Puro cuento

El poder político ha hecho de la Justicia la Cenicienta del desastre institucional. La oposición, en tanto, parece embrujada por la zanahoria de la banca del tercer senador. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

29 Noviembre 2008
El sistema republicano es, en Tucumán, un cuento. Y en él, la Justicia, por determinación de los poderes políticos, es la Cenicienta. Sus dos hermanastras, la Casa de Gobierno y la Legislatura, decidieron que el Poder Judicial sea la fregona del desastre institucional que se empecinan en profundizar.
Las declaraciones del vicepresidente de la Cámara, Regino Amado, cuando estuvo a cargo de la gobernación, confirmaron lo que se había anticipado: el alperovichismo asume que en los Tribunales van a tener que aceptar la abominable Ley 8.136 (y su perverso sistema de designación de jueces interinos mediante el dedo decisionista del gobernador), o van a sufrir una intervención federal. Es decir, tienen que ponerse de rodillas por las buenas (como la inclinada Legislatura tan mansamente aceptó) o los van a arrodillar por las malas.
La ley provincial de subrogancias ya constituye una semiplena prueba pro intervencionista. "Declárase la emergencia del Poder Judicial ante la grave situación institucional relacionada con cobertura de vacantes?", maldice el artículo primero, que convoca a los demonios federales en nombre del colapso del servicio público de justicia. En rigor, la única "grave situación institucional" es que un poder haya declarado la emergencia de otro poder, sin que el afectado lo solicitara.
El desprecio del oficialismo hacia la Justicia no se disimula. De hecho, la nefasta Ley 8.136 es la manifestación formal de un proceso de crisis generado por el alperovichismo. Desde que llegó al Gobierno, a fines de 2003, no hizo más que manosear el sistema de designación de jueces. Comenzó por derogar el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) que regía desde principios de los 90; aplicó un sistema de selección a dedo; quiso resucitar al CAM (ignominiosa reforma constitucional mediante) como una farsa dominada por una mayoría de políticos... Sólo consiguió fue dejar a la provincia sin un mecanismo decente para nombrar jueces.
A la par, el oficialismo legislativo aceptó sin chistar el cargo de verdugo de la Justicia. Sancionó la aberrante ley de jueces interinos (amablemente proyectada por un círculo de jueces en nombre de la Asociación de Magistrados). Luego, uno de sus miembros la promulgó (el presidente subrogante Sergio Mansilla, ante la ausencia del gobernador y el vice). Y ahora, por boca de otro de sus referentes, hace público un artículo no escrito: "El Poder Judicial rechazará cualquier objeción contra esta norma, so pena de ser intervenido". Son las campanadas que avisan a la Cenicienta que cayó la noche para ella.

El dedo mágico
Las tinieblas cubren no sólo el Palacio de Tribunales sino a la sociedad toda. Porque el copamiento de la Justicia es el preludio del despotismo. El que advino en otras provincias, sobre todo durante los 90, mostró dos caminos. En uno, se sometía primero a las instituciones intermedias (asociaciones profesionales, la prensa, los sindicatos) y luego se tomaba por asalto a una Justicia para entonces aislada y, por tanto, indefensa. La otra vía era inversa: se liquidaba a la Justicia y luego se sojuzgaba al resto de las instituciones. Porque aquí, sólo los optimistas pueden creer que el avasallamiento de la Justicia se reducirá a que no prosperen las denuncias contra del Gobierno. Lo que viene, en realidad, es que el Gobierno será el gran denunciador, para intentar quebrar, por vía tribunalicia, a los que su dádiva no consiguió convertir.
En el cuento de hadas de la Cenicienta, lo que parece un carruaje es un zapallo y donde había corceles sólo hay ratones. En el cuento de terror que es la institucionalidad tucumana, lo que para el Gobierno parece un sistema de nombramiento de jueces interinos es, en realidad, una bolsa de trabajo para abogados. En contra del principio de especialización del derecho, encarnado por la organización misma de los tribunales en fueros específicos, hay letrados que se anotaron para cualquier vacante de entre 14 despachos distintos. La cuestión es conseguir trabajo de juez.
Por cierto, donde había una república ahora hay dedocracia.

