"De alguna manera, todos somos víctimas de la sociedad"

Leonardo Goloboff presentará el sábado, en el Círculo de la Prensa, la obra "Coser para afuera, un oficio de alto riesgo". "Es un melodrama con rasgos de humor", comentó el dramaturgo.

EN PLENO ENSAYO. Juan Tríbulo, Mariana Ezcurra y Marisol Méndez son los protagonistas principales de la historia.
EN PLENO ENSAYO. Juan Tríbulo, Mariana Ezcurra y Marisol Méndez son los protagonistas principales de la historia.
16 Junio 2009
Un encuentro que deviene en desencuentro. Así define el dramaturgo y director Leonardo Goloboff a la obra "Coser para afuera, un oficio de alto riesgo", que se estrenará el sábado, a las 22, en la sala Ardiles Gray del Círculo de la Prensa (Mendoza 254).
La historia, que parece sacada de la vida real, cuenta las peripecias de un hombre que quiere deshacerse de su mujer y contrata un sicario. "En esta obra parece cumplirse aquello de que la realidad copia a la ficción, porque cuando yo la escribí no había ocurrido aquel terrible crimen de Rosana Galliano. En mi historia sucede algo parecido, aunque el final es distinto", dice Goloboff en tono enigmático.
En diálogo con LA?GACETA, el teatrista señaló que en la superficie, la obra cuenta un momento en la historia de alguien que intenta suprimir a su ex-mujer y encarga la tarea a un sicario. "Su trayectoria se cruza, por azar, con dos costureras de edad dispar que terminan mezclando sus vidas con la del presunto asesino. A partir de esta circunstancia, se ponen en acción los engranajes del sálvese quien pueda y el encuentro deviene en desencuentro", señala.

Otro ámbito
La obra fue pensada para un escenario pequeño e intimista. "Se trata de una obra de tono menor, un melodrama con rasgos de humor, de carácter intimista en lo formal, con un tratamiento casi naturalista y virtualmente minimalista. La idea pasa por meter al espectador en el taller de costura, que es el ámbito principal de la acción, para desplazar su condición de observador a cómplice y cuasi encubridor. Incluso a veces, uno de los personajes directamente interpela al público, prescindiendo de la llamada cuarta pared. Por eso preferimos una reducción de la cantidad de espectadores por función a expensas de una mayor cantidad de funciones y una más larga permanencia en cartelera", agrega Goloboff.
Respecto de lo conceptual, el dramaturgo señaló que la obra no solicita disculpas ni condena a ninguno de los personajes. "Yo no tomo partido en la historia. Afortunadamente, los amigos que ya la vieron durante algunos ensayos generales, se reparten simpatías para ambos bandos. Porque, en definitiva, tanto las víctimas como los victimarios, tienen sus propias razones para hacer lo que hacen. Además, de alguna manera, todos somos víctimas de nuestra sociedad. Como ocurre en nuestra realidad actual, el crimen no paga... ni mí me corresponde abogar porque así sea", declara. Y agrega: "a lo sumo, el juego de inmoralidades e hipocresías sobre las que está montado nuestro particular modo de vida,? nos sorprende a veces con alguna trampa que se burla y desbarata los proyectos y las fantasías de los transgresores que se salen de los códigos impuestos, pretendiendo cierta autonomía", manifestó.
Y, en este sentido, todo sigue su curso. "Los cimientos de nuestra sociedad, no se conmueven por nada. Y de eso se trata, justamente. Se puede robar, traficar, delinquir y hasta asesinar. Está todo permitido a condición de que no se atente contra las bases del sistema. Tal vez ya hayamos naturalizado "la banalización de lo perverso", para usar una expresión propia de Hannah Arendt", concluyó Goloboff.

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