24 Enero 2009 Seguir en 
Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás; conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás. Estas son definiciones que brinda el Diccionario de la Real Academia Española sobre la palabra identidad. Se suele decir que una cultura se define a sí misma en relación o en oposición con otras. A veces, la identidad propia es para algunas comunidades motivo de vergüenza y está relacionada con el desconocimiento de sus raíces.
A diferencia de otras provincias o ciudades, que tienen un perfil definido y que es explotado además turísticamente, Tucumán cada vez tiene menos identidad cultural y arquitectónica. Hace más de una década, los diversos gobernantes tucumanos vienen apostando a Tafí del Valle, prácticamente como la única joya provincial que merece ser conocida por todo viajero que circule por esta tierra. Durante estos lustros, la otrora tranquilla villa se convirtió en un populoso enjambre de casas. Se construyeron viviendas en diversas partes del valle, sin respetar ningún estilo arquitectónico que pudiese proporcionarles una identidad ni ordenamiento urbanístico. Si bien se han construido hoteles, hospedajes y se ofrecen excursiones y variadas actividades recreativas para el visitante, no se han desarrollado otros aspectos que podrían darle una mayor importancia que sus quesos y su paisaje. Toda una historia precolombina de pueblos que poblaron el valle permanece oculta e ignorada por los mismos tucumanos.
El turista extranjero viene al norte del país buscando, por lo general, lo que en su lugar de origen no tiene. Parajes bellos como Tafí seguramente se pueden encontrar en otras partes del planeta; se distinguiría del resto si ofreciera algo diferente. A pocos kilómetros de Amaicha del Valle, se ubican las ruinas de Quilmes, que sí tienen que ver con ese pasado americano del cual los argentinos hemos renegado sistemáticamente. El lugar se encuentra actualmente en conflicto -da la impresión de que se extenderá por un tiempo incalculable-, mientras tanto, el sitio arqueológico se halla prácticamente abandonado.
Afortunadamente y en contrapartida con estos dos ejemplos, el fin de semana pasado se habilitó en El Pichao un circuito arqueológico en el que se podrá recorrer parte de la cultura precolombina que aún se conserva. El bello paraje se encuentra a apenas ocho kilómetros de Colalao del Valle y a unos 204 de San Miguel de Tucumán. El poblado posee uno de los más importantes testimonios arqueológicos de la cultura diaguita, que se desarrolló mucho antes de la llegada de los españoles, en el año 1.000 a.C. De manera que quien vaya a Colalao puede combinar la degustación del rico vino, que se produce desde hace poco tiempo, con el pasado precolombino.
Da la impresión de que nuestra clase dirigente pocas veces asocia la industria sin chimeneas con la cultura, con la historia. Tal vez ello se deba a que no las conocen y creen que un lugar lindo es suficiente para atraer a la gente. Cuando se viaja, por ejemplo, a Europa, uno termina impregnándose de monumentos y de arte de distintos siglos; admira no sólo los sitios bonitos sino la historia que hay por detrás de ellos; en definitiva, se aprende placenteramente.
En la provincia, tenemos otros sitios arqueológicos casi desconocidos por la mayoría de los tucumanos y lugares con historia más reciente, como Ibatín, donde se fundó Tucumán, en los cuales no hay servicios ni museos ni hospedajes. En la medida que conozcamos, protejamos y difundamos la identidad, dejaremos de ser sólo la Casa Histórica y nos sentiremos orgullosos de nuestra cultura.
A diferencia de otras provincias o ciudades, que tienen un perfil definido y que es explotado además turísticamente, Tucumán cada vez tiene menos identidad cultural y arquitectónica. Hace más de una década, los diversos gobernantes tucumanos vienen apostando a Tafí del Valle, prácticamente como la única joya provincial que merece ser conocida por todo viajero que circule por esta tierra. Durante estos lustros, la otrora tranquilla villa se convirtió en un populoso enjambre de casas. Se construyeron viviendas en diversas partes del valle, sin respetar ningún estilo arquitectónico que pudiese proporcionarles una identidad ni ordenamiento urbanístico. Si bien se han construido hoteles, hospedajes y se ofrecen excursiones y variadas actividades recreativas para el visitante, no se han desarrollado otros aspectos que podrían darle una mayor importancia que sus quesos y su paisaje. Toda una historia precolombina de pueblos que poblaron el valle permanece oculta e ignorada por los mismos tucumanos.
El turista extranjero viene al norte del país buscando, por lo general, lo que en su lugar de origen no tiene. Parajes bellos como Tafí seguramente se pueden encontrar en otras partes del planeta; se distinguiría del resto si ofreciera algo diferente. A pocos kilómetros de Amaicha del Valle, se ubican las ruinas de Quilmes, que sí tienen que ver con ese pasado americano del cual los argentinos hemos renegado sistemáticamente. El lugar se encuentra actualmente en conflicto -da la impresión de que se extenderá por un tiempo incalculable-, mientras tanto, el sitio arqueológico se halla prácticamente abandonado.
Afortunadamente y en contrapartida con estos dos ejemplos, el fin de semana pasado se habilitó en El Pichao un circuito arqueológico en el que se podrá recorrer parte de la cultura precolombina que aún se conserva. El bello paraje se encuentra a apenas ocho kilómetros de Colalao del Valle y a unos 204 de San Miguel de Tucumán. El poblado posee uno de los más importantes testimonios arqueológicos de la cultura diaguita, que se desarrolló mucho antes de la llegada de los españoles, en el año 1.000 a.C. De manera que quien vaya a Colalao puede combinar la degustación del rico vino, que se produce desde hace poco tiempo, con el pasado precolombino.
Da la impresión de que nuestra clase dirigente pocas veces asocia la industria sin chimeneas con la cultura, con la historia. Tal vez ello se deba a que no las conocen y creen que un lugar lindo es suficiente para atraer a la gente. Cuando se viaja, por ejemplo, a Europa, uno termina impregnándose de monumentos y de arte de distintos siglos; admira no sólo los sitios bonitos sino la historia que hay por detrás de ellos; en definitiva, se aprende placenteramente.
En la provincia, tenemos otros sitios arqueológicos casi desconocidos por la mayoría de los tucumanos y lugares con historia más reciente, como Ibatín, donde se fundó Tucumán, en los cuales no hay servicios ni museos ni hospedajes. En la medida que conozcamos, protejamos y difundamos la identidad, dejaremos de ser sólo la Casa Histórica y nos sentiremos orgullosos de nuestra cultura.







