Stanno tutti bene

Contra la promesa oficial de que Tucumán sería la mejor provincia de la Argentina, los diez primeros días de 2009 parecen mostrar que en estas tierras está todo mal. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

10 Enero 2009

En 1990, el recordado Marcello Mastroianni encarnó en la pantalla grande el personaje de un hombre que, recién jubilado, decide reunir nuevamente a la mesa a sus cinco hijos. Entonces emprende un viaje de búsqueda y reencuentro con los suyos, que le dicen que están todos bien. Pero él descubre que detrás de la fachada de prosperidad, el tejido familiar se encuentra maltrecho. Giuseppe Tornatore rodó aquel memorable filme. Lo bautizó "Stanno tutti bene".
Acaso 2009 haya nacido bajo el signo del desenmascaramiento. Lo cierto es que, en sus inicios, Tucumán se presenta casi inspirado por aquella película: el Gobierno viene de repetir que la provincia se halla cada vez mejor cuando, por momentos, parece que está todo mal. Los primeros 10 días del año son uno de esos momentos.
LA GACETA puso de manifiesto el feroz recrudecimiento del flagelo del consumo de las drogas ilegales en la provincia. Concretamente, el escarnio del "paco". Y frente a esa situación, el Gobierno reveló en toda su dimensión que hay áreas claves de la gestión atravesadas por la improvisación. El Ejecutivo aún no logra reaccionar ni política ni instrumentalmente. Dicho por uno de los hombres de consulta del gobernador, estaban con las botas y con la capa de lluvia listas para enfrentar eventuales inundaciones, pero están desnudos para atender esta quemante tragedia social.

Polariza y reinarás
La Casa de Gobierno es un laberinto de confusiones, que tiene como patio central las declaraciones del legislador oficialista Pedro Balceda. El dijo estar convencido de que el poder político, el económico y el policial están enredados con el narcotráfico, que actúa con impunidad. Y reclamó una férrea decisión oficial para terminar con esa situación, porque no descartó que haya punteros que usan esas sustancias para hacer política. Y en 25 de Mayo y San Martín no comprenden aún por qué hizo tal denuncia. "Aquí, (José Alberto) Cúneo Vergés lo presentó hace poco casi como su ahijado político", recuerda uno de los colaboradores del jefe de Estado.
Pero lo que tampoco entienden es por qué el mandatario se trabó en una inaudita polémica con el parlamentario. "José (Alperovich) le contestó que dé nombres ante la Justicia. Pero a eso no debió decirlo él, sino el ministro de Seguridad Ciudadana (Mario López Herrera), la ministra de Desarrollo Social (Beatriz Mirkin), el ministro de Salud Pública (Pablo Yedlin) o el secretario de Prevención de las Adicciones (Alfredo Miroli). Sin embargo, aunque manejan áreas directamente vinculadas al problema de la droga, ninguno apareció para decir ?esta boca es mía?", reniega un alperovichista convencido.
En este punto se hace necesario poner en claro que no se puede responsabilizar al Gobierno por la decisión individual del que consume drogas. Y, de la misma manera, se debe advertir que sólo es responsabilidad del Gobierno que Tucumán haya dejado de ser un lugar de paso para convertirse en un centro de consumo. Eso es admitido en la mismísima Casa de Gobierno. "Tucumán es geográficamente ínfima y, por tanto, perfectamente controlable: pasa lo que pasa porque la Policía lo permite", berrea un funcionario de primera línea.
En realidad, repite un secreto a voces, que el propio vocal de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Eugenio Zaffaroni, recogió el pasado 23 de noviembre, cuando cerró el programa "Manejá lo que tomás", destinado a brindar herramientas preventivas para los jóvenes. "No hay distribución de tóxicos sin connivencia oficial", disparó el magistrado, que a la vez reclamó al Estado reorientar "los cañones del poder punitivo sobre los traficantes".
Sin embargo, el gobernador lo mezcló todo. Cuando Balceda habló de traficantes, el mandatario contestó que en la clase media y en la clase alta también hay consumidores sustancias ilegales. En todo caso, mostró de manera temprana su estrategia política para este año: polarizar para reinar. Enfrentar a los sectores de la sociedad, de una manera tan kirchnerista como riesgosa, para obtener réditos electorales.

