La compleja realidad que refleja la violencia como mal enquistado en el fútbol sumó durante la semana que pasó tres episodios disímiles pero unidos por este flagelo. Las páginas de deportes de los diarios, los noticieros de radio y de televisión, y los sitios de internet se vieron ocupados por informaciones que marcan con crudeza que los violentos están muy lejos de pasar a ser sólo un mal recuerdo. La aparición de un video protagonizado por el supuesto asesino de Gonzalo Acro; el tiroteo entre hinchas de Belgrano y el ambiente de amenazas previo al partido entre Huracán y San Lorenzo -finalmente suspendido por la lluvia- no son más que nuevos tristes capítulos de una historia de nunca acabar.
El caso Acro volvió a ocupar los titulares luego de que los abogados de Alan y William Schlenker, los principales sospechosos de ser autores intelectuales del hecho, presentaron un video en el que Ariel Luna, un barrabrava de River, confiesa haber sido el autor material del crimen. El hecho fue conocido por la opinión pública como una pelea intestina entre facciones adictas a los “millonarios” que devino en el asesinato. En la sórdida historia se mezclan disputas políticas en la conducción del club y operaciones financieras de las que participan no sólo barrabravas sino también dirigentes. El funesto desenlace fue consecuencia directa de una batalla que sostuvieron los grupos antagonistas en 2007.
Lo sucedido en Córdoba con los hinchas de Belgrano, actualmente en la B Nacional, se engloba en una situación similar a la de los de River: disputas por poder. En ese caso, los hechos se sucedieron al final del partido que los “piratas” jugaron con Tiro Federal, de Rosario, y dejaron como saldo cuatro personas heridas.
En medio de los dos hechos surgió una tercera historia referida al partido Huracán-San Lorenzo, sobre la cual mucho se habló en las últimas semanas. El sombrío pronóstico de “las dos v” (venganza y violencia) resonó una y otra vez en las oficinas de la Subsecretaría de Seguridad de Espectáculos Futbolísticos de Buenos Aires. Obraron como disparadores para poner en máxima alerta a las fuerzas de seguridad dichos en foros de internet que clamaron venganza, alentaron un clima de guerra entre las barras y dejaron entrever zonas pactadas como “de encuentro” beligerante.
El clásico ya era problemático como consecuencia de la muerte del barrabrava de Huracán, Rodrigo Silvera, recientemente asesinado de un balazo por hinchas de San Lorenzo. Ello motivó que se desplazara la sede del cotejo de Parque Patricios a La Boca y que se destinaran más de 1.000 efectivos para salvaguardar el espectáculo, para lo cual se invirtió una fortuna. La paradoja es el que partido se suspendió; pero no por la violencia sino por la tormenta que se abatió sobre Buenos Aires al momento de su disputa. Pero antes de este inesperado resultado, fueron valiosas las declaraciones de los entrenadores de ambos clubes, quienes, en medio del clima hostil y decididamente alejado de la esencia que debe imperar en toda justa deportiva, buscaron poner paños fríos. “Todos somos responsables de la seguridad en una sociedad que pretende no ser violenta. Cada uno tiene que hacer su parte”, señaló Russo, técnico de San Lorenzo. Angel Cappa, de Huracán, deseó un cotejo en paz. “Esto es sólo un partido de fútbol, es decir una fiesta y no un drama. A veces la gente se excede en la pasión y todas las frustraciones que produce la sociedad injusta en que vivimos se llevan a una cancha. Pero para pelear contra las injusticias hay otros terrenos”, sentenció.
Sin dudas, ambas reflexiones asoman como un bálsamo para ahuyentar los fantasmas de la violencia.
01 Diciembre 2008 Seguir en 







