21 Enero 2009 Seguir en 
La incomunicación, la tendencia a un individualismo excesivo y el escapismo son a menudo las causas de determinadas adicciones entre los jóvenes y también los adultos. Las hay aquellas llamadas sociales, como el alcohol y el tabaco, y de las otras que tienen que ver con los estupefacientes. Días pasados, comentábamos con preocupación en esta columna que el consumo de pastillas ocupa el tercer lugar en Tucumán, de acuerdo con un reciente informe de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar).
En estos días, difundimos estadísticas oficiales que señalan que cada vez son más los adolescentes que consumen alcohol y tabaco. Los expertos en el tema coincidieron en que la edad de iniciación ha descendido de 14 a 12 años. El titular de la fundación Centro de Atención Interdisciplinaria (CAIS) advirtió que si no se logra detener el consumo de alcohol entre los jóvenes, dentro de 15 años tendremos un gran porcentaje de alcohólicos.
Según un estudio realizado sobre 100.000 alumnos de EGB 3 y del Polimodal de la provincia, la sustancia más consumida es el alcohol (más del 70 %), seguida por el tabaco (42 %) y los psicofármacos, con un 11%. Luego siguen la marihuana, que es un alucinógeno que produce daños respiratorios y reproductivos, con un 9,3 %; la cocaína, droga estimulante del sistema nervioso central, con 4,1 % de los adolescentes; los inhalantes, que son solventes y pegamentos que producen vapores químicos, con el 3,5 %; el "paco" que es el desecho que se obtiene del proceso de purificación de la cocaína, con el 2,1 %.
Finalmente se sitúan el éxtasis, una sustancia psicoactiva de origen sintético, con propiedades estimulantes, consumida por el 1,2 % de los adolescentes encuestados y en menor cantidad, figuran otras drogas como ácidos, la ketamina, la heroína, el hachís, el crack y el opio.Un especialista de la ONG Volver dijo que los motivos que llevan a los jóvenes a utilizar estas sustancias son varios y entre otros, apuntó que la ingesta de alcohol no está mal vista porque hay una mayor tolerancia social y en el plano cultural, les sirve a los chicos como medio de inclusión y recreación.
El titular del CAIS explicó que mientras más se va hacia la periferia, la edad de inicio es más baja y se consumen diferentes tipos de bebidas. Por ejemplo, en el centro se registra una mayor ingesta de bebidas blancas y de fernet. En Alderetes, según un estudio, es alto el nivel de consumo de vino. "Estamos hablando de chicos menores de 18 años que no deberían estar bebiendo, porque aún no han desarrollado totalmente su cerebro", afirmó.
Las adicciones se van extendiendo rápidamente entre la juventud tucumana. Los chicos aprovechan que no son controlados por sus padres para incursionar en este mundo que conduce a la autodestrucción cuando se convierte en un vicio, y mucho peor cuando de sustancias ilegales se trata. Hemos señalado en otras oportunidades que desde el Estado y en conjunto con instituciones civiles debería elaborarse una política integral que pueda enfrentar con eficacia este flagelo, tomando como punto de partida la educación. La actividad deportiva ("mente sana en cuerpo sano") y la cultural pueden ser salidas importantes, así como la promoción del campamentismo o de prácticas que tengan que ver con el contacto con la naturaleza.
La luz amarilla está encendida. Si no se actúa con anticipación, el problema se puede transformar en pocos años en una bola de nieve y, llegada esa instancia, las soluciones serán cada vez más difíciles de encontrar.
En estos días, difundimos estadísticas oficiales que señalan que cada vez son más los adolescentes que consumen alcohol y tabaco. Los expertos en el tema coincidieron en que la edad de iniciación ha descendido de 14 a 12 años. El titular de la fundación Centro de Atención Interdisciplinaria (CAIS) advirtió que si no se logra detener el consumo de alcohol entre los jóvenes, dentro de 15 años tendremos un gran porcentaje de alcohólicos.
Según un estudio realizado sobre 100.000 alumnos de EGB 3 y del Polimodal de la provincia, la sustancia más consumida es el alcohol (más del 70 %), seguida por el tabaco (42 %) y los psicofármacos, con un 11%. Luego siguen la marihuana, que es un alucinógeno que produce daños respiratorios y reproductivos, con un 9,3 %; la cocaína, droga estimulante del sistema nervioso central, con 4,1 % de los adolescentes; los inhalantes, que son solventes y pegamentos que producen vapores químicos, con el 3,5 %; el "paco" que es el desecho que se obtiene del proceso de purificación de la cocaína, con el 2,1 %.
Finalmente se sitúan el éxtasis, una sustancia psicoactiva de origen sintético, con propiedades estimulantes, consumida por el 1,2 % de los adolescentes encuestados y en menor cantidad, figuran otras drogas como ácidos, la ketamina, la heroína, el hachís, el crack y el opio.Un especialista de la ONG Volver dijo que los motivos que llevan a los jóvenes a utilizar estas sustancias son varios y entre otros, apuntó que la ingesta de alcohol no está mal vista porque hay una mayor tolerancia social y en el plano cultural, les sirve a los chicos como medio de inclusión y recreación.
El titular del CAIS explicó que mientras más se va hacia la periferia, la edad de inicio es más baja y se consumen diferentes tipos de bebidas. Por ejemplo, en el centro se registra una mayor ingesta de bebidas blancas y de fernet. En Alderetes, según un estudio, es alto el nivel de consumo de vino. "Estamos hablando de chicos menores de 18 años que no deberían estar bebiendo, porque aún no han desarrollado totalmente su cerebro", afirmó.
Las adicciones se van extendiendo rápidamente entre la juventud tucumana. Los chicos aprovechan que no son controlados por sus padres para incursionar en este mundo que conduce a la autodestrucción cuando se convierte en un vicio, y mucho peor cuando de sustancias ilegales se trata. Hemos señalado en otras oportunidades que desde el Estado y en conjunto con instituciones civiles debería elaborarse una política integral que pueda enfrentar con eficacia este flagelo, tomando como punto de partida la educación. La actividad deportiva ("mente sana en cuerpo sano") y la cultural pueden ser salidas importantes, así como la promoción del campamentismo o de prácticas que tengan que ver con el contacto con la naturaleza.
La luz amarilla está encendida. Si no se actúa con anticipación, el problema se puede transformar en pocos años en una bola de nieve y, llegada esa instancia, las soluciones serán cada vez más difíciles de encontrar.







