“Me siento parte del taller porque siempre tuve esta vocación de ayudar. Poder construir algo con ellos y aportar mi pequeño grano de arena, esa es la meta”, dijo Pablo Beltran, que junto con Jorge Ruiz de Huidobro se sumó al proyecto Música Esperanza hace unos años.
Allí, en el corazón de La Bombilla, en los pasillos de la Escuela Técnica 5 (Chile al 3.400), se dictan los talleres. “No sólo hay acuchillados o delitos, sino que hay músicos. No quiero que La Bombilla se recuerde como un lugar malo; queremos sobresalir del lugar y crear buenas influencias. Quiero ser profesor de música cuando sea grande e invitar a los demás chicos del barrio a que se sumen”, dijo Emnauel Martín, que con apenas 13 años toca la flauta, la quena y el sikus con absoluta maestría.
“Estoy en el taller hace seis años. Me encanta tocar el sikus y quiero sacar adelante a los chicos discriminados”, dijo Jessica, una madre de 22 años que junto a su pequeña hija Rocío, de un año, asiste a los talleres. “Con la música se puede mejorar y progresar”, añadió.
Junto al rock
En diciembre de 2006, la banda Pelops tocó acompañada por 12 niños de los talleres de Música Esperanza e interpretaron “El día después” en un multitudinario festival por los derechos humanos.









