Los pies en la tierra, y la vista en el cielo
Durante meses los funcionarios del area de Seguridad negaron la existencia de "paco", hasta que el problema les estalló en la cara. Los traficantes, en tanto, parecen intocables. Por Juan Manuel Montero - Editor de Policiales.
La emoción debe haberlos embargado. Después de tanto tiempo de no saber de qué se estaba hablando, ayer, por fin, tuvieron en sus manos al demonio. No hicieron falta grandes investigaciones. No fue necesario pedir una orden de allanamiento. No tuvieron que recibir el llamado de un vecino afligido. El dato no provenía de un dealer arrepentido. Nada de eso. Eran nueve papelitos multicolores acomodados nada menos que en el escritorio de un legislador oficialista. Luego de tantas idas y vueltas, la Policía de Tucumán, por fin, secuestró "paco"...
A esta altura, la negativa sonaba a burla. No hay "paco" en Tucumán repetían los policías. No hay "paco" en Tucumán, aseveraban en la Justicia. No hay registro de adictos al "paco" en Tucumán, señalaba el secretario de Prevención y Asistencia de las Adicciones, Alfredo Miroli. Tanta insistencia en soslayar la realidad sonaba sospechosa. El 20 de mayo de 2007, el mismísimo José Ramón Granero, titular de la Secretaría de Programación de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) informaba que habían detectado casos de consumo de "paco" en Tucumán. Lo había dicho quien es el máximo representante a nivel nacional de la lucha contra las drogas, el hombre que depende pura y exclusivamente de la presidenta Cristina Kirchner. Pero no, en Tucumán no hay "paco"...
Hace tres meses, en Mendoza crearon un departamento de Narcocriminalidad. Esa provincia también enfrenta serios problemas con la droga, al ser paso obligado hacia el Pacífico, con los puertos necesarios como para embarcarla hacia Oceanía, Asia o Europa. Pero una parte de los estupefacientes quedan en la zona cuyana. Así y todo secuestran menos droga que en Tucumán. Por nuestra provincia pasan cargamentos de cocaína y, cada vez más, de marihuana. La gestión de José Alperovich comenzó auspiciosamente. Tal vez advirtiendo que el narcotráfico era un flagelo contra el que debía lucharse sin miramientos, elevaron el rango de la entonces División de Toxicomanía y Narcotráfico (Ditonar) para convertirla en Dirección General de Drogas Peligrosas (Digedrop). Pero hoy sigue siendo una dependencia diezmada, que funciona en una precaria sede prestada (el edificio de Marco Avellaneda y Mendoza es del ferrocarril), cuyo personal no supera las 30 personas, y que deben trabajar a sol y a sombra dependiendo en la mayoría de los casos de su propio esfuerzo y, por sobre todo, de la suerte. Hasta hace poco tiempo sólo contaban con dos viejos vehículos. Ahora por lo menos les dieron una camioneta y motos, y está previsto que lleguen dos casas rodantes, que serán utilizadas para los controles en puestos fronterizos. Además se la dotó con dos laptops y se dejó al frente al comisario Fabián Salvatore, quien trabaja desde hace más de 18 años en la misma dependencia y es el hombre más preparado de la Policía para dirigirla. Pero no basta.
El ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, considera que no es necesario en Tucumán crear una dependencia más grande para entablar el combate. Extraño, teniendo en cuenta que el propio gobernador admitió que hay droga en toda la provincia, y que se consume en todos los estratos sociales. Es el mismo gobernador que se opone a despenalizar la tenencia de droga para consumo personal. Es el mismo ministro que el año pasado les dijo a los jueces federales que el personal de la Digedrop sólo estaba capacitado para detener a pequeños vendedores, y que no había posibilidades de investigar a grandes bandas de narcotraficantes. Hoy, el 85% de los detenidos por infracción a la Ley 23.737, de estupefacientes, tienen en su poder unos pocos gramos de cocaína o de marihuana. Durante 2008 la Policía de la Provincia arrestó a 390 personas. Si ya se hubiera despenalizado el consumo, sólo 15 de ellos habrían quedado detenidos. Curiosamente, el 90% de esos acusados fueron sorprendidos en la calle. No hizo falta una investigación preliminar. Se los arrestó in fraganti, en gran parte de los casos, durante ventas callejeras. Entonces no se entiende cómo, si los vecinos de la Costanera vienen denunciando desde junio el accionar de los "transas", como ellos llaman a los vendedores de droga, jamás se haya hecho un operativo callejero (a cargo de la Digedrop, de la comisaría jurisdiccional, del Comando Radioeléctrico o de la Patrulla Motorizada) para sacar de circulación a algunos de ellos. ¿Es preferible detener a un adolescente con dos porros en su poder que atrapar a un tipo que está vendiendo "paco" en plena calle?. Los expertos afirman que esta droga directamente mata. Entonces, además de la intervención del sistema de salud, ¿no sería importante sacar de circulación a quienes están vendiendo esta droga?
Silenzio stampa
Llama la atención el silencio de los responsables del área de Seguridad ante las denuncias de los padres. El jefe de Policía, Hugo Sánchez, no quiso decir nada. Lo único que sí se encargó de poner en claro es que los miembros de la fuerza no están "prendidos" con los traficantes, como afirmaron las madres de los consumidores. Pero de investigaciones u operativos en la zona, nada. En la Justicia Federal dicen que ellos nunca recibieron pruebas suficientes de la venta de "paco" como para ordenar allanamientos o detenciones. También admiten que ninguna fuerza de seguridad secuestró "paco" en Tucumán. Pero entonces, ¿qué es el "paco"? ¿Acaso lo que asusta es su nombre, mediatizado hasta el hartazgo en Buenos Aires? Pues bien, entonces vayamos a la génesis. La base del "paco" está compuesta por cocaína. Si se insiste en que no hay "paco" en Tucumán, ¿Por qué no se secuestran esos sobrecitos que, además de cocaína contienen virulana, vidrio molido, querosene y hasta ácido sulfúrico?
Tal vez la respuesta sea la que un policía le dio a LA GACETA cuando se le consultó acerca de cómo buscaban las avionetas que pasaban con droga por el este tucumano (algunas de las cuales fueron interceptadas en Santiago del Estero): "nos paramos en medio del monte y miramos el cielo". Con semejante investigación, está claro cómo es el proceso de seguimiento de los narcotraficantes en Tucumán.








