Una médica falleció en un tremendo accidente

El automóvil de la mujer, que se dirigía a su trabajo, fue embestido de costado por otro vehículo en la esquina de Moreno y avenida Aconquija. El impacto fue impresionante y alertó a todos los vecinos. La víctima quedó atrapada entre los hierros. .

NO SIRVIO. El airbag de auto de Reales se abrió tras el golpe.
NO SIRVIO. El airbag de auto de Reales se abrió tras el golpe.
04 Febrero 2009

El estallido lo horrorizó. Apenas escuchó el ruido de los vidrios rotos, Antonio Peralta saltó de su silla y corrió hasta la esquina. Miró los dos autos destrozados y se agarró la cabeza. La escena era desgarradora: en uno de los vehículos, un Peugeot 206 gris, estaba María Cecilia Reales. La mujer había quedado aprisionada entre los hierros retorcidos y gritaba de dolor. Cinco metros más adelante había quedado el Ford Fiesta azul; adentro, dos adolescentes de 17 años con el rostro totalmente ensangrentado.
Los vidrios rotos cubrían el pavimento. “No me importó lastimarme. Igual me metí para salvar a la chica. Cuando llegué al auto estaba viva. Le tomé el pulso y le grité a un compañero que llamara a una ambulancia. Dos policías me ayudaron, y al rato llegaron los médicos”, dijo Peralta, quien trabaja en una estación de servicio. Pero nada se pudo hacer. La médica pediatra, de 39 años, murió minutos después del violento accidente. Los dos adolescentes, en tanto, fueron internados primero en el Hospital Centro de Salud y luego en un sanatorio céntrico. Uno de ellos fue dado de alta antes del mediodía.

Camino al hospital
A las 6.40 Reales había salido de su casa en el pasaje Brasil s/n, en Yerba Buena, rumbo al hospital de Niños, donde trabajaba. Tomó por calle Moreno y circuló seis cuadras hasta llegar a la avenida. Según algunos testigos, en la esquina frenó y miró hacia los costados antes de cruzar. Después aceleró. No llegó a avanzar dos metros. En ese momento fue arrollada por el auto en el que iban los adolescentes, que circulaba por la avenida en dirección hacia el cerro San Javier.
“El choque fue tan violento que el auto de los chicos arrastró al otro y lo hizo subir a la platabanda. El ruido de los vidrios rotos y de los neumáticos arrastrándose por el pavimento me puso los pelos de punta”, dijo Mirta Lucena, una testigo.
El automóvil de los jóvenes destrozó la puerta izquierda del auto de Reales. El airbag de los dos vehículos se activó, pero en el caso de la mujer no sirvió de nada.
“El auto la chocó justo en el lado donde ella estaba sentada. Había mucha sangre en el piso y restos del auto desparramados por todos lados. Los chicos también estaban muy golpeados. Salieron como pudieron del auto y se tiraron en el suelo. Después uno subió a la platabanda y ahí se quedó. Se agarraba el estómago y lloraba del dolor. El otro tenía la pierna lastimada y también se quejaba mucho”, recordó Peralta, aún conmovido por lo que había visto.
Media hora más tarde, Ariel Luzcubir subió a su motocicleta y salió hacia el Ministerio de Economía, donde trabaja. Luzcubir decidió realizar el mismo trayecto que su esposa. “Cuando llegué a la avenida me paró la Policía. Dos oficiales me dijeron que no podía seguir porque dos autos habían chocado. Presentí algo malo y di la vuelta a la manzana para ver lo que había pasado. Cuando salí por otra calle encontré el auto de mi esposa destrozado. Me desesperé. Fui corriendo y me tiré encima de los médicos. Rompí el volante porque no podía sacarla ni acercarme a ella”, recordó Luzcubir, con la voz entrecortada por el llanto. El hombre contó que cuando llegó su esposa ya había muerto. “No respiraba. Es posible que haya estado viva algunos segundos después del choque, pero imagino que no era consciente de lo que le pasó”, agregó el hombre.

Publicidad

“Imprudentes”
Luzcubir y Reales estaban casados desde hace 10 años y hace 10 meses habían decidido agrandar la familia. “Estoy desconsolado. Acabábamos de adoptar un nene. Mi familia se destruyó en un segundo por culpa de unos imprudentes”, se lamentó. El hombre se quejó porque la Policía le confirmó que del automóvil de los adolescentes secuestraron una botella de fernet, pero que no podrán determinar si estaban ebrios al momento del choque ya que se negaron a ser sometidos a un examen de alcoholemia. “Espero que la Justicia no deje las cosas tal como están. Por una imprudencia mi esposa murió”, se lamentó.

No había marcas de frenadas
Según la Policía, los adolescentes circulaban a gran velocidad por la avenida. “En el lugar no se encontraron marcas que indiquen que uno de los autos haya querido frenar, para evitar el choque”, dijo el comisario Ramón Orrillo, jefe de la comisaría de Yerba Buena. Los policías secuestraron una botella de fernet del interior del auto de los jóvenes.

Publicidad
Comentarios