Pisó en falso y se puso en juego a sí mismo

Con la intención de volver a modificar la Carta Magna, el gobernador arriesga su capital político, pero también pone en juego las instituciones de los tucumanos. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

24 Enero 2009

El alperovichismo desafina. Ha comenzado 2009 completamente desacomodado. Durante los primeros 15 días del año, las presuntas bondades de su democracia pavimentadora se estrellaron contra el pavimento.
La Costanera dejó expuesto, a pocos minutos de la Casa de Gobierno, el purgatorio en el que viven los que habitan sectores abandonados por el Estado. Luego, el peronista Hugo Balceda reveló el infierno que se incuba en los sectores donde sí actúan los poderes políticos: denunció que el oficialismo, al que acaba de abandonar, trabaja por la intervención federal al Poder Judicial.
El Gobierno, lejos de tener la sartén de la agenda pública tomada por el mango, se estaba cocinando en el fuego vivo de sus fracasadas políticas de gestión social, sanitaria y de seguridad.
Entonces, el gobernador salió a hacer lo que más sabe: redoblar apuestas. Y dijo que -tal como hace meses se viene advirtiendo- quiere una segunda reelección consecutiva para un tercer mandado ininterrumpido.
Con ello, reivindicó que es un egresado, con honores, de la escuela mirandista. Su antecesor en el cargo promovió la reforma de la Constitución, a principios de 2002, cuando media provincia estaba bajo el agua. El actual mandatario, ahora que la pobreza y sus miserias ahogan medio Tucumán ("ciudad del paco" incluida), también quiere cambiar la Carta Magna. La verdad, la gente le debe pedir a gritos la enmienda?
Eso sí, el Poder Ejecutivo consiguió, por un momento, cambiar el tema de la conversación política. Pero, a cambio, pisó en falso. Hasta aquí, el alperovichismo había venido apostando sobre seguro. Y cuando le tocó perder, no lo pagó muy caro. Ya sea con el megacasino para Cristóbal López y la sala de convenciones jamás vistos, con el sueño trunco de nombrar jueces a dedo, con la frenada venta del patrimonio histórico, con la abortada destitución del vocal decano de la corte, René Mario Goane, o con la malograda designación de Francisco Sassi Colombres como juez supremo, el oficialismo protagonizó resonantes papelones. Nada menos. Pero nada más. Ahora, eso cambió. Porque José Alperovich acaba de ponerse en juego a sí mismo.

A 39 semanas del Día D
El lunes, el gobernador mostró las cartas. Dijo que quiere seguir en su cargo, cuanto menos, hasta 2015. El artículo 159 de la Ley Fundamental, tras la reforma aprobada el día 6, del mes, del año 6, permite que él gobierne durante 12 años seguidos. El problema, como está planteado en la causa que hace un año interpuso el ex titular de la convención radical, Ariel García, es que esa prerrogativa le está reservada a él y a nadie más. Ningún otro gobernador podrá durar más de ocho años en el cargo. No hay a la vista mejor ejemplo de desigualdad manifiesta ante la ley que esa cláusula transitoria.
Así que si gana las elecciones de convencionales constituyentes, el mandatario irá por todo. Pero si pierde, se quedará con nada. Quien hizo patente ese punto débil fue el ex compañero de fórmula de Alperovich: Fernando Juri. El ex vicegobernador, de hecho, advirtió que el mandatario había echado una doble cortina de humo: no sólo dejó de hablar de la quemante situación social sino también de la incómoda elección de octubre.
Precisamente, para que Alperovich pueda soñar con la reforma que le habilitará la recontra-reelección, debe ganar holgadamente los comicios que se realizan en 39 semanas. Esos en los cuales el oficialismo debe pedir el voto para llevarle diputados y senadores al matrimonio Kirchner, nunca bien ponderado.

