El gasto es el motor de la recuperación

Por Hugo Ferullo - Doctor en Economía (UNT-UNSTA).

22 Marzo 2009
El gran crac económico colocó otra vez a la economía mundial, como en los años 30, frente a una doble tarea: recuperación de la actividad económica y reforma institucional (en particular en el mundo de las finanzas privadas). Como lo aclara muy bien John Maynard Keynes en una carta abierta que le escribió al presidente Franklin Roosvelt en momentos de aquella enorme crisis, para salir de esta situación se necesitan resultados muy rápidos de la primera de estas tareas, mientras que la segunda, siendo también urgente, tiene que privilegiar más la sabiduría de los propósitos de largos plazo que los logros inmediatos. Además, para complicar aún más las cosas, las reformas financieras necesarias pueden jugar en contra de la recuperación rápida si provocan más desconfianza en el mundo de los negocios y debilitan todavía más los motivos actuales para la acción emprendedora de las inversiones productivas.
Sabemos que la producción se recupera más rápido si la gente es inducida a gastar más y/o las empresas son inducidas a invertir más. Esto es justamente lo que no funciona en estos malos tiempos, donde el único consejo práctico seguro parece ser asignarle al Estado, a través de un mayor gasto productivo (financiado sin aumentar los impuestos) la tarea de servir de factor operativo de una rápida recuperación. Esto es lo que Estados Unidos y el grueso de los países están intentando hoy, además de buscar mantener una oferta de créditos abundante y barata, reduciendo en particular las tasas de interés de largo plazo.
En cuanto a la política cambiaria, el consejo de Keynes a Roosvelt es sencillo: anunciar el control por parte de la autoridad de un tipo de cambio alejado de toda fluctuación brusca provocada por movimientos especulativos, mediante la intervención pública activa y previsible en el mercado de divisas. Sólo si los gobiernos, lejos de despilfarros, ineficiencias y corrupción, se empeñan en cumplir con decisión esta tarea de impulsar un gasto público convertido en motor de la recuperación, podrá superarse de manera más o menos rápida el panorama recesivo actual; un paso para restablecer la confianza que necesitamos depositar en la sabiduría y en el poder de los gobiernos para emprender las reformas financieras de largo plazo que se necesitan. Frente a este panorama complicado, el salvajismo político argentino no hace más que tornar todo mucho más difícil.

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