe oficial, el siniestro se produjo cerca de las 19.50 del lunes. En la parte trasera de la lavandería -situada en Santiago del Estero al 1.400- una enorme plancha a vapor explotó repentinamente por causas que aún no fueron establecidas. "Ese artefacto se nutre de una caldera principal que hace vapor de agua. Es un cilindro gigante. Debido al estallido, la parte superior salió despedida hacia el este y se incrustó contra una pared. La inferior, que está unida a una base, voló prácticamente 20 metros, como si fuera una cañita voladora, hasta chocar contra un muro. En el trayecto, embistió a los dos empleados que fallecieron", dijo el comisario Raúl Lobo, jefe de Bomberos de la Policía. Los operarios, identificados como Javier Lizárraga, de 27 años, y Carlos Hansen, de 25, murieron en el acto, como consecuencia de las gravísimas lesiones que sufrieron. Policías, bomberos, vecinos y empleados del local colaboraron con el rescate de las víctimas. Lizárraga y Hansen fueron hallados luego de arduo esfuerzo entre los escombros.
Además, sufrieron quemaduras en varias partes de su cuerpo Dora Argañaraz, de 63 años, su hija Lucía Pérez, de 45, y Mariana Rasparí, quienes estaban trabajando en la zona de la plancha siniestrada. Las tres continúan internadas en el Centro de Salud, y su estado es delicado. En tanto, José Ricardo Contreras, de 27 años, y María del Valle Díaz Lobo, de 20, fueron dados de alta ayer, pues las lesiones que registraban no eran graves.
"Carlos era una excelente persona, alegre, llena de vida. No puedo creer lo que pasó... que se haya ido. Esto parece una pesadilla", dijo quebrada Ana, pareja de Hansen. Los familiares de la víctima estaban destrozados por la tragedia. "Según lo que comentaba Carlos, la lavandería era un lugar peligroso. El ya se había ido un par de veces de ese trabajo porque el dueño le prometía mejores sueldos pero después no tenía descanso. Entraba a las siete de la mañana y salía después de las 22", dijeron Estela y Jorge Hansen, tíos del operario.
Ayer, personal de Bomberos trabajó durante toda la mañana en el lugar de la tragedia, realizando pericias que luego serán remitidas al fiscal de feria, Guillermo Herrera. "Tengo que conocer primero el resultado de los informes. Cuando estén listos, sabré si Auvieux deberá declarar por accidente laboral o por homicidio culposo", indicó Herrera a LA GACETA. Además, se presentaron en el lugar funcionarios de Defensa Civil, de la Dirección de Producción y Saneamiento Ambiental (Dipsa), de Catastro y de la seccional 7a.
Paso previo
La autorización de Defensa Civil es el paso previo a la habilitación definitiva de cualquier local comercial, que es otorgada por Dipsa. "Esa lavandería no estaba autorizada por nuestra repartición", remarcó Díaz. Esta versión fue respaldada por Oscar Terrazas, funcionario de esa área. "En Defensa Civil había sido realizada la tramitación de la primera etapa del permiso, pero le faltaba el certificado final. Esta es una situación anormal, porque deberían haber tenido esta documentación para poder trabajar", dijo Terrazas.
Berarducci recordó que en julio de 2007 el Tribunal de Faltas dispuso la clausura del local, a partir de una causa iniciada porque la empresa no permitió la realización de inspecciones a la Dipsa. "La Municipalidad hizo los controles rutinarios y las actuaciones correspondientes de la empresa. Pero insisto, hay cuestiones que exceden la competencia y la responsabilidad de la Municipalidad, como el estado de las máquinas, por ejemplo. Hay que esperar para conocer cuáles son las causas de la explosión", afirmó el secretario de Gobierno.
Voces en el vecindario
Daños en una concesionaria.- Como consecuencia de la explosión, una pared que colindaba con una agencia de autos se derrumbó. "Era un muro de 12 metros de alto. Cayó sobre cuatro vehículos que estaban estacionados. Encima significa tener el negocio cerrado durante tres meses", dijo Martín Romagnoli, dueño de una agencia de autos usados ubicada en avenida Mitre al 400.
Ruidos molestos.- "Me harté de reclamar por el ruidaje que hacían las máquinas y nunca se hizo nada; en el verano no se podía dormir por el calor que venía de ahí", expresó indignada Nelly Rodríguez, una vecina de la lavandería. "Todos los vecinos sufríamos las consecuencias de esto. En mi caso, se me quemaron una heladera y un lavarropas", agregó Rodríguez.
Reclamo de un empleado.- "Había dos personas de mantenimiento que todos los días revisaban las máquinas. Pero para revisar todo a fondo había que tener todo parado uno o dos días, y eso no se podía hacer: acá se trabaja desde el alba hasta la noche", dijo un empleado de la lavandería que pidió la reserva de su nombre. El joven, de 19 años, dijo que su futuro laboral es incierto.










