La Nación bicicletea al interior
Los planes de incentivos que lanza el Gobierno nacional parecen destinados sólo a la selecta población bonaerense. El ciclo económico de bonanza corre peligro otra vez. Por Indalecio Sánchez - Editor de Economía.
Proteger los pesos se convierte en una obsesión del argentino medio en tiempos de crisis, que mira de reojo los valores bajos de productos y servicios. En su memoria aparecen resabios de crisis pasadas que sufrió en carne propia o a través de sus padres o abuelos. Sabe que consumir no es la solución, aunque haya planes de estímulo oficiales y créditos de fácil acceso. Un relevamiento privado revela que ese recelo se desparrama por toda la sociedad. Según el indicador que elabora la Universidad Torcuato Di Tella, la confianza del consumidor se desbarrancó 25,2% en enero respecto del mismo mes de 2008, y la incertidumbre se convirtió en un factor clave para los argentinos a la hora de postergar compras.
El Gobierno reconoció una caída en la confianza la semana pasada, cuando la propia Cristina Kirchner pidió a los trabajadores que consuman para reactivar la economía y no perder el trabajo. Pero el nivel de confianza, señalado por los economistas como uno de los pilares más importantes del consumo, continúa siendo bajo.
Nadie se atreve a adquirir bienes a mediano o largo plazo, con tasas de interés que promedian el 20% y cuya variabilidad amenaza con transformar en casi impagables.
Propagandas proselitistas
Los planes de incentivo que lanzó el Gobierno nacional se parecen más a propagandas proselitistas que a hechos concretos destinados a blindar la economía ante el desplome financiero global. El de autos 0 km tiene varios flancos abiertos. Para calificar al crédito, los interesados deben contar con un salario familiar de entre $ 3.500 y $ 5.000, con lo cual ya se está dejando de lado al 70% de la población económicamente activa: son los que cobran menos de $ 2.000 por mes. El otro punto oscuro es que al menos el 50% de los vehículos que están dentro del plan son made in Brasil, por lo que no se entiende cuál es el beneficio para la industria automotriz nacional.
El panorama empeora si se vive, por ejemplo, en Tucumán. El interior cuenta poco para la Nación, que agudiza su vista y sus esfuerzos en los distritos donde se concentra la mayor cantidad de votantes. En nuestra provincia se financiará la compra de sólo alrededor de 5.000 de los 100.000 vehículos nuevos que se prevé vender con financiamiento estatal.
A Tucumán no llega, tampoco, el promocionado canje de heladeras. En las sucursales locales de las grandes cadenas de electrodomésticos explicaron que ya en Buenos Aires se agotaron los equipos nuevos y ni siquiera saben cuándo repondrán el stock como para que llegue al norte del territorio nacional. Ahora anunciaron un acuerdo con la industria del calzado, para vender zapatos colegiales a alrededor de $ 50. LA GACETA habló con los comerciantes locales y nada saben de tal oportunidad, para ellos, de venta y, para los usuarios, de ahorrar unos pesos con los gastos escolares.
Al interior, el Gobierno nacional lo bicicletea: los anuncios desde la Quinta de Olivos (el nuevo escenario que eligió la Presidenta para formular al menos las últimas 20 medidas de Gobierno, como si el verde esperanza que rodea a la casona sirviera para mejorar el humor social) se reproducen en cadena nacional por todos los medios, pero se concretan en los 307.571 kilómetros cuadrados de superficie que tiene la provincia de Buenos Aires. El Gobierno literalmente bicicleteará a los argentinos que están fuera de ese distrito selecto si el nuevo plan canje de rodados que está pronto a lanzar tampoco llega a las provincias.
Son medidas para conformar al electorado porteño y bonaerense, que juntos representan casi el 40% del padrón nacional.

Otras banderas
El incentivo del Estado debería ser para la industria nacional, las PyME y el campo; con reglas claras, apoyo económico y entrega de créditos blandos. Son ellos los que garantizan trabajo y, por ende, consumo. El kirchnerismo se olvidó de su bandera de priorizar a los que menos tienen y ahora busca seducir a los que siempre defenestró. La clase media no se muestra dispuesta a aceptar el convite de reconciliación que ofrece la Presidenta.
Hasta parece haberse apagado la luz de esperanza que, se dice, hay al final del túnel. La cegaron los consumidores -molestos- que en pleno proceso de desaceleración económica y pérdida de poder adquisitivo ,deben pagar incrementos exorbitantes en la tarifa eléctrica.
Son paradojas de la Argentina actual: el Gobierno ruega que se consuma y, al mismo tiempo, libera las tarifas de los servicios públicos. ¿Por qué no se hizo en tiempos de vacas gordas? ¿Por qué se mantuvo la estructura de subsidios? Néstor primero y luego Cristina defenestraron a los economistas de distinta escuela que hace cinco años recomiendan recomponer las tarifas, reducir los subsidios y dejar que, lentamente, los precios relativos se acomoden y destierren las distorsiones que amenazaban con erosionar los cimientos que se levantaron de la mano de los superávit gemelos. El daño está hecho. La seca que enfrenta el campo y el derrumbe de los precios de los commodities dejaron semivacías las arcas oficiales. Pese al calor agobiante de esta época del año, al Gobierno se le acabó el "veranito". Parece tarde para recomponer lo perdido. Parece poco lo que se hace para blindar la economía.
Revolotean los fantasmas deficitarios y no parece posible ahuyentarlos con la mano. Tampoco será suficiente con cruzar los dedos para evitar que concluya el ciclo económico positivo. Nadie desea revivir lo sucedido a fines de las décadas del 80 y del 90. El desafío es quebrar el maleficio de las debacles cíclicas que obligan a toda la sociedad a empezar de nuevo cada 10 años.







