El "truco" de la política
Las jugadas con vista a los comicios nacionales de octubre pasan por decir una cosa pero apuntar a otra, en una suerte de juego de mentiras verdaderas para ganarse el voto a costa de lo que sea. Por Juan Manuel Asis - Prosecretario de Redacción
El 25 de octubre seguramente algunos miles de argentinos van a decir con su voto que no quieren más kirchnerismo en el país. ¿Será en cantidad suficiente como para obligar a cambiar de estrategia al matrimonio presidencial y hacerlo desistir de su plan continuista de alternancia en el poder? Con la computadora en mano sumarán los sufragios de los eventuales socios políticos provinciales -deudores de favores económicos- para decir lo de siempre cuando el oficialismo termina imponiéndose en estos comicios a mitad de gestión: "se plebiscitó positivamente al Gobierno". Después de esa obligada afirmación se desnudarán las ambiciones y se harán las consabidas lecturas interesadas: "nos votaron, nos quieren, vamos a seguir". Es la línea de reflexión postelección común, no es nuevo. Antes de los comicios esa dirección argumental tiene el sentido inverso, únicamente para predeterminar las tácticas de acción política: seguiremos si conseguimos que nos quieran, y si logramos que nos quieran, eventualmente nos votarán.
¿Cómo harán los Kirchner para cambiar el humor social, para que los amen, para que se despierte una pasión irrefrenable por los pingüinos? Por un lado, van a ser prácticos; apostarán al aparato clientelar -siempre aceitado en el peronismo, o fácil de aceitar, según como se mire- y aprovecharán los recursos que permite el Estado para hacer política partidaria con los dineros públicos. Esclavización institucional que le llaman. Por otro, intentarán mejorar la imagen de la Presidenta. No tienen más remedio, están condenados a mostrar a una mujer distinta, más dulce y simpática. A no extrañarse si Cristina comienza hacer chistes. Sacarse fotos sonrientes con Fidel Castro no será suficiente para atraer unas cuantas simpatías internas.
Aunque el verdadero problema de Cristina es Néstor, su marido; el esposo-mochila, el presidente en las sombras. Para los cerebros del kirchnerismo el reto político central pasará por desentrañar cómo expondrán al dúo dinámico en los próximos meses a fin de seducir al electorado nacional, para impedir que se fuguen votos. Otro será será anudar acuerdos electorales hasta con socios impensados -como con Aldo Rico, ubicado en las antípodas ideológicas de los Kirchner pero, bueno, todo sea por el poder- para garantizar un triunfo en la sumatoria general que les permita deslizar aquella reflexión poscomicial. Ahora bien, hay un elemento que no se puede dejar pasar por alto en este proceso: si los gobernadores "K" y los mandatarios peronistas que se mostraron fieles hasta en la crisis tienen olfato, deben estar intuyendo que la debilidad de los Kirchner implica una gran oportunidad para exprimirlos en función de necesidades y ambiciones personales mutuas. El matrimonio patagónico se juega mucho en octubre y perder será lo mismo que morir dos años antes de terminar el mandato. Para Elisa Carrió, como para el resto de los posibles presidenciables, será mejor asestarles este año una herida mortal a los Kirchner antes que tener que enfrentarlos fortalecidos en 2011. Así, por un lado, está en marcha el operativo político para destruir en las urnas a los Kirchner y, por el otro, camina el operativo "les saquemos el jugo (o sequemos sus bolsillos, como sea)". El kirchnerismo deberá demostrar una gran capacidad de maniobra para contrarrestar ambos tironeos y no salir deshilachado.
Uno de los que está en condición de sacar ventajas de este trance maquiavélico de la política es el propio gobernador, José Alperovich, quien habría recibido la venia para practicar su propio juego en Tucumán, con tal de que los votos que consiga aporten a los Kirchner. En otras palabras, el ahora mimado mandatario tiene autorización para aplicar la estrategia que desee para los comicios de octubre. En ese aspecto, los hechos le indicaron, como a muchos de sus pares, que lo mejor es provincializar la elección porque la gestión kirchnerista no es como para salir a hacer bandera; sería lo mismo que inmolarse para beneficio ajeno. Por eso octubre vendrá con premios y castigos; catapultará a algunos y hundirá a otros, sin miramientos. Alperovich eligió jugar al "truco" -un entretenimiento típicamente criollo, y de mentirosos- y mostró dos de sus tres cartas para participar en la elección: 1)- reforma constitucional para solucionar la crisis de las vacantes judiciales -en realidad para establecer la reelección-; 2)- plebiscito de gestión, pero provincial, no nacional, cuando se eligen diputados y senadores para que discutan la política nacional. ¿Cuál será el tercer naipe? De buenas a primeras, este juego sirve para exponer mentiras verdaderas. Lo claro es que Alperovich blanqueó, aunque a medias, sus intenciones: irá por la reforma y expondrá su gestión. Pedirá el voto para que ratifiquen sus metas políticas y su tarea de Gobierno, de lo que resultará aquella primera reflexión cuando se cuenten los sufragios, si es que gana, como -hasta ahora- se prevé: me votaron, me quieren; voy a seguir. Pero, como para todo jugador de "truco", la habilidad estará en saber disfrazar las mentiras y ocultar las verdades, en decir una cosa y buscar otra. Aunque a esta altura de la partida, ¿para qué decir que se solucionará el tema de la Justicia con la reforma si está claro -a partir de sus propias palabras- que quiere asegurarse la reelección?, ¿para qué decir que quiere provincializar la elección si está claro que no quiere defender la gestión de los Kirchner? La respuesta sólo puede ser una: está sondeando por dónde tiene que ir, cuál es la estrategia por profundizar. En el caso de decidir una campaña por la reelección le restará una bandera a la oposición, ya que no se lo podrá cuestionar por no decir lo que realmente quiere. Reelección para seguir con la gestión que, a criterio del alperovichismo, es lo mejor que le pasó a la provincia en los últimos 50 años. Hay que ver si la gente se lo cree. Hasta ahora, en las dos últimas elecciones el resultado dice que la convenció. A la oposición le quedará hablar de hegemonía, autoritarismo, poder absoluto -como valores negativos para la República- y del peligro que significa el continuismo para las instituciones de la democracia. Lamentablemente, en ese caso, la ciudadanía también tendrá que creer en los jugadores que "canten" estas jugadas, aunque no tengan esos naipes en la mano. ¿Cual es la tercera carta en ambos lados? Hoy por hoy, la oposición parece ubicada en la silla del débil. El principal inconveniente para los contrincantes del oficialismo es que no hay un jugador en quien confiar toda la partida; hay varios exponentes potenciales que disputan ese sillón. Por lo tanto, el discurso no es el mismo, las intenciones no son similares y las cartas son distintas. Podrán señalar que en octubre no se vota por la reelección, que no se aprueba otra reforma, que no se plebiscita a Alperovich y que se está emitiendo una opinión sobre la gestión kirchnerista; pero estará en el elector saber quién lo está engañando -o diciendo la verdad- porque hoy, al parecer, política y "truco" van de la mano.







