Por sus tijeras pasaron personalidades como Paris Hilton, Winona Ryder, Donatella Versace y Cher. Sin embargo, el estilista tucumano Ricardo Rojas confiesa sin reparos que aún conserva sus costumbres argentinas y que extraña la provincia. Convertido en uno de los peinadores favoritos de las estrellas de Hollywood y radicado desde hace años en Nueva York, Rojas sigue creciendo. En medio de la crisis internacional abrió un nuevo salón de alta categoría en Manhattan, aunque debió bajar un poco los precios, según adelantó. Además, lo llaman de los sets de filmación de las producciones más importantes para peinar a estrellas de la talla de Nicole Kidman o Keanu Reeves. De paso por Tucumán para visitar a su familia, Rojas charló con LA GACETA y reveló curiosas anécdotas sobre su relación con las artistas más glamorosas.
-¿Tuviste que chocar muchas veces con la arrogancia de las celebridades?
- No tiene que ver con que sean celebridades. No me pasa muy a menudo, pero sí, hay gente que por tener el dinero suficiente para pagarme cree que puede faltarme el respeto. Si vienen con esa actitud simplemente hago mi trabajo lo más rápido posible y listo.

- ¿Llegaste al punto de tener que correr a alguien de tu salón?
- Sí, una vez. Una señora llegó y puso un pedazo de torta sobre el sillón. Le pregunté por qué hacía eso, ya que yo jamás iría a su casa a hacer algo así. Ella estaba en el lugar equivocado, así que le pedí a mis asistentes que muy diplomáticamente le pidieran que se retirara. Yo pienso que una persona es como un país, es necesario trazar los propios límites.
-¿Cómo pensás que se ordena la secuencia trabajo-talento-suerte?
- Antes que todo eso hay una cuestión de sueño. El sueño es lo que mueve y te hace armar castillos en la cabeza. Lo que sigue es dar el paso, decidirse. La suerte acompaña. Hay un carisma que te hace mantener el equilibrio, uno puede llegar pero lo más difícil es mantenerse, y ahí entra el trabajo y el profesionalismo. La forma en cómo manejas las cosas tiene más peso que la suerte. Cuando alguien se sienta para que yo la atienda mi deber es lograr que se vaya contenta. Ese es mi objetivo. Así es como se trabaja para que las cosas no fallen, eso hace que te llamen una segunda vez, aunque nada garantiza que te llamen una tercera.

- ¿Cuándo llegaron las primeras celebridades?
- La primera fue Donatella Versace, en Nueva York. Con ella trabajé ocho años y llegamos a tener una relación que excedió lo profesional, fue mucho tiempo. Hasta le hice probar las empanadas tucumanas y después ella las hacía llevar desde Argentina. Le encantaban.
-¿Las estrellas son difíciles de tratar?
- Hay algunas que te llaman al set y llegan 25 minutos tarde; tenés un rato para peinarlas mientras hay maquilladoras y asistentes moviéndose por todos lados. Ellas se sientan, las peinás, se paran y sin fijarse te dicen que no les gusta, que les cambiés algo. Después se fijan y en realidad les encanta. Son gajes del oficio, así es mi trabajo. Yo las dejo que miren, les hablo y terminan contentas. Todo el tiempo están tratando de que rebase el vaso, pero no puedo permitir que eso ocurra. Lo más gracioso es que los publicistas que acompañan todo el tiempo a las celebridades son más complicados, ellos se sienten las verdaderas estrellas del espectáculo.
- ¿Quién es la más caprichosa?
- Paris Hilton, sin duda. Trabajé con ella y con la hermana. Todo el tiempo está diciendo: "quiero esto" o "quiero lo otro"; "esperame, ¿me esperás?"... Pero nos divertimos muchísimo cuando voy a Los Angeles.
- ¿Asististe a hombres?
- Sí. A Baz Lührmann, el director de "Australia". Y también a Keanu Reeves y a Antonio de la Rúa, que tiene acento colombiano pero después le sale el porteño. Me da lo mismo trabajar con hombres o mujeres, aunque los hombres son más demandantes.
-¿Qué tal te fue el año que pasó?
- Fue muy importante porque en medio de la crisis logré abrir un nuevo salón con un concepto boutique, más personalizado. Está ubicado en Lower East Side, lo que sería la última zona bohemia de Nueva York. Es todo negro con algunas paredes de vidrio, los espejos los traje de Venecia y son todos ornamentales, las sillas son estilo Luis XV forradas en tela color rosa. Tiene mucho de Rock & Roll, diría que es un underground con estilo. Otro trabajo que hice fue para la publicidad de la película "Australia". Ahí traté con Nicole Kidman, entre otras grandes estrellas; realmente son laburos que te impresionan, compartir la pasión por el trabajo es algo que moviliza.
- ¿Y a este salón también empezaron a llegar las celebridades?
- Con la mayoría trabajo en los sets de filmación pero ya tuve cinco famosas en mi salón, que lleva sólo siete meses trabajando. La primera que llegó fue Christie Brinkley, modelo y ex esposa de Billie Joel. Luego Salma Hayek y Jennifer Coolidge (la mamá de Stifler en la película "American Pie") con quien nos hicimos muy amigos. De hecho, estuve a punto de traerla a Tucumán, más ahora que se acaba de pelear del novio. También fueron Michele Williams, la viuda de Heath Ledger, y la cantante Melissa Etheridge.
Las clientas preferidas
Ricardo Rojas trabaja mucho con Paris Hilton, pero también peinó a Paula Abdul y a la cantante mexicana Paulina Rubio. Entre sus clientas preferidas se encuentra también Fran Drescher, la protagonista de la famosa sitcom "La niñera". "Ella es tan simpática y sensible como su personaje en la tira de televisión", dijo. En tanto, de Rubio señaló: "ella es pura energía".





