Una mirada sobre el Tucumán alperovichista
La denuncia de Balceda referida a que los poderes políticos conspiran en contra de la Justicia constituye uno de los capítulos más graves de la institucionalidad comarcana. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.
En el texto Una mirada sobre la América española, escrito en Quito y publicado en Ecuador en 1829, Simón Bolívar trazó un diagnóstico implacable. "No hay buena fé en América, ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las Constituciones libros; las elecciones combates; la libertad anarquía; y la vida un tormento".
Después de la denuncia política (y rayana en lo penal) que acaba de hacer el legislador Pedro Hugo Balceda acerca de lo que él asegura que son las verdaderas pretensiones de los poderes políticos respecto del Poder Judicial, sólo cabe maravillarse ante la vigencia de la perspectiva del otro libertador de América. Porque cuando se pasea la mirada sobre el Tucumán alperovichista, se confirma que no hay buena fe en el Gobierno, ni entre el Ejecutivo y la Legislatura para con la Justicia. El respeto por el sistema republicano es una mentira. La Constitución es un estorbo para los gobernantes. El poder conferido por el pueblo es usado como un certificado de libre abuso de la autoridad. Y la vida, la de decenas de miles de tucumanos, es el mismísimo tormento del que hablaban hace casi 200 años.
Confesión de parte
"Estoy harto de las presiones. Mi familia, que no hace política, vive conmigo en una casa con custodia policial reforzada. Lo llamaron a Emilio Pérsico (líder del Movimiento Evita) para decirle que ni siquiera me dé apoyo moral. Por suerte, él me dijo que está conmigo a muerte. Vengo de ver chicos famélicos por la desnutrición y la droga. Con la piernitas que son piel y hueso. Y me critican desde Punta del Este", reniega Balceda, cuando llama por segunda vez a LA GACETA, para ratificar todos los dichos que se publican en la página 8.
Balceda ha sido un parlamentario que, si bien no ha sido parte del riñón alperovichista, ha integrado durante 14 meses el bloque Tucumán Crece. Y acaba de decirle a este diario que en el oficialismo hay operadores que trabajan para conseguir la intervención federal del Poder Judicial, por dos razones muy puntuales.
La primera es esquivar a los tribunales por las incontables causas penales que incontables miembros del alperovichismo tienen pendientes. El mandatario provincial, tal como se expuso aquí el 20 de diciembre pasado, registra 18 expedientes penales en la Justicia Provincial.
La segunda consiste en que necesitan que el camino quede allanado para habilitar la recontra-reelección, a partir del payasesco artículo 159 introducido en la Carta Magna con la reforma de 2006. Por él, se habilita a José Alperovich, a la tercera parte de la Legislatura, a la mitad de los delegados comunales y a 17 de 19 intendentes, todos reelectos, a buscar por única vez un tercer mandato consecutivo, porque el primer período (2003/2007), en realidad, no fue el primer período. Parecía, pero no. Y listo.

Lo grave y lo reivindicado
Lo que el parlamentario de Aguilares ha dado a conocer se inscribe como uno de los capítulos más graves en la historia reciente de la maltrecha institucionalidad comarcana. Uno de los hombres que ha sido miembro del oficialismo está diciendo que hay un complot para liquidar la actual conformación del Poder Judicial tucumano. Está gritando que los poderes políticos están conspirando para tumbar al otro poder de la república.
El hecho, en sí mismo, es sencillamente alarmante. Es el pavoroso testimonio de que en las cumbres del Gobierno están desarrollándose maniobras concretas de un profundo sentido antidemocrático, anticonstitucional y antirepublicano. La mismísima Constitución argentina advierte que la Nación no será garante de la autonomía de los Estados provinciales que, a su vez, no garanticen el servicio de administración de Justicia.
Balceda está diciendo, y con un pasado reciente que le otorga presunto conocimiento de causa, que ha llegado el final mismo de la institucionalidad.