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Sin 2009, no hay 2010
Desde el año pasado, si algo no convencía del todo a los alperovichistas respecto de convocar comicios reformistas después de octubre era, justamente, que la elección nacional los ata de manos. Finalmente, decidieron que era mejor eso que unificar las parlamentarias con las constituyentes, porque esa instancia daba a los opositores la oportunidad de unirse: iban a tener más cargos para repartirse y, más aún, iban a tener un discurso. Concretamente, el de que no estaban en juego bancas del Congreso sino la Constitución y las instituciones.
El plan era sencillo: poner toda la carne en el asador para octubre y, ante un resultado favorable, anunciar la reforma para febrero. La oposición, razonaban, no tendría tiempo de alistarse (ni de capitalizarse) en dos meses.
Pero ahora, la historia es otra. El discurso opositor será (de hecho, ya lo es hoy) que el Gobierno disputa la reforma de la Constitución, en los hechos, el 25 de octubre. Si ese día no gana, no habrá enmienda constitucional en 2010. Ni recontra-reelección en 2011. Y no hay dos meses de plazo para prepararse, sino nueve.
Pero el alperovichismo tiene un as en la manga: siempre cuenta con la eterna cobardía opositora.

Trabajo de parto
A la oposición le espera un parto. Puede alumbrar un frente sólido o puede parir otro adefesio, con decenas de brazos y ninguna cabeza. Si algo necesita la Casa de Gobierno es la desunión de quienes lo enfrentan. Si pudiera, tal vez hasta pagaría por ver eso.
Conseguir la unidad opositora sería casi milagroso. Las reuniones multisectoriales que hubo a fines de 2008 mostraron la huerta de rencillas que está sembrada entre quienes enfrentan al oficialismo. A Esteban Jerez no le caería simpática la idea de integrar un espacio en el que esté José Ricardo Falú, con quien se distanció en 2003. A Falú, el primero que se acercó a decir que se sumaba sin pedir candidaturas, no le caería simpática la idea de sumarse a un grupo en el que esté Julio Díaz Lozano, con quien tiene diferencias desde los tiempos del orteguismo. A Díaz Lozano, que cerró con aplausos tras su intervención en el PAMI de Salta, no le caería simpática la idea de conformar un grupo con Rubén Chebaia, tras la "querella por la intendencia" de 2003. Y a Chebaia, que viene del radicalismo, no le caería simpática la idea de que se decidan candidaturas sin intervenir en la decisión. Lo cual desemboca en la interna de la UCR.
José Cano probablemente concrete en febrero el anuncio (postergado desde hace un mes) de su precandidatura a senador nacional por el centenario partido. Partido en el cual hay sectores que opinan que el candidato a la Cámara Alta debería ser José Ignacio García Hamilton, con Cano como postulante a diputado.
En el Movimiento Productivo Argentino (MPA) también quieren ver a Cano pelear por la Cámara Baja. El inquieto "Cacho" Sangenis es uno de los que fogonea la idea de que el radical integre un frente con Juri, que aspira a ser senador. Algunos radicales audaces no desalientan la idea, pero con roles invertidos: Cano senador, Juri diputado. Las puertas no están cerradas. Por el contrario, a fines de diciembre, una jornada de pesca reunió al compañero y al correligionario. Pero cualquier acuerdo es aún lejano.
Sobre todo, porque la UCR expulsó a García y al legislador Roberto Palina (enemistados hace un año), acusándolos -entre otros cargos políticos- de querer llevar al radicalismo a un acuerdo con Juri, para los comicios de 2007. Por cierto, Palina, hoy en el bloque Tucumán Crece, se fue de vacaciones hace 10 días, con unas ganas estupendas de que el sector que integra con Ramón Graneros y Jorge Mendía presente candidatos en octubre. En especial, tras una amena charla que tuvo con el gobernador a principios de mes.

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Lecciones y divisiones
A la par, Gumersindo Parajón manifestó que Pueblo Unido no quiere estar unido con nadie. Fuerza Republicana está lejos incluso de la unidad interna, luego de que Luis Bussi, dijese que le parece que están dadas las condiciones para una nueva reforma. Su hermano, Ricardo, le contestó que se ganará la expulsión.
Mientras tanto, desde el conflicto entre la Nación y el campo, en FR brilla con luz propia la senadora Delia Pinchetti, a quien no pocos opositores quisieran seducir políticamente. Su aparición en la inauguración de la filial tucumana del MPA, el mes pasado, causó sensación en el jurismo.
El laborista Osvaldo Cirnigliaro, en tanto, sigue sacando de quicio a los legisladores oficialistas, pero hasta el momento no participó de los encuentros multisectoriales con otras fuerzas.
Finalmente, Balceda sacó personería política y jaqueó al alperovichismo. Pero el oficialismo le devolvió las gentilezas: en Buenos Aires, el disidente no halló apoyo de su referente nacional. Emilio Pérsico, líder del Movimiento Evita, le pidió que se encolumne con el Gobierno provincial.
La lección es que hacer kirchnerismo sin Alperovich, en Tucumán, es una fantasía. Tarde o temprano, la opción es una: o desilusionarse y encarar la ruptura, o ser funcional al oficialismo. Los opositores, tan desesperados por conseguir una pata peronista, también deberían notificarse.

