Duros cuestionamientos a la relación Chávez-Kirchner

Reflexiones de Asdrúbal Aguiar, político, jurisconsulto y catedrático venezolano, en entrevista exclusiva con LA GACETA realizada en España.

EXPOSITOR. Aguiar habla durante la última asamblea de la SIP, en Madrid. GENTILEZA IRENE BENITO
EXPOSITOR. Aguiar habla durante la última asamblea de la SIP, en Madrid. GENTILEZA IRENE BENITO
30 Noviembre 2008

MADRID (Irene Benito, exclusivo para LA GACETA).-  El hablar pausado del abogado y político venezolano Asdrúbal Aguiar contrasta con la firmeza de sus valoraciones. “La cooperación entre Argentina y Venezuela engendra fenómenos de corrupción muy grandes y de gravedad extrema”, asevera. Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (1992-94), ministro del Interior y canciller del gobierno de Rafael Caldera (1994-98), Aguiar precedió en la cabeza del Ejecutivo a Hugo Chávez.
En la Argentina, donde se desempeña como profesor universitario de posgrado, se dedica a analizar la marcha de la democracia en Hispanoamérica, un sistema de gobierno que, en su opinión, está en crisis en la región. En ese contexto, Aguiar asegura que Chávez y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner mantienen relaciones poco transparentes, cuyas aristas visibles son el escándalo de la valija con U$S 280.000 supuestamente destinados a financiar la campaña de Fernández y el negocio de la venta de bonos públicos a Venezuela.

-¿Por qué considera que esta transacción es ilegítima?  
-La compra de los bonos argentinos se comenta con asombro e incomodidad en Venezuela, porque enriqueció a un grupo de políticos y empresarios vinculados con el gobierno de Chávez. No sé si en la Argentina se sabe que en Venezuela existe un control de cambio muy riguroso. Ningún ciudadano puede disponer de más de U$S 5.000 al mes, ni siquiera con tarjeta de crédito. El gobierno venezolano compró los bonos argentinos en dólares y los vendió a sus amigos a la tasa de cambio oficial, la única que puede usar para este tipo de operaciones. Pero los sectores privilegiados revendieron esos títulos en el mercado paralelo, donde obtuvieron ganancias astronómicas y evidentemente corruptas. Baste hacer cálculos: en Venezuela, el dólar oficial cuesta 2.500 bolívares, y el cambio en el mercado paralelo oscila entre los 3.500 y los 4.500 bolívares.

-¿Hay sintonía ideológica entre Chávez y Kirchner?
-La relación es netamente pragmática. Me permito censurarla porque el utilitarismo, que tanto se ha criticado en la política de Estados Unidos respecto del continente, sigue dominando las relaciones hemisféricas. Chávez, es verdad, ha ayudado a Argentina con recursos financieros cuando estos eran necesarios para solventar parte de la deuda. Pero esas ayudas están atadas a contraprestaciones políticas. Y eso implica, por ejemplo, que Chávez pueda hacer en Argentina lo que no podría en otros territorios, como ofender a terceros países sin que nadie le ponga límite.
 
-¿Qué opina de la actitud de los gobiernos en la investigación judicial de la valija del venezolano Guido Antonini Wilson?
-El caso revela un deterioro en la gestión pública de Argentina y Venezuela, donde están ausentes los controles y existe una suerte de Estado invisible, que excluye a la prensa y que la sociedad intuye, pero desconoce por completo. Ese Estado paralelo, contrario a la transparencia que reclama la democracia, es producto de la precariedad institucional. Lo más insólito de este escándalo es que los gobiernos argentino y venezolano se han limitado a desacreditar a los tribunales de Miami, donde declaran los particulares de una forma abierta y a la luz. Quizá preferirían que el juicio transcurriese dentro de cavernas oscuras donde la opinión pública no tenga cabida.
 
-Chávez, sin embargo, lleva diez años en el poder y desliza que tiene los avales para una reforma constitucional que habilite la reelección indefinida…
-El presidente se vale del modelo populista que promete redimir a los pobres. Pero el populismo ha regresado porque hay una crisis de la vieja institucionalidad democrática. Es un vacío cívico que llenan con gran facilidad, aunque sólo en la coyuntura, los traficantes de ilusiones y los predicadores de oficio. No son sólo los sectores pobres: la mayoría siente que ha perdido la condición de ciudadanos frente a Estados totalmente insensibles. Este es el recurso del chavismo, que al fin de cuentas ofrece al pueblo la antigua alternativa totalitaria. Es decir, la del Estado tutor, que piensa y decide por el ciudadano con la promesa de construir una sociedad nueva y distinta. Sobre esto existe una larga experiencia en la región. No hay que llamarse a engaño.

 

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