Huyendo del contagio

La debilidad creciente de los Kirchner puede afectar electoralmente a los socios que les profesan una lealtad interesada, basada en la necesidad de recursos para desarrollar eficientemente su gestión.Por Juan Manuel Asis - Prosecretario de Redacción.

18 Enero 2009
Definitivamente, los Kirchner no aprenden; prefieren los discursos confrontativos vanos antes que el diálogo pacificador, olvidándose de una premisa básica que todo buen peronista lleva casi en sus genes: mejor que decir es hacer; hacer las cosas como corresponde cuando se tiene la enorme responsabilidad de conducir un país para garantizar la convivencia de millones de argentinos. La terquedad -seguro lo saben- no figura como capítulo de lectura recomendable en tiempos de crisis. El año pasado, producto de un capricho de 120 días en su pelea con los hombres del campo, "perdieron" al vicepresidente, Julio Cobos; a Felipe Solá y a Carlos Reutemann; dividieron el país, generaron descontento en peronistas -entre ellos, muchos de los que acompañaron satisfechos la primera gestión de Néstor- y provocaron dudas entre algunos seguidores "K". La aparente pérdida del horizonte por parte del matrimonio presidencial obligó a los dirigentes próximos a hacerse una pregunta que produce frío en la columna: ¿adónde nos llevan? Y como no hoy dos sin tres, este año parece que piensan reeditar sus errores. Otra vez los agricultores en las rutas y otra vez el mismo tono peleador del Gobierno. La consulta cae de madura: ¿tanto les cuesta dialogar a los patagónicos? Nadie niega que hay que hacer respetar la investidura, pero los caprichos en razón de ella no ayudan a consolidar ese respeto; muy por el contrario, desgastan y horadan la imagen de la autoridad. Los veteranos de las lides políticas enseñan que a los conflictos hay que prevenirlos -para eso se necesita de avezados consejeros que se adelanten a los hechos-, o bien evitar que crezcan como hiedra una vez iniciados. ¿Cómo? Convocando a los que protestan. Es simple. ¿Acaso no saben qué quieren los agricultores, más allá de que sus planteos sean valederos y justos? ¿No advirtieron que los hombres del campo han aprendido que para triunfar hay que tener de su lado a la opinión pública? La batalla perdida en este campo es peligrosa, más aún en este año electoral. O tal vez la realidad sea peor en el fondo: ¿necesitan el conflicto para sentirse vivos?, ¿necesitan sangre? En sentido figurado, claro.
No hay sentido común, no se los entiende. Aun cuando Cristina y Néstor tengan los argumentos de su lado, ¿alguien cree que se puede darles la derecha? Si hasta Daniel Scioli salió a decir que esta vez el campo tiene razón. ¿También querrán perder al ex motonauta? Casualmente, Scioli gobierna Buenos Aires, provincia por la que quiere postularse a diputado nacional el santacruceño. Lo trágico sería que Kirchner y Scioli estén jugando su propia partida territorial con la excusa del conflicto agrario. No es descabellado. Como sea, Scioli se animó a dar el paso que aún algunos de sus pares no osan intentar: tratar de fijar límites y decir aquí estoy yo, y no necesito de los Kirchner. Claro que luego ensayó una especie de retractación casi pública -al manifestarse contra los cortes-, pero hizo lo que debía: marcar la cancha. En adelante, con él las tratativas político-electorales serán distintas. La relación Kirchner-Scioli debe ser seguida atentamente; dirá mucho sobre las debilidades y las fortalezas de ambos.
Hoy por hoy, el esquema de poder imperante esclaviza a los mandatarios. Romper las cadenas implica sacrificarse en aras de una independencia de pensamiento inconcebible en la mesa del poder y, además, ser arrojado a la hoguera de los "traidores". Eso parece ir mutando lentamente debido al descenso de los Kirchner, a quienes, da la sensación, la sociedad no les aguanta ya nada. Dejaron de ser simpáticos.
Y por casa, ¿cómo andamos? José Alperovich es todavía un hombre "K"; pero ¿en qué porcentaje? Por lo menos, en los papeles, está lejos de los bajos valores de Solá, Reutemann y Scioli. Hasta octubre, el tucumano mostrará lealtad más allá de la debilidad que afecta a los pingüinos. El principal problema del gobernador es que esa debilidad no sea contagiosa, que se transmita por identificación. Lo indiscutible es que ambos se necesitan: uno para conseguir recursos que oxigenen la gestión, los otros para no perder más votos. Plan canje: dinero fresco por sufragios salvadores. ¿Cuál es el límite para que empiecen los titubeos de Alperovich? ¿Cuándo dejará en su bolsillo el carnet de presentación kirchnerista? La caída que sufren los Kirchner no es como para aferrarse a la pollera de Cristina, so pena de correr una suerte adversa en las urnas. Alperovich tendrá que taparse las narices -lo sabe, pero no lo admite- y asumir los costos de perder miles de votos a manos de los descontentos que aprovecharán los comicios de octubre para enviarles un mensaje por elevación a los Kirchner. Provincializar la elección es la táctica para evitar fugas. Además, la habilidad del titular del Poder Ejecutivo radicará en lograr mantener las bancas ganadas y no en retener sus 400.000 votos. Eso sólo se logra con una estrategia básica: dividir el frente opositor. Hay formas y formas de alimentar los agrupamientos en la otra vereda . Asumiendo que los coletazos del malhumor generado por el Gobierno nacional los sentirá en carne propia, no puede menos que ensayar fórmulas que, en el resultado final, no modifiquen el tablero institucional: tantas bancas en juego, tantas bancas ganadas. En los pasillos de la Casa de Gobierno se murmura que sacar el 50% de los votos será una buena elección. ¿Abriendo el paraguas? No, preparando las armas para que ese porcentaje asegure la obtención de los cargos en disputa. ¿Cómo? Los cerebros electorales ya trabajan teniendo en cuenta esas estimaciones previas. Las lecturas políticas se dejarán para después, pensando en 2011. Retener las bancas, por la cifra que sea, será el mejor plato que les puede ofrecer Alperovich a los Kirchner.
Pero aún faltan meses, y muchos acontecimientos con directa incidencia en la votación pueden ocurrir. Claro que el que no se preparó desde ayer para octubre, sea del oficialismo o de la oposición, puede ir guardando su chapa de político. En Tucumán, Alperovich tiene algunos inconvenientes que subsanar y que le generan dolores de cabeza. Si no los arregla pueden transformarse en opiniones contrarias a su gestión y, por ende, en menos votos. Uno de ellos es la disputa por la cobertura de las vacantes en el Poder Judicial, que tiene mucho de drama institucional -por los poderes intervinientes-, pero más de conflicto político, por los intereses en juego. El problema, reducido a una treintena de cargos, tiene repercusión en los sectores politizados, especialmente en la clase media, esa misma que les perdió la confianza a los Kirchner y que no se puede descuidar. Alperovich contó con sus favores en 2005 y 2007; ahora, por culpa de los pingüinos, corre el riesgo de perderla en porcentajes incalculables. Lamentablemente, el conflicto por las vacantes en la Justicia, por culpa de 2009 y por sus derivaciones políticas, se convirtió en un problema electoral; para mal de las instituciones y de la democracia.

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