Publicidad

El ghetto sin muros
Pero poco o nada importa la estratagema del titular del Poder Ejecutivo frente a una manifestación pública de una convicción casi íntima que él mismo formuló. La afirmación del jefe del Gobierno de la Provincia referida a que los consumidores de "paco" son irrecuperables representa uno de los capítulos más graves del discurso oficial. Así como los médicos no declaran inviables las economías de los Estados, los contadores tampoco deberían diagnosticar ni sentenciar sobre la vida de las personas. Pero lo delicado del tema no pasa por una cuestión de profesiones, sino por el hecho de que el gobernador estaba hablando de sus gobernados. Para peor, de los gobernados que testimonian con su vida que no han visto, ni en fotos, el mentado progreso que el alperovichismo dice haber traído para la provincia. "La vida es, evidentemente, algo que es o que no es: no puede haber término medio entre un hombre vivo y un hombre muerto", esclareció el lúcido Georges Bataille en una histórica conferencia en el Collège de France, nada menos que durante el trágico 1938.
"El gobernador se equivocó en lo que dijo", intenta justificar un hombre de su entorno y probablemente sea cierto. Pero el error (que no es ningún desliz), en todo caso, denuncia la impotencia de las autoridades no sólo ante un fenómeno desbordante, sino también ante la carencia de políticas de Estado. Porque cuando la oposición las reclama, no lo hace para rellenar un discurso sino para manifestar la necesidad imperiosa de planificar y de tratar de prever. De eso, queda claro, en esta provincia no se consigue.
Las consecuencias del estrepitoso fracaso del Gobierno en este aspecto central fue expuesto por las madres de los chicos adictos de la Costanera. Que ese barrio sea "la ciudad del ?paco?" -como ellas lo bautizaron-, no es una estigmatización de la pobreza, sino la denuncia de los propios pobres de que han sido confinados a un ghetto sin muros. Uno donde a las fuerzas de seguridad, y a los burócratas que las conducen, no les importa mucho lo que pasa adentro: sólo les interesa que sus residentes no salgan.

La política hipotecada
De manera perversamente complementaria, lo que resulta tan afligente como las adicciones que roban vidas a la luz del día en las márgenes del río Salí es la situación en la que viven los tucumanos que se encuentran allí. La marginalidad más pavorosa sigue haciendo estragos en la mismísima capital de la provincia, a cinco años del establecimiento del alperovichismo. Son los territorios olvidados de la democracia pavimentadora, que, por cierto, abundan en el devastado interior tucumano.
La tragedia social es fiel reflejo de lo que, a escala, ocurre las diversas áreas de la gestión oficialista. En materia política, enero es el mes de la renovación de las hipotecas. Los municipios y las comunas vuelven a entregar sus recursos a la Casa de Gobierno para ingresar al Pacto Social. Víctimas de desgobiernos pasados -y a veces, presentes-, intendentes y comisionados entregan sus coparticipaciones y, con ellas, cualquier posibilidad de autonomía real.
La Provincia hace lo mismo respecto de la Nación: se encuentra en plena negociación del Plan de Asistencia Financiera, por el cual la Casa Rosada refinanciará la deuda pública que se vencía este año y, de paso, mantendrá atado en un puño al alperovichismo.