Lo que la denuncia de Balceda hace indirectamente, también, es reivindicar el valor de la prensa libre de esta provincia. La que advirtió que, detrás del manoseo del sistema de selección de magistrados se escondía la intención de asfixiar a los tribunales, de jaquear el servicio público de administración de justicia y de generar un clima caótico por la creciente cantidad de vacantes que no podían ser cubiertas.
Se hizo hincapié, además, en la manera empecinada en que el Ejecutivo se rehusaba a configurar un sistema de nombramiento de jueces que no estuviera viciado por una mayoría de políticos y que sí garantizara concursos de antecedentes y oposición para que los más idóneos llegaran a la judicatura, como el mismísimo alperovichismo postuló en la Constitución de 2006. Y que, en contraste, alentaba el masivo retiro de jueces, para quienes se gestionó desde el 82% móvil ante la Nación, hasta créditos blandos de la Caja Popular de Ahorros para pagar diferencias provisionales con la Anses.
El Gobierno, en lugar de responder, imprecó. Acusó a la prensa de que estaba haciendo oposición. Frente a las revelaciones de Balceda, queda claro que, en realidad, se estaba haciendo periodismo.
¿Qué van a hacer?
La denuncia de Balceda fue más allá. El ha dicho, sin más, que en la Legislatura funciona un sistema de facturación. Y que cuanto mayor es la "simpatía" (algún sustantivo había que usar) con el gobernador, mayor es la facturación del legislador.
La denuncia penal de Balceda (rayana en lo político) resulta estremecedora. Porque si es cierta, implica que los poderes del Estado conducidos por quienes han sido electos por el voto del pueblo son, en esta provincia, todo lo que no debieran ser.
Frente a esa situación, ¿el gobernador también le va a pedir a algún juez o fiscal que esté leyendo que abra una causa y que investigue? ¿Y qué van a hacer los jueces y los fiscales? ¿Y los legisladores, los diputados y los senadores? ¿Y la oposición?

Los "sin boca"
Para tranquilidad del Gobierno, da la impresión de que, por el momento, la oposición no quiere discutir de política. De hecho, salvo excepciones, los opositores no quieren debatir más que de candidaturas. O, en su defecto, no hablar de postulaciones. Pero nada más. Luego de que el gobernador dijese el lunes que su esposa encabezará la lista de senadores del PJ y que no hablará de los comicios hasta dos meses antes de que deban realizarse, LA GACETA consultó a referentes de las fuerzas que lo enfrentan sobre el devenir del año electoral. Contestaron que no había que hablar de política ahora, que la campaña debe esperar, que está bueno identificarse con superhéroes de caricaturas y hasta uno se excusó de opinar por considerar que el asunto no tenía entidad.
Alperovich, agradecido. Si algo no quiere hacer por estos días, es discutir de política. En primer lugar, porque la denuncia de Balceda revela que el Gobierno practica la antipolítica. En segunda instancia, porque la realidad de una provincia que dejó de ser una posta en el camino de las drogas para ser una meca del consumo exhibe que este Gobierno, de políticas de gestión, no tiene nada para decir.
Los desbocados
El naciente (y ya estrellado) 2009 llegó para que todos los tucumanos pudieran ver campear libremente, a pocos minutos de la Casa de Gobierno, a los cuatro jinetes de la marginalidad: la miseria, la inseguridad, la adicción y la desesperación.
La escandalosa tragedia del barrio de la Costanera, devenida pavorosa "ciudad del paco", dejó congelado al Gobierno. Cuando Balceda transformó en denuncia ese secreto a voces referido a que el narcotráfico es impune porque está vinculado con los poderes políticos, económicos y policiales, todo terminó de descalabrarse. El gobernador apenas atinó a berrear contra esas manifestaciones. Mientras tanto, su gestión exhibía un flanco alarmante: el oficialismo se mostró completamente inútil ante la adversidad. Como el escarnio social que las madres de los adictos lloran no se soluciona con cordones cuneta ni pavimento, entraron en crisis.
