Sacarse la careta
El dramático pedido de los jueces de que los poderes coordinen la política contra las adicciones es el mismo de las madres de los chicos adictos. Vencer la hipocresía. Por Roberto Delgado -Prosecretario de Redacción.
¿De qué máscaras habla el juez de Menores Raúl Ruiz cuando dice que es hora de que dejemos de mentirnos y de sacarnos la careta? Explica que en Tucumán, en materia de drogadicción, jamás se hizo nada. "Hay que dejar de hablar, de echarnos la culpa entre todos, y empezar a actuar", agrega. El y la otra jueza, Nora Wexler, tienen que tratar a diario con los chicos adictos que delinquen y con sus padres, y dicen que las autoridades del Ejecutivo no escuchan sus reclamos.
Pero no es que el Ejecutivo no escuche, sino que ha puesto las prioridades en otros ejes, y eso impide ver con claridad el problema. Por ejemplo, el médico a cargo del Siprosa, Fernando Avellaneda, dijo hace pocos días que no tienen registros de demasiados pacientes por intoxicación con "paco"; "al menos no en las proporciones en que dice el diario", se justifica. Las cifras -que dan cuenta de unos 3.000 chicos consumidores de droga- fueron aportadas por las madres de adictos, que reciben apoyo de los juzgados y de la psiquiatra María Eugenia Almaraz, que ahora trabaja en la Justicia, pero que hasta hace meses estuvo en el Hospital Avellaneda, dependiente del Siprosa.
Entonces... ¿cómo se hacen los registros? El secretario de Prevención de Adicciones, Alfredo Miroli, reconoció hace algunas semanas que falta capacitar a los profesionales, sobre todo a los que trabajan en los CAPs (de los cuales dependen los registros). Los médicos que actúan en los 300 centros de atención primaria de la provincia afirman que ellos fueron preparados para atender a madres y a niños, en función de la crisis de desnutrición de hace ocho años, pero no para tratar a adictos. Estos fueron atendidos por sus problemas físicos, no por sus adicciones, y, por lo tanto, no fueron derivados a profesionales específicos.
No sólo los médicos están en falta; también los policías. La directora de Defensa Civil de Aguilares denuncia que en el interior de la provincia la drogadicción juvenil es alarmante y que la Policía no sólo no está capacitada para tratar a esos chicos, sino que los agentes los tienen estigmatizados. Es de notar que estos adictos no se drogan en una zona de exclusión social, como el Costanera, sino en la plaza principal de Aguilares.
Miroli habla de capacitación, pero de esto se discutió hace ya dos décadas. El experto en Salud Mental Angel Uslenghi afirma que a comienzos de los años 90 hubo un fuerte subsidio de la Nación para crear un centro de atención de adicciones y que se capacitó a varios profesionales -que fueron enviados tres meses a Buenos Aires y hasta hubo una persona que estuvo seis meses en Italia- y hoy, a más de tres lustros de ello, se sigue hablando de capacitar gente. "El centro de atención de adicciones es lo más inaugurado de Tucumán. Y jamás termina de inaugurarse", dice Uslenghi, en referencia al centro de Las Moritas, que Miroli pensó como un lugar para capacitación y que ahora, según se anuncia, será destinado a tratar a jóvenes adictos de más de 18 años.
Precisamente en este punto hay un problema serio. El Gobierno ve a Las Moritas como la solución. Las madres de los adictos y los jueces de Menores dicen que ni siquiera será un alivio. Si sólo se puede tratar a 40 jóvenes mayores de 18, y sólo en el barrio Costanera hay cerca de 3.000 chicos en crisis; y si, además, se considera que casi todos los menores que delinquen tienen problemas con las drogas, ¿dónde se los tratará? Nadie tiene respuestas. La misma jueza Wexler reflexiona que ellos no están seguros de que llevar a los chicos a tratamiento fuera de la provincia sea una solución. Hay que decir que el Gobierno ayuda a cuatro centros vinculados a ONG que asisten a 200 chicos adictos. Pero esto parece muy poco.
En este contexto, suena por lo menos curioso que el doctor Avellaneda diga que el Sistema de Salud, junto con la Nación, acordó un plan estratégico para asistir a pacientes con uso abusivo de sustancias psicoadictivas. Sobre todo, porque la subsecretaria de Planificación, Prevención y Asistencia de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), Norma Vallejo, afirma que los tucumanos aún no le pidieron que capacite en toxicología a los médicos de nuestra provincia.
Conductas transgresoras
En cuanto a Miroli, su estrategia fue apoyar a las ONG y dictar charlas. Hace poco dijo que las charlas a los jóvenes en los colegios no resultaron, y que ahora hay que hablar con los padres.
Los jueces, los expertos como Uslenghi y Vallejo, y el mismo Ministerio de Justicia de la Nación plantean que el problema principal son las conductas transgresoras y adictivas. Uslenghi destaca que la sociedad mira de modo distinto que un chico beba cerveza o vino hasta perderse en Amaicha y que otro consuma "paco" en el Costanera. Sin embargo, "la conducta es similar", explica. Y agrega: "por cada drogadicto hay cinco o seis abusadores de alcohol". Una encuesta de la Secretaría del mismo Miroli dice que el 80% de los jóvenes de entre 11 y 25 años consumió alcohol en exceso en el último año. Vallejo señala que el alcohol y la marihuana son puertas de entrada a drogas más fuertes.
Alperovich fue impreciso (o ingenuo) ayer al decir que la droga avanza "y todo lo que se pueda hacer es poco". Las madres -que marcharon anoche- exigen cosas más concretas. Los jueces, desde hace meses, reclaman conformar un consejo multidisciplinario con los tres poderes y coordinar tareas. "Un esfuerzo tan grande como el que se hizo para enfrentar la problemática de la desnutrición", dijo Wexler. Y ahí entra el pedido dramático de Ruiz de sacarse la careta. La máscara de la hipocresía, la de esquivar responsabilidades, la de negar la realidad. Así nos desbordaron las adicciones.








