15 Enero 2009 Seguir en 
Durante la toma de posesión del mando del futuro presidente de Estados Unidos, Barack Obama, Washington DC se convertirá en una ciudad militarizada. El operativo de seguridad previsto para esa jornada no encuentra precedentes en los anales de estas ceremonias.
Según el diario digital "elNuevoHerald.com", al momento de la jura, Obama vestirá un chaleco antibalas; llegará al lugar en una flamante limosina marca Cadillac, blindada y con vidrios a prueba de proyectiles. Aviones militares cercarán por aire la zona y 10.000 agentes del servicio secreto, con armas automáticas, conformarán anillos concéntricos cuyo eje será el republicano.
No obstante la magnitud, el operativo no sorprende, puesto que los organizadores calculan que cerca de cuatro millones de personas participarán del evento. El número cuatriplicaría la aglomeración más grande registrada en el trayecto de poco más de tres kilómetros entre el lado oeste del Capitolio federal y el Monumento a Lincoln.
Otro ingrediente es que Obama ya había recibido amenazas. Días antes de que se erigiera vencedor en los comicios, agentes federales desmontaron un supuesto plan de dos neonazis para matarlo. La semana pasada, el segundo al mando de Al Qaeda dio a conocer un video en el que responsabiliza a Obama por la avanzada israelí contra el grupo islamista Hamas en la Franja de Gaza. Sin embargo, autoridades federales antiterroristas -cuyo arsenal aumentó e incorporó alta tecnología tras los ataques del 11-S a las Torres Gemelas- afirmaron que no habían recibido datos de inteligencia respecto de atentados.
El acto representa un gran reto para el Servicio Secreto y para más de 100 entidades policiales federales, estatales y locales. Robert Rodríguez, agente del Servicio Secreto y líder de la escolta de cuatro presidentes durante 22 años antes de retirarse en el 2004 dijo que el servicio secreto comenzó a proteger a Obama en el otoño del 2007 -la fecha más temprana para un candidato presidencial. (Especial)
Según el diario digital "elNuevoHerald.com", al momento de la jura, Obama vestirá un chaleco antibalas; llegará al lugar en una flamante limosina marca Cadillac, blindada y con vidrios a prueba de proyectiles. Aviones militares cercarán por aire la zona y 10.000 agentes del servicio secreto, con armas automáticas, conformarán anillos concéntricos cuyo eje será el republicano.
No obstante la magnitud, el operativo no sorprende, puesto que los organizadores calculan que cerca de cuatro millones de personas participarán del evento. El número cuatriplicaría la aglomeración más grande registrada en el trayecto de poco más de tres kilómetros entre el lado oeste del Capitolio federal y el Monumento a Lincoln.
Otro ingrediente es que Obama ya había recibido amenazas. Días antes de que se erigiera vencedor en los comicios, agentes federales desmontaron un supuesto plan de dos neonazis para matarlo. La semana pasada, el segundo al mando de Al Qaeda dio a conocer un video en el que responsabiliza a Obama por la avanzada israelí contra el grupo islamista Hamas en la Franja de Gaza. Sin embargo, autoridades federales antiterroristas -cuyo arsenal aumentó e incorporó alta tecnología tras los ataques del 11-S a las Torres Gemelas- afirmaron que no habían recibido datos de inteligencia respecto de atentados.
El acto representa un gran reto para el Servicio Secreto y para más de 100 entidades policiales federales, estatales y locales. Robert Rodríguez, agente del Servicio Secreto y líder de la escolta de cuatro presidentes durante 22 años antes de retirarse en el 2004 dijo que el servicio secreto comenzó a proteger a Obama en el otoño del 2007 -la fecha más temprana para un candidato presidencial. (Especial)







