Buscando la identidad cultural de los Valles
Los viajeros llegan tras las huellas de los pueblos originarios pero se encuentran con una villa hiperurbanizada y con un sitio arqueológico que necesita ser revalorizado. Por Nora Lía Jabif - Editora de Cultura.
"Lindo, pero muy careta". Así definió este fin de semana un joven turista porteño su percepción de Tafí del Valle, en este verano. Se había hecho "la cabeza" de que ya estaba en Tilcara y se encontró casi con una versión montañosa de Pinamar. Unos kilómetros más arriba, cerca de Amaicha, en lo que en la jerga turística se conoce como "las ruinas" de Quilmes, otros visitantes (algunos de ellos habitués del lugar) lamentaban el estado de abandono del sitio arqueológico y cultural. La percepción de esos viajeros tiene su sustento: el hotel que construyó Héctor Cruz en la década del 90 en el lugar, en el marco de la ley de iniciativa turística del gobierno de Ramón Ortega, está cerrado. A Cruz le venció la concesión por diez años que se habían establecido por ley, y la comunidad de Quilmes aprovechó la instancia y reclamó para sí la administración de lo que ellos definen como santuario, corrigiendo enfáticamente a todo aquel que llame "ruinas" a ese rico sitio arqueológico. Aunque el artesano interpuso acciones judiciales, la comunidad quilmeña parece haberle ganado la pulseada, y Cruz deberá resignar la explotación del hotel. El sitio será administrado en forma conjunta por los lugareños y por el Estado provincial, a través del Ente Tucumán Turismo. El acuerdo todavía no se institucionalizó, pero voceros de la comunidad aseguran que está avanzado. Las mismas fuentes afirman que Cruz ya retiró sus pertenencias del hotel. Anticipan que a ese espacio se lo unificará con el museo del lugar y que se lo relanzará como un ámbito de promoción de la cultura de los pueblos originarios (no funcionaría ya como hotel). Pero la asociación entre Estado y comunidad despierta prevenciones entre algunos de los lugareños, que se resisten hasta al término "explotación turística" y que prefieren hablar de "desarrollo sustentable". Ahí comienza la discusión acerca de cuál es el perfil que se le quiere dar a la actividad turística en el valle de Tafí y en el tramo tucumano de los Valles Calchaquíes. En Tafí del Valle, la desordenada urbanización ya no respeta ni al cerro más alejado, la identidad cultural comunitaria se ha diluido y es difícil que haya marcha atrás. En Quilmes, la disputa con Cruz parece haber abierto una cuña para discutir la cuestión, de la cual el turismo es apenas un capítulo, aunque no el menor: el etnoturismo es una alternativa económica más que interesante en el mundo. Eso sí, el turista que la elige tiene un "paladar" depurado y no admite que le vendan plástico por oro.
"Nos capacitan para ser mozos, para ser mucamas; nunca para gerenciar", afirma un dirigente comunitario, que se niega a que "se haga marketing con los pueblos originarios". Se le pregunta si hay ejemplos exitosos de asociación entre el Estado y las comunidades de pueblos originarios. "La sociedad entre los mapuches y el Estado", ejemplifica. Ese dirigente sabe que la comunidad sólo podrá sobrevivir si se reapropia de su cultura, para poder compartirla después con el turista. Hay ejemplos de sobra en toda América latina, empezando por Bolivia, donde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha desarrollado interesantes experiencias de capacitación en Santa Cruz. Una de esas experiencias es la que llevan a cabo el Centro de Investigación, Diseño Artesanal y Comercialización Cooperativa (Cidac) y la cooperativa de artesanas "Artecampo": 1.200 mujeres de 13 etnias diferentes han logrado desarrollar y comercializar artesanías de impecable calidad, que los turistas les quitan de las manos sin retacear precios. Saben reconocer la cultura originaria, auténtica y depurada.