La virulenta expansión de la drogadependencia (el mismo Alperovich reconoció públicamente que también está instalada en las clases medias y altas) además de un mal social, es un síntoma. Expone que hay una falla sistémica. Y, por tanto, obliga a debatir, en el orden político, sobre el plan de gobierno del alperovichismo. Dicho de otro modo, sobre lo que hace cada ministerio del Poder Ejecutivo. Porque, para llegar a donde se llegó, ¿cuál es la política en materia educativa y de desarrollo social? ¿cuál es la política en materia económica y judicial? ¿cuál en lo referido al interior de la provincia y al desarrollo productivo? ¿Cuál en materia de salud pública y de seguridad?
De nada de eso se habló. Y parece que tampoco se hablará.
De eso no se habla
El Gobierno, de paso, tampoco debe querer hablar por estos días (y qué suerte para el oficialismo que los opositores no quieran discutir sobre política) sobre los dislates presidenciales y el programa para combatir los efectos una crisis mundial vendiendo heladeras. Ni acerca de que todo el andamiaje económico provincial se sostiene sobre el más volátil de los elementos, que es el consumo. Ni sobre el hecho de que ya no vendrán los Reyes Magos trayendo casas, porque las prometidas 5.000 viviendas del megaplan federal anunciado en diciembre se financiarán con fondos reintegrables. Ni de que la fantasía de que el alperovichismo es todopoderoso es tan endeble que el mismísimo mandatario tiene una interna en el living de su casa por la lista de senadores. Porque la primera dama aboga por alguien con experiencia, como el diputado Gerónimo Vargas Aignasse, y su marido por un amigo de confianza, como el legislador Sergio Mansilla, dispuesto a renunciar sin chistar si Alperovich, como candidato a senador suplente, alguna vez necesita la poltrona titular.
Hasta tal punto se ha relajado el oficialismo por la postura de la oposición que todo el staff político de autoridades provinciales se toma vacaciones. Durante la semana que hoy termina salieron los ministros de Gobierno, Edmundo Jiménez, de Economía, Jorge Jiménez, y del Interior, Osvaldo Jaldo. Es decir, la primerísima línea de Casa de Gobierno. Por la misma senda partieron buena parte de los legisladores oficialistas, con el presidente del bloque, Roque Alvarez, a la cabeza. Y hasta el vicegobernador, Juan Manzur, se toma una semana para irse a Mar del Plata.
Todos compañeros
Pero lo que la coyuntura está exponiendo, en realidad, es un hecho mucho más inquietante para la oposición que el equipaje de veraneantes del oficialismo.
Lo que ocurre desde que el año ha comenzado es que, sin excepción alguna, todas las migas del pan político de cada día han caído sobre el mismo mantel. Todo ha quedado dentro de la mesa del peronismo.
En lo que va de 2009, la disputa por el poder es un partido que han venido jugando, únicamente, Balceda de un lado, y los alperovichistas del otro. Dicho de otro modo, la voz crítica del justicialismo alperovichista fue el justicialismo no alperovichista. Más aún: la opción que se ha hecho patente es peronismo o peronismo. Justamente durante el año en el que hay que renovar cuatro diputados y tres senadores para que apoyen o se opongan a las políticas del kirchnerismo.
La opción por la república
La vigencia de las instituciones de la república no es un discurso ni una postura ideológica, sino una necesidad para el presente y para el futuro de la provincia. El equilibrio de los poderes es la única garantía de que no habrá desbordes de un poder en desmedro de los otros, ni en perjuicio de los ciudadanos.
Pero, además, la institucionalidad es parte de la historia. Como advirtió Hilda Sabato en este diario, la opción por la república define a las naciones latinoamericanas, que se independizaron de las monarquías europeas. Bolívar da testimonio de ello en su carta del 15 de mayo de 1828 a J.M. del Castillo: "Que me manden a salvar la República y salvo la América toda", escribió.
Si no se resguardan las instituciones, no habrá salvación alguna para Tucumán. Ni para sus habitantes. Los tucumanos, por cierto, no están indefensos. Para el caso, fue también Bolívar, en su discurso de Angostura, el 1 de noviembre de 1817, quien lo advirtió: "La primera de todas las fuerzas es la opinión pública".







