- ¿Hola?
- Hola, ¿“Tato”?
- Sí, ¿quién habla?
- Soy Gerardo (Epelbaum). Necesito un favor tuyo. ¿Te acordás del chico ese que le presentaste a Christian (Aquines Wartski)? Necesito un contacto.
La transcripción de ese diálogo estaba en manos de quienes investigan la comercialización de éxtasis desde hace más de cuatro años. Pero ayer tomó una relevancia inesperada: un testigo complicó la situación de uno de los cinco acusados, Epelbaum, al vincularlo con el hombre que supuestamente conseguía las pastillas para dárselas a otro de los acusados, Pablo Silva. Con estos elementos, el fiscal Alfredo Terraf solicitó que se amplíe la imputación del sospechoso a la figura de organizador, entre otros delitos, y quedó en la misma situación que Ramón Diéguez (h), otro de los procesados. El tribunal suspendió la audiencia hasta el 25, para permitirle reunir pruebas a la defensa de Epelbaum. “Hacen esto porque no tienen nada. Ya no saben ni cuál es el hecho que se juzga”, dijo la abogada Carolina Epelbaum.
Durante la segunda jornada del debate, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal, compuesto por los jueces Alicia Noli, Carlos Ignacio Jiménez Montilla y Gabriel Casas, ordenó la lectura de las escuchas telefónicas realizadas por la Policía Federal a las líneas de los imputados. Los investigadores aseguran que Javier Frías estaba usando un celular a nombre de Epelbaum, aunque el muchacho lo negó, por lo que las escuchas serán sometidas a pericias de voz.
En varias de las conversaciones se escuchaban frases que aparentemente hacen alusión a estupefacientes. “Remeras blancas”, “remeras verdes”, “fasito” y “¿con qué se escribe en un pizarrón?” son algunas de las expresiones que los peritos captaron a mediados de 2004. Gracias estas escuchas los investigadores tomaron conocimiento de la transacción que habían acordado para el 12 de octubre de ese año Aquines Wartski y Silva. Ese día, según la Policía Federal, Epelbaum llamó a una aerolínea y preguntó a qué hora llegaba determinado vuelo. Con estos elementos, la Justicia Federal ordenó la detención de Aquines Warstski, quien fue interceptado en la zona de la terminal de ómnibus. En su automóvil tenía 158 pastillas de éxtasis. Los investigadores sospechan que esta operación era habitual, y que Diéguez (h) y Epelbaum facilitaban el tráfico de la droga en los boliches “Nocturno” y “Tjanaima”. Además, sospechan que Farías era quien se encargaba de la venta.
Declaración crucial
Elián David Calleja llegó ayer desde Buenos Aires. Había sido ofrecido como testigo por la defensa de Diéguez (h). “Soy dueño de una disquería de música electrónica”, dijo. Durante su declaración, contó que uno de sus empleados era un tal “Tato”. Este dato fue clave para Terraf. Según sus sospechas, este hombre es quien le entregaba las pastillas a Silva para que las envíe a Tucumán por encomienda.
El fiscal sostiene que Epelbaum era el garante de esta operación, y por eso amplió su imputación a transporte de estupefacientes, financiación y organización de esa actividad, y facilitamiento del lugar para que concurran personas a consumir drogas. Por este delito, el hombre puede ser condenado a más de 20 años de prisión. “Acá hubo un hecho concreto, que fue la supuesta compra de pastillas que realizó Aquines a Silva. Pero a mi defendido no se le imputa ningún hecho, porque no hizo nada indebido. Lo investigaron durante cinco años y no encontraron nada; no creo que puedan hacerlo ahora”, aseguró Carolina Epelbaum.