La sordera selectiva
Frente a una oposición que no sabe lo que quiere (porque si quisiera poder, no se comportaría como lo hace), el alperovichismo, se arroga la facultad de conocer, incluso, qué es lo que el pueblo quiere. Y el pueblo, sostienen, quiere que el gobernador siga siendo gobernador por cuatro años más (de mínima). A tal punto, que hay que permitirle que exprese ese "querer" en las urnas.
Es curiosa la selectividad de la audición gubernamental. Nunca oyeron en Casa de Gobierno, por ejemplo, que la sociedad no quiere la insoportable presión que soporta. Ni escucharon que los aumentos de la tarifa de la luz (repudiados a los alaridos por los usuarios en cuanta audiencia pública hubo) indignan a los consumidores. Esas cuestiones, qué curioso, no son sometidas al voto mediante consultas populares.
La repulsa general por el encarecimiento del servicio de electricidad amenaza con recrudecer. Pero más allá del descontento, el hecho en sí es una alarma que denuncia la inacción oficial. Si el aumento consiste en que quien más consume, más paga, lo que está haciendo el Gobierno es permitir que se desaliente el consumo en medio de la recesión. Con eso quieren compensar la deficitaria inversión en el servicio eléctrico.
La única respuesta desde la siempre bien refrigerada gobernación provincial es que los tucumanos deben cuidar la energía. O sea, hay que comprar las heladeras del plan anticrisis kirchnerista, pero no hay que enchufarlas.
Desde la lógica del absurdo, es perfectamente lícito que este Gobierno declare la necesidad de reformar el año que viene la Constitución que él mismo reformó dos años atrás. Para el caso, el Tucumán que auspicia el alperovichismo será la ciudad mejor iluminada del país, con las casas más oscuras de la Argentina.

Doble o nada
El costado perverso de la jugada del Gobierno consiste en que está arriesgando algo que no es suyo. Porque no sólo está apostando su capital político, sino también la Constitución de los tucumanos. Está jugando con las instituciones de la provincia.
Reformar la Carta Magna es una necesidad estrictamente alperovichista y absolutamente ajena a los tucumanos. Porque no se requiere de una modificación para poder designar jueces y cubrir vacantes en los tribunales.
En el fallo del 8 de setiembre, la Corte Suprema tucumana no declaró inconstitucional ni nulo el sistema de selección de jueces ni tampoco el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM). Hizo eso solamente con la posibilidad de que el CAM fuera organizado mediante decreto del Ejecutivo.
Es decir, sigue siendo exigible constitucionalmente que los jueces (sin distinciones entre titulares o interinos) surjan de un proceso de selección (que incluya selección, o sea, concursos). Y la Legislatura bien podría integrar por ley el CAM, ya que él y el sistema de selección y quedaron en pie, aunque el Gobierno diga lo contrario. Lo que fue echado por tierra fueron las ganas de la gobernación de copar el Poder Judicial con jueces amigos.
Tampoco necesitan los tucumanos de las inconstitucionales enmiendas legislativas, que denigran la Carta Magna al rango de ley que demanda mayorías especiales para ser rectificada por los mismos legisladores que avalan resoluciones y decretos.
Lo que los ciudadanos requieren es que sus gobernantes cumplan la Constitución. Eso incluye que el mandatario se someta a lo que la Justicia, último intérprete de la Ley Fundamental, diga sobre su recontra-reelección.
Una parábola norteamericana cuenta que, cuando concluía su segunda presidencia, George Washington tuvo una lúcida indignación. Harto de que le dijeran que la Constitución era imperfecta, aceptó que así era. Y hasta podría decirse que dio gracias por ello. Porque advirtió que la perfección de la Carta Magna se adquiere con el hábito de su cumplimiento. Su puesta en práctica, la costumbre de acatarla, la jurisprudencia, se encargarían de limar las impurezas.
No hay mayor síntoma de degradación institucional para la provincia que el hecho de que la historia del imperio represente una lección sobre el deber ser para las autoridades subtropicales.
En la apuesta por la república, el alperovichismo ni siquiera se puede sentar a la mesa.

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