24 Marzo 2009 Seguir en 
Unos 10 días antes de que los comandantes generales de las Fuerzas Armadas dieran el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y asumieran la conducción del Gobierno, en el país ya se respiraba un clima de incertidumbre. Eso se desprende de las noticias que publicaban los medios, entre ellos, LA GACETA.
Las huelgas de distintas entidades y organismos recrudecían en todo el territorio argentino: paros de docentes, de empresarios, de comerciantes, de almaceneros, de agricultores y ganaderos, fueron moneda corriente durante aquellos días. La inflación alcanzó extremos siderales y hubo que establecer precios máximos en las provincias. Algunos dirigentes políticos anunciaron que la crisis devoraría al Gobierno. Sus palabras tendrían una fuerza premonitoria. A modo de coro griego, resonaban en este escenario trágico, rumores sobre la inminencia de un golpe militar.
Las Fuerzas Armadas, a su vez, declararon una "guerra sin tregua" y "acérrima" al "enemigo ideológico" que -aseguraban- sólo buscaba "el caos". El 15 de marzo de 1976 una bomba estalló en la sede del Comando General del Ejército, que dejó un muerto y 29 heridos. Según una versión, el atentado habría estado dirigido contra Jorge Rafael Videla, comandante general del Ejército, quien debía llegar a ese lugar a la hora de la explosión, pero que, por un giro del destino, se demoró unos segundos en un embotellamiento de tránsito.
En todo el país, hubo pronunciamientos en apoyo a las Fuerzas Armadas. Uno de estos fue el de las 62 Organizaciones Peronistas, que envió telegramas a María Estela Martínez de Perón, a Videla y al comandante Antonio Domingo Bussi, en enérgico repudio al ataque. Días después, la Junta Militar prohibiría toda actividad que llegara a cumplir esta institución (así como la suspensión de todos los partidos políticos), como "medida necesaria para el adecuado desarrollo del proceso de recuperación del Estado en todos sus niveles y funciones".
En Tucumán, el entonces gobernador Amado Juri, inauguraba el dique Los Pizarro, habilitaba la red eléctrica en Puerta de Marapa, entregaba títulos de propiedad para comuneros de Amaicha del Valle e invitaba a la oposición a que viera "con sus propios ojos" -de esta manera la exhortaba- las obras que realizaba para el pueblo. Sin embargo, su autodeclarada vocación de servicio a la provincia, así como su anhelo de alcanzar la presidencia del peronismo tucumano, quedaron truncos cuando el general Bussi dio sus primeros pasos en el palacio gubernamental como interventor militar de la provincia.
Cuenta regresiva
El 22 de marzo se vivió una tensa jornada política, en la que circularon versiones de un cercano golpe militar. Hubo una reunión inesperada del gabinete nacional, presidido por la presidenta. Algunos legisladores fueron vistos mientras retiraban sus efectos personales y salían, presurosos, del Congreso.
El 23, el secretario general de Fotia, Atilio Santillán, fue asesinado, con un balazo en la cara por un grupo de desconocidos. Ese mismo día, la CGT defendió el proceso institucional y las 62 Organizaciones gremiales condenó la alternativa de un golpe de Estado, pero de nada servirían sus proclamas de alerta. La intervención militar ya había sido decidida con considerable tiempo de antelación. Sólo esperó concretarse al día siguiente.... LA GACETA ©
Las huelgas de distintas entidades y organismos recrudecían en todo el territorio argentino: paros de docentes, de empresarios, de comerciantes, de almaceneros, de agricultores y ganaderos, fueron moneda corriente durante aquellos días. La inflación alcanzó extremos siderales y hubo que establecer precios máximos en las provincias. Algunos dirigentes políticos anunciaron que la crisis devoraría al Gobierno. Sus palabras tendrían una fuerza premonitoria. A modo de coro griego, resonaban en este escenario trágico, rumores sobre la inminencia de un golpe militar.
Las Fuerzas Armadas, a su vez, declararon una "guerra sin tregua" y "acérrima" al "enemigo ideológico" que -aseguraban- sólo buscaba "el caos". El 15 de marzo de 1976 una bomba estalló en la sede del Comando General del Ejército, que dejó un muerto y 29 heridos. Según una versión, el atentado habría estado dirigido contra Jorge Rafael Videla, comandante general del Ejército, quien debía llegar a ese lugar a la hora de la explosión, pero que, por un giro del destino, se demoró unos segundos en un embotellamiento de tránsito.
En todo el país, hubo pronunciamientos en apoyo a las Fuerzas Armadas. Uno de estos fue el de las 62 Organizaciones Peronistas, que envió telegramas a María Estela Martínez de Perón, a Videla y al comandante Antonio Domingo Bussi, en enérgico repudio al ataque. Días después, la Junta Militar prohibiría toda actividad que llegara a cumplir esta institución (así como la suspensión de todos los partidos políticos), como "medida necesaria para el adecuado desarrollo del proceso de recuperación del Estado en todos sus niveles y funciones".
En Tucumán, el entonces gobernador Amado Juri, inauguraba el dique Los Pizarro, habilitaba la red eléctrica en Puerta de Marapa, entregaba títulos de propiedad para comuneros de Amaicha del Valle e invitaba a la oposición a que viera "con sus propios ojos" -de esta manera la exhortaba- las obras que realizaba para el pueblo. Sin embargo, su autodeclarada vocación de servicio a la provincia, así como su anhelo de alcanzar la presidencia del peronismo tucumano, quedaron truncos cuando el general Bussi dio sus primeros pasos en el palacio gubernamental como interventor militar de la provincia.
Cuenta regresiva
El 22 de marzo se vivió una tensa jornada política, en la que circularon versiones de un cercano golpe militar. Hubo una reunión inesperada del gabinete nacional, presidido por la presidenta. Algunos legisladores fueron vistos mientras retiraban sus efectos personales y salían, presurosos, del Congreso.
El 23, el secretario general de Fotia, Atilio Santillán, fue asesinado, con un balazo en la cara por un grupo de desconocidos. Ese mismo día, la CGT defendió el proceso institucional y las 62 Organizaciones gremiales condenó la alternativa de un golpe de Estado, pero de nada servirían sus proclamas de alerta. La intervención militar ya había sido decidida con considerable tiempo de antelación. Sólo esperó concretarse al día siguiente.... LA GACETA ©
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