Publicidad

Maniqueísmo oficial
En el plano económico, un economista tucumano serio, de fuerte influencia sobre la Fundación del Tucumán, advierte que alarma la creciente cantidad de empresas de larga trayectoria en la provincia que, por primera vez en años, están proyectando "cash flow" (liquidez) negativo para este año. "Para hacerla corta, sin posibilidad de tomar créditos porque las tasas son altísimas, ese síntoma derivará en desempleo. En este marco, el kirchnerismo sólo piensa en alentar la venta de autos y de heladeras", se escandaliza. A ese kirchnerismo está atado el oficialismo provincial.
En lo institucional, las cosas no son mejores. Los tribunales están jaqueados por un sinnúmero de vacantes, que no pueden cubrirse por culpa del peligroso capricho del Poder Ejecutivo de nombrar como jueces interinos a los abogados que le antoje, sin concurso previo para garantizar la idoneidad de quienes decidirán sobre la vida, el honor y los bienes de los tucumanos. En consecuencia, no se dicta un mecanismo decente para designar a los magistrados temporarios y a la Justicia no le queda otro camino que frenar las monstruosidades que la Casa de Gobierno quiere alumbrar.
Lo irónico de este atropello antirrepublicano es que los oficialistas repiten de manera maniquea, en formato de amenaza a los jueces, que si la situación deriva en problemas operativos serios, el Poder Judicial corre peligro de ser intervenido. En realidad, es la provincia misma la que está al borde de la intervención federal, si hubiera que apegarse a la Constitución nacional. Su artículo quinto establece, sin lugar para el equívoco, que la Nación garantizara el goce y el ejercicio de las instituciones de cada provincia a cambio de que estas aseguren su administración de Justicia. La calidad institucional es nula de nulidad absoluta e insanable durante este Gobierno.

La oscura obsesión
Pero lo más llamativo es que el alperovichismo, tras un lustro en el poder, ni siquiera pudo garantizar su propio futuro político. El tema excluyente de los hombres del Gobierno, en charlas de café, en mesas de restaurante, en diálogos de pasillo o dentro de los despachos es una y la misma cosa: reformar otra vez la Constitución provincial (manoseada por última vez en 2006) para habilitar la recontra-reelección del gobernador.
Gana consensos la postura de efectuar los comicios reformistas con posterioridad a los de parlamentarios nacionales de octubre.
Los que apoyan la idea por omisión dicen que ni siquiera ven conveniente programar elecciones de esa índole en un año pleno en incertidumbres. Los que fomentan la estrategia por acción, apelan al discurso de también está en juego la continuidad de legisladores, intendentes, concejales y delegados comunales, así que todos trabajarán para obtener un contundente triunfo dentro de 10 meses. "Y a las 12 de la noche, José (Alperovich), tiene que anunciar que irá por la reforma", se entusiasma uno de sus operadores, que agrega que la oposición, en ese esquema, estaría desmoralizada y sin recursos.
Es decir, hay ganas de que otra vez -como en 2006- se elijan convencionales constituyentes en febrero, esta vez de 2010.

El derecho torcido
El nuevo proceso de enmienda constitucional es una necesidad asumida por los alperovichistas, que aseguran a cara descubierta que la Justicia declarará inviable un tercer mandato consecutivo, como postula en la Carta Magna vigente, de manera torcida, el artículo 159. Ese que dice que el primer período (2003-2007) en realidad no era el primer período. "La suerte de este proyecto político no puede estar en manos de la Justicia. Esta es una cuestión política: no judicial. Y estos jueces rechazan todo lo que proponemos", razona un pragmático de la mesa chica alperovichista.
Otro funcionario lo dice de manera más barrial. "La verdad es que todos preferimos el ?santito? antes que la ?virgencita?", versa, en obvia alusión a que la primera dama es la candidata natural a suceder al actual mandatario. Ella, por cierto, dijo ayer en Yerba Buena que ya no es tiempo de improvisar candidaturas y que, como segundo en la lista de senadores, debería priorizarse un postulante con experiencia. Léase, Gerónimo Vargas Aignasse.
Ahora bien, sin el gobernador en la liza compitiendo por otro mandato, el problema dentro del alperovichismo es que también hay aspirantes artificiales al trono: el intendente capitalino, Domingo Amaya, y el vicegobernador, Juan Manzur.
De ese mentidero resulta otra angustia: en su desenfrenada carrera por acumular poder, el oficialismo ni siquiera está dispuesto a preservar la Ley de Leyes.
Pero estos son detalles. El Gobierno todos los días inaugura obras. Queda mucho por hacer, pero Tucumán -como predijeron no hace mucho- será la mejor provincia de la Argentina. Porque más importante que una eventual crisis del Poder Judicial es entregar viviendas. De hecho, aquí, los tucumanos y las instituciones están todos bien.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios