El bolsón alimenta, la droga mata

El consumo y la distribución de "paco" se impusieron en la agenda política de manera impensada y obliga a las autoridades a encarar una pelea insólita en un año electoral, que potencia errores y aciertos. Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.

11 Enero 2009

Carlos Reutemann y Pedro Balceda, ¿en qué se parecen? ¿En que son peronistas? Bueno, podría ser; pero no. ¿En que son parlamentarios, uno nacional y el otro provincial? Y sí, pero tampoco. ¿En qué? En que ambos consiguieron, tal vez inconscientemente, lo que muchos dirigentes aspiran, especialmente en años electorales, como el que transcurre a paso de tortuga en enero: imponer la agenda del debate político; y para mejor -o para peor, de acuerdo al lado en que se encuentren-, en un tiempo en el que las vacaciones permiten reflexionar con más detenimiento que en épocas del trajín laboral.
Al santafecino le bastó decir "esta vez sí pensaría en ser presidente" para provocar un revuelo incalculado, tanto en las propias filas justicialistas como en las opositoras, principalmente entre aquellos que sueñan con llegar al sillón de Rivadavia. Basten un par de botones. Por ejemplo; Lilita Carrió se vio obligada a minimizar al potencial contrincante diciendo que "el ?Lole? es lindo" (más allá de la revelación de su gusto femenino), para bajar la tensión que provocó la pública aspiración del ex corredor de Fórmula 1, que se destacó como un excelente "picador" en las carreras internacionales. La referente de Coalición Cívica no quiere que le ocupen la casilla del medio; está convencida de que le pertenece. No por nada se autodenomina la única líder natural de la oposición. Otro: Felipe Solá se divorció del kirchnerismo tras la pelea con el campo, y pretende ser el sucesor de Cristina Fernández. También sintió el sacudón por los dichos del parco Reutemann. Para fijar diferencias políticas remarcó que él fue frontal con el Gobierno y que el senador santafesino no. En la tribuna dirían que "no desea que le escupan el asado", ya que si tiene que haber un adversario contra el oficialismo en las filas del PJ, debe ser sólo él. Como ellos hay muchos, la lista es larga.
Otros, en cambio, salieron aplaudir. Tal el caso de Eduardo Duhalde, aunque posiblemente sólo para molestar al matrimonio "K". Bien se dijo en 2008 que el síndrome de la posible derrota en este año desató la interna en el peronismo, y debió añadirse que además provocó la pelea entre los propios opositores. Desde las dos veredas la ambición por la sucesión del kirchnerismo crece en términos inversamente proporcionales a la debilidad política que revelan Néstor y Cristina. La dirigencia está "cebada" y "Lole" picó en punta. El resto no quiere quedarse en la largada. El santafesino, a los días de su frase, reconoció que se apresuró y se llamó a silencio -debió advertir que si persistía en su idea se iba a "quemar" prematuramente-; aunque es innegable que ocupó el centro del debate por la sucesión. Su nombre se instaló entre los potenciales aspirantes para 2011, aunque falte mucho camino por delante. Un caso típico de imposición de agenda, más allá del disgusto por la pérdida de protagonismo que tuvo el resto de los interesados en la presidencia. Si hasta Kirchner salió a hablar bien de Reutemann; claro, no vaya a ser que el senador termine siendo el sucesor de su esposa. Ante esa alternativa, nada mejor que hacer buenas migas desde ya.
Un hecho que no puede soslayarse es cómo repercutió esta situación en Tucumán, especialmente en la Casa de Gobierno. El llamado a silencio del gobernador, José Alperovich, respecto de la aparición de las candidaturas y sobre la debilidad de los "K" se puede analizar desde dos aspectos: 1) El mandatario no quiere que la pelea política ensombrezca su gestión, sobre la que sostiene su accionar político, convencido de que los votos aprueban su administración. 2) No desea apresurarse en definiciones que terminen afectando la dependencia económica de la Nación, razón por la que no puede sumarse al carro de los opositores internos al kirchnerismo, aunque el olfato le diga que hay que empezar a mirar para otros lados. ¿Reutemann? ¿Duhalde? ¿Solá? ¿Quién? También hay que ser "tiempista".
¿Y Balceda? Al igual que el senador nacional abrió la boca y provocó una crisis política. He hizo algo más: impuso la agenda al poder político, pero en términos mucho más peligrosos que Reutemann, porque desnudó una realidad a la que muchos hacen la vista gorda; lo que es peligroso cuando los que miran para otro lado son las propias autoridades. Todas las mañanas, casi religiosamente, desde que asumió en octubre de 2003, Alperovich intenta imponer la agenda diaria hablando con la prensa. Ocupa el centro de la escena y quiere irradiar su mensaje; hace anuncios y arroja definiciones. Es el protagonista central, su propio vocero de prensa y su único defensor. Concentra misiones porque le place, porque es un hábil comunicador; en esa postura se siente cómodo; imponiendo la agenda pública, obligando al resto a seguirlo, para aplaudirlo o para criticarlo. Por eso, debe haberle caído como un golpe en las costillas la denuncia de Balceda sobre que los políticos están vinculados a la distribución de drogas. Le impusieron un tema inesperado, que no puede controlar en su expansión y que pone peligrosamente a la provincia -principalmente a su gestión- en el centro del escenario periodístico nacional. Sucede en enero, cuando él es el único político acostumbrado a hablar en vacaciones, justamente en el año electoral, en el que todo influye para bajar o subir las acciones. ¿Cómo repercutirá en las urnas? Falta mucho, pero la oposición ya tiene otra bandera de lucha: antes eran bolsones de alimentos, ahora distribuyen drogas. Sea o no cierto, el estigma está naciendo con una diferencia notable: con un bolsón se alimenta, con la droga se mata. El Gobierno no puede rehuir de este debate porque le caben las mayores responsabilidades; lamentablemente el peligro está en que hay muchos intereses en juego, y eso puede llevar a que todo quede en la nada; sólo con unos cuantos jóvenes más postrados porque el Estado no sabe cómo enfrentar el flagelo. ¿Prevenir? ¿Controlar? ¿Castigar? ¿Investigar? ¿Ayudar? Respuestas: sí; para todas. No vale el laissez faire, laissez passer (dejad hacer, dejad pasar). El Estado y también la sociedad no pueden hacerse los desentendidos por más que el tema no haya germinado concientemente desde las entrañas del alperovichismo. El PE tiene la posibilidad de convertir el tema de la distribución y consumo de drogas en un problema de Estado, por razones de peso y por otras nimias. Las primeras tienen que ver con la atención de parte de una sociedad enferma, con las responsabilidades propias que le cabe a la autoridad de ponerse al frente, obligadamente, de la lucha. Las nimias son las electorales, ya que resultaría insensato e hipócrita ensayar respuestas sólo para conseguir votos -o para no perderlos-, sin intentar llegar a la raíz. La oportunidad es única, se impuso como agenda y repercutirá mañana en las urnas.

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