Marchando al compás de la ley de la calle
El consumo de paco es apenas una faceta de los difícil que resulta ser joven en Tucumán, en la Argentina. Responsabilidades compartidas entre el Estado y la familia. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
Según fuentes de la cartera sanitaria de Tucumán, cada tres días muere en Tucumán un adolescente o joven de entre 10 y 20 años. Las mismas fuentes afirman que la mayoría de las muertes ocurren por ?accidentes?, por crímenes y por suicidios; y añaden que preocupa que la tasa de mortalidad aumente año a año de la mano de la violencia, y que casi todos los decesos podrían ser evitables.
Más del 45 % de las muertes de los adolescentes se producen por causas externas: lesiones en choques, autoinfligidas o producidas en peleas; el resto de los decesos se producen por tumores (11 %), enfermedades del sistema respiratorio (6 %), neurológicas (6 %) y del sistema circulatorio (5%), entre otras, según la cartera de Salud Pública provincial. Llama la atención el primer ítem de la lista: ?lesiones en choques?, es la descripción. No se ahondará aquí sobre las causas, pero se infiere que gran parte de esos accidentes evitables tienen como causantes a las motos. Esas motos que son "La ley de la calle"; tal la consigna elegida por una marca líder de motos para publicitar sus vehículos en la cartelería publicitaria que se puede ver ahora en la vía pública tucumana. Hasta la publicidad profundiza la relación cada vez más estrecha entre la representación del "ser joven" y la representación de la transgresión en su sentido violento. No hay otra ley que la de la calle.
Es la misma ley que la que anima a quienes ayer destruyeron un comedor infantil del barrio Costanera que administra un vecino del lugar, dejando sin comida a más de 100 chicos.
Como ya se ha dicho en esta columna, no se trata de estigmatizar al barrio Costanera por la información cada vez más precisa acerca de la existencia de "paco" en Tucumán.
Las crónicas de LA GACETA de los últimos 10 días sobre el crecimiento del consumo de esa droga letal no tienen otra razón de ser que la de alertar sobre una realidad que de una manera u otra afecta a toda la comunidad tucumana. Pero el "paco" es apenas un capítulo más en ese esquema en el cual el concepto de juventud aparece amarrado al concepto de violencia.
Hay otros "capítulos" igualmente peligrosos, en los cuales el joven se "autoinflinge" violencia, como denuncia la epidemiología de la cartera sanitaria tucumana. Vale preguntarse, por ejemplo, quiénes son los responsables del accidente del chico monterizo que hace 10 días manejaba un cuatriciclo, y que por suerte le escapó a la muerte. No hay dudas en las respuestas: hay responsabilidad en los padres, que deben hacerse cargo de sus decisiones, y en el Estado, que es laxo en sus controles.
Si en la tragedia del "paco" es el Estado el principal responsable, en los capítulos de violencia de los jóvenes de clase media, la responsabilidad es, como se ha dicho con el ejemplo anterior, compartida. Violencia que, por otra parte, a veces aparece envuelta en otros disfraces que morigeran el impacto público, pero no las consecuencias, a largo plazo.
Ayer, en una columna sobre las primeras vacaciones de los adolescentes sin sus padres , la psicoanalista María Elena Elmiger advertía: "debiéramos preguntarnos por qué la moda de la ausencia del NO para los hijos. Todo es posible: exceso de alcohol... todo está permitido. Y cuando en una sociedad todo está permitido, las alas de la omnipotencia crecen con muy mal pronóstico..".
La difusión de la problemática del "paco" ha llevado al Estado a difundir sus acciones al respecto y a enfrentar que en ese rubro tiene una gran deuda social. Pero el verano suele transparentar, también, las deudas compartidas "familia - Estado" cuando se hacen públicos los desbordes que el alcohol y otras sustancias provocan entre muchos adolescentes, faltos de control (estatal) y faltos de contención (paterna). En estos días de verano, y sobre este punto, el IPLA (Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo) y los padres tienen más por hacer que por decir.







