Tucumán es, sin duda, una tierra privilegiada por la naturaleza: ríos, bellos paisajes, llanura, montaña, microclimas. Por esos dones se ganó con justicia el mote de "Jardín de la República". Sin embargo, tanta exuberancia puede influir negativamente en un pueblo si este no aprende a valorar lo que tiene. Mientras otras provincias con mucho menos bellezas naturales que la nuestra, han explotado turísticamente las pocas que tienen, Tucumán se caracteriza por todo lo contrario. San Javier es un ejemplo de lo que decimos. En décadas, la mayor parte de los proyectos nunca se concretó.
Otro ejemplo es el dique El Cadillal, que actualmente lleva el nombre de su impulsor, Celestino Gelsi, fue construido para aprovechamiento energético y para riego y, en última instancia, para proveer de agua a San Miguel de Tucumán. En realidad, la ley de construcción del embalse fue promulgada en 1903, durante la gestión de Lucas Córdoba. ?El propósito es que el agua pública deje de ser el constante e irritante monopolio de unos pocos y se distribuya con igualdad y justicia entre todos los agricultores de la provincia", dijo el gobernador Córdoba al lanzar el proyecto. Pasarían 62 años hasta hacerse realidad. La obra se inició el 26 de enero de 1962, durante la administración de Celestino Gelsi, y se habilitó en diciembre de 1965.
El objetivo original del embalse era el riego de una 100.000 hectáreas, sin embargo, de acuerdo con un estudio que realizó Agua y Energía en 1958, el riego ya no era un problema acuciante entonces, sino la provisión de agua potable para San Miguel de Tucumán. De manera que la presa fue usada para estos fines. Surgió luego la idea de que el lago se convirtiera también en una atracción para los tucumanos: era posible bañarse, pescar, navegar en bote y practicar deportes náuticos. En los años siguientes, se construyeron un museo y un anfiteatro, que fueron abandonados con el tiempo. El dique se convirtió en un lugar convocante -lo sigue siendo- durante los fines de semana y el verano.
En los últimos lustros, los gobiernos de turno expresaron su anhelo de contribuir al desarrollo turístico de Tucumán y de posicionarlo como uno de los principales destinos. Desde luego, el dique Gelsi, ubicado a 26 kilómetros de San Miguel de Tucumán, fue destinatario de proyectos y esperanzas que finalmente, sólo quedaron en enunciados. En marzo de 2006, el Ente Tucumán Turismo informó que empresarios porteños estaban interesados en construir un hotel de cuatro estrellas. Al parecer, las tratativas estaban avanzadas, pero la idea no se concretó. Luego de frustrados anuncios, llegó finalmente el catamarán que le dio un toque diferente al lago. Desde hace años se habla de recuperar el museo -se dice que lo están refaccionando- y el anfiteatro para la realización de espectáculos artísticos.
Nos parece positivo que se haya decidido reflotar el anfiteatro al aire libre con un ciclo de veladas musicales que comenzará el 17 del corriente. El titular de Turismo ha señalado que construyeron varios baños nuevos y que ahora son tres los balnearios en los que funcionan bares y sandwicherías y, para los más jóvenes, los campings ofrecen espacio para hacer fiestas y bailar. Sobre el museo, indicó que firmarán un acuerdo con el Ente de Cultura para que en 2010 se reabra al público.
La historia demuestra que una de las principales dificultades de los tucumanos es que nos cuesta hacer realidad las palabras y los deseos. Si en El Cadillal se logra hacer lo que tantas veces se anunció, habremos dado un paso hacia la credibilidad y hacia el desarrollo de la industria sin chimeneas.
10 Enero 2009 Seguir en 







