María Elena Zelarayán no dudó y escondió a su nieto detrás de ella. “Por favor, no matés al bebé”, le imploró al asaltante que, amenazante, sujetaba un arma de fuego.
La escena ocurrió en un departamento de pleno centro, en calle Santiago del Estero al 500, adonde un delincuente entró el jueves a la noche y, luego de hacer vivir una pesadilla a una familia, escapó con dinero, joyas y dos teléfonos celulares.
A las 21.30 Paula María Fernández, de 21 años, salió de su casa hacia un almacén cercano. “Yo estaba cocinando y cuidando a mi nieto”, describió Zelarayán, madre de la joven. Al parecer, el ladrón vio que Paula entraba al edificio e ingresó detrás de ella.
“¿Adónde va?”, le preguntó la joven mientras abría la puerta. El ladrón respondió de forma audaz: “Al tercer piso”. Ya sabía lo que iba a hacer. Ella fue por el ascensor. El por la escalera. En el primer piso, donde vive la muchacha, se encontraron nuevamente cara a cara. “Este no es el tercer piso”, le dijo Paula. De inmediato, el asaltante sacó su arma y la obligó a entrar a su casa.
Insaciable
Allí, además de la madre y del hijo de la muchacha, estaban su padre, Juan Carlos Fernández, y su hermano, también llamado Juan. “Dame la plata”, decía el asaltante, apuntándolos con su arma. El dueño de casa sacó dinero y lo puso sobre la cama. “Eso es todo lo que tenemos; por favor, andate”, le dijo. Pero el ladrón insistió, mostrando su revólver: “dame más”.
Ese fue el momento de mayor tensión. “Es terrible lo que vivimos. Y todo sucedió en pleno centro. Fue una violencia tremenda, con el tipo que apuntaba a mi nieto”, Juan Fernández.
“Vio que no teníamos más dinero y empezó a pedir otras cosas. Preguntó por computadoras y joyas, y terminó llevándose dos celulares”, señaló Zelarayán. Antes de apropiarse de los teléfonos, el ladrón dio una orden llamativa: “sáquenle el chip”. Además, en determinado momento le preguntó al dueño de casa cómo iba Atlético Tucumán, que estaba jugando en esos momentos contra Unión de Santa Fe. Luego, cuando tuvo el botín, valuado por Zelarayán en unos $ 1.000, pidió las llaves del edificio para marcharse. “Vamos, nosotras te abrimos la puerta”, le dijeron Paula y su madre. El delincuente accedió. Cuando el hombre salió, comenzaron a gritar. El ladrón, que según la familia Fernández tenía unos 30 años, subió a un taxi y escapó. La denuncia fue radicada en Patrulla Urbana. “Acaban de recibir $ 30 millones para seguridad y nos roban a las 21 en pleno centro. Esto no puede ser”, se quejó Fernández, preocupado.







