“Lo dejaron tirado, él no podía defenderse”, reflexionó un amigo

Moreno había llegado al barrio hace un año y los vecinos lo consideraban un buen hombre.

ESPERA. Los policías hacen guardia frente a la casa que habitan los acusados.  LA GACETA / HECTOR PERALTA
ESPERA. Los policías hacen guardia frente a la casa que habitan los acusados. LA GACETA / HECTOR PERALTA
11 Marzo 2009

Nadie podía creerlo. Los vecinos de barrio El Bosque estaban conmovidos con el crimen de Luis Moreno. No les parecía que pudiera ser cierto que la persona a la que veían desde hacia un año hubiera sido asesinada de cuatro puñaladas aparentemente para robar en su casa.
Moreno era inquilino de la casa desde abril de 2008. Según recordaron los vecinos, el hombre había trabajado hasta hace cinco años como empleado de una empresa dedicada al mantenimiento de edificios. Estaba jubilado y cobraba una pensión por invalidez a causa de una lesión que había sufrido tras un violento accidente de tránsito producido en Villa Carmela, el lugar donde había nacido. “Salía poco a la calle, porque no podía caminar por la herida en la pierna. Era un buen hombre, aunque muy reservado”, afirmó Mariela, una de las vecinas.

Indignación
Cerca del mediodía, los amigos de Moreno comenzaron a llegar a la casa donde se perpetró el crimen. Poco a poco se fueron enterando de los aberrantes detalles. Francisco Rodríguez y Miguel Angel Cáceres estuvieron en la vivienda hasta que la Policía finalizó con los trabajos y con la investigación. Los hombres fueron quienes encontraron el cadáver de Moreno y quienes participaron del operativo policial que se realizó dentro de la habitación donde dormía el hombre. “No lo podemos creer. Lo mataron y lo dejaron tirado. El no podía defenderse”, afirmó Rodríguez.
Moreno era padre de tres hijos y estaba separado de su esposa desde hacía años, según relataron sus amigos. A diario recibía la visita de sus conocidos y de quien dice ser el verdadero dueño de la propiedad, Osvaldo Montilla, con el que también había forjado una buena amistad. El hombre fue una de las últimas personas que lo vio con vida. “El viernes a la tarde estuve tomando mate con él. Yo le alquilaba la casa, pero además éramos amigos desde hace mucho tiempo”, dijo Montilla.
Cerca del mediodía uno de los hijos de Moreno llegó al lugar. “No quiero hablar. Estoy muy mal”, se disculpó el joven, ante la pregunta de los amigos y los testigos. El muchacho observó en silencio desde la vereda del frente cómo la Policía recolectaba las evidencias, y trasladaba el cadáver hacia la Morgue Judicial. “La noticia lo sorprendió. Nadie se imaginaba una cosa así”, lo justificó una amiga, que prefirió no dar a conocer su nombre.
Según los vecinos de barrio El Bosque, en la zona no se concretan a menudo robos ni asaltos de magnitud. Los habitantes de calle Lucas Córdoba al 700 dijeron que la Policía patrulla diariamente, y que los ilícitos que más se producen son los arrebatos, aunque tampoco es una situación preocupante. “Es la primera vez en años que veo esto. Nunca vi una cosa así”, dijo asombrada Cristina, de 22 años.
“Nos duele lo que le pasó a ese pobre hombre. Esperemos que nadie más sufra las consecuencias de gente que es capaz de hacer cualquier cosa para robar”, afirmó María Luisa, otra vecina.

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