Antes de entrar al teatro y mientras se desempeñaba como jefe de sala del Centro Cultural Virla, José Pereyra trabajó con las productoras de Gabriel Fulgado, Ronit Keter, Josefina Andújar y Nuri Villá, en las que realizó diferentes tareas de logística. Es ahí cuando tuvo que vincularse con los artistas más destacados que visitaban la provincia y la época en la que más anécdotas cosechó.
“Me acuerdo por ejemplo cuando vino Graciela Borges a actuar en el Virla. La teníamos que ir a buscar del Gran Hotel para llevarla al ensayo. Cuando llegamos por ella, no quería moverse porque había perdido un anillo; estuvimos con los empleados del hotel buscando durante 40 minutos y no aparecía. Graciela amenazaba con hacer levantar la alfombra de la habitación de ser necesario y no actuar si no aparecía su anillo. Hasta que apareció... en su mano, ¡lo tenía puesto!”.
Pereyra tuvo también que hacer realidad los deseos de algunas estrellas con extravagantes pretensiones, quienes suelen hacer pedidos que no siempre llegan a entender los mortales que no viven de sus dotes artísticas. Casualmente fue Graciela Borges la protagonista del tema : “la ubicamos en la mejor suite del hotel pero después tuvimos que cambiarla porque ella pedía que la cama mirara a la puerta, porque sino, no podía dormir. La razón que justificaba tal pedido era que Borges quería ver si entraba un bandido en medio de la noche que, para suerte de Pereyra, nunca llegó.
“Es una diva, no podés hacer ni decirle nada. Sólo pedir a los empleados del hotel que cambien de posición la cama”, se resignó.