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Ya no son manzanas
En el plano político, el cuento tucumano es el de Blancanieves. Ella vendría a ser la representación popular, que buscará su príncipe azul en los comicios del 25 de octubre de 2009. Para el común de los mortales, el año que viene. Para cualquier político con dos dedos de frente, apenas dentro de 47 semanas.
Para el alperovichismo, el escenario es complejo: debe librar elecciones después de la crisis con el campo (pelea que la Nación perdió feo), divorciado de una porción importante de la clase media. Los comicios, para peor, serán netamente nacionales: deben renovarse cuatro diputados y tres senadores, que votarán los proyectos que remiten Cristina y Néstor. O viceversa.
En este contexto, no hay manzana envenenada sino zanahoria: la de la banca del tercer senador nacional. Como esa poltrona le corresponderá a la oposición, el alperovichismo confía que funcionará como un embrujo que divida fatalmente a los opositores. Y parece que así funciona.
En el orden nacional, la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista y la Coalición Cívica tejen acuerdos que, como de costumbre, se circunscriben a la Pampa Húmeda. Y en Tucumán, corazón del suptropical Noroeste Argentino (tan alejado de Buenos Aires) ya hay algunos velados chisporroteos. En concreto, voceros del movimiento de Elisa Carrió (con teléfono directo con el influyente Alfonso Prat-Gay) pretenden que para ese sector, la candidatura de José Ricardo Falú como primer senador nacional es, simplemente, innegociable. Y en el radicalismo, a donde ya llegó el telegrama colacionado, el asunto es, sencillamente, inadmisible.
Un grupo de los "correligionarios" quiere ese lugar para José Ignacio García Hamilton. Otro lo quiere para el legislador José Cano. Y en lo que ambos bandos coinciden, frente a las intenciones de terceros, es que cualquier diferencia debe dirimirse mediante internas abiertas.
En la Coalición Cívica aseguran que ese asunto será decidido en Buenos Aires. Y, detalle importante, recuerdan que el distrito Tucumán de la UCR está intervenido por el Comité Nacional.
Los radicales, en tanto, se reunieron ayer con los socialistas (sacaron 40.000 votos hace dos octubres) y con ruralistas autoconvocados, con la intención de presentarse todos juntos, en sociedad, la semana que viene.

Alambrando el interior
Fernando Juri, a su vez, alista el Movimiento Productivo Argentino, con la bendición de Eduardo Duhalde, pero también con la del macrismo y con la de Recrear.
El lanzamiento de la filial tucumana del MPA (fachada de un espacio de construcción política multipartidaria) tuvo dos lecturas para el entorno del gobernador. La más pública consistió en minimizar el impacto del acto, sobre la base de que no hubo un solo legislador presente, cuando Juri presidía la Cámara hasta hace un año atrás. A puertas cerradas, en cambio, el alperovichismo admite inquietud por la aparición del ex vicegobernador: es un competidor dentro del peronismo, donde la cantidad de "disidentes" es importante. Para ellos, Juri encarna la posibilidad de votar contra el gobernador mediante el apoyo a un "compañero".
Por eso, el Ministerio del Interior salió -para decirlo en términos alperovichistas- a "alambrar" las comunas. En cada pueblo, hubo entre cuatro y cinco candidatos a comisionados y, en muchos casos, el ganador obtuvo no más del 30% de los votos. Los perdedores eran, según el Gobierno, tierra fértil para el jurismo, así que decidieron, cargos mediante, darles "contención" (esa amplia palabra justicialista).
El resto del espectro opositor no luce menos fragmentado. FR parece haber vuelto a su ortodoxia antifrentista. En el otro extremo, los partidos de izquierda no muestran aún voluntad de acuerdos. El laborista Osvaldo Cirnigliaro siempre avisa a último momento si saldrá al ruedo o no. Gumersindo Parajón no descarta competir con Pueblo Unido. Y no hay que olvidarse de los aliados no peronistas del Gobierno.
El martes, los legisladores "cobistas" Roberto Palina, Ramón Graneros y Jorge Mendía analizaron si competirán como grupo político en 2009. Esperan el aval alperovichista para decidirse.

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Mentidero oficialista
La pócima secretade la zanahoria del tercer senador no consiste tanto en dividir a la oposición en los hechos como en convencer a cada una de esas fracciones de que ellas compiten por el segundo lugar. Porque lo tentador de la banca para la minoría es que no depende de un coeficiente matemático de votos, como las diputaciones (se calcula que el mínimo para conseguir un escaño en la Cámara Baja rondará los 80.000 sufragios). En el caso senatorial, en cambio, basta con sacar un voto más que el tercero para llegar. Y si todos competirán para ser segundos, el mensaje es que el oficialismo es el primero indiscutido. Los otros son los siete enanitos.
Ahora bien, en el alperovichismo también hay varios que se muestran deseosos de morder la zanahoria. La Casa de Gobierno es un hervidero de chismes y desmentidas al respecto.
En limpio (y considerando que hasta el gobernador anunció que su esposa es la mejor candidata para liderar la nómina de senadores), el Plan A consiste en que el intendente Domingo Amaya sea el segundo senador. El "colorado" ya dijo que no, pero en las últimas semanas, la Casa de Gobierno apeló a operadores de la Casa Rosada para que el propio kirchnerismo le pida al jefe municipal que acepte la partida. En su entorno niegan a muerte que vaya a dar el "quiero", con el cual el mandatario provincial sacaría de la provincia (y de la Municipalidad de la capital, segundo presupuesto público de Tucumán) a un eventual competidor.
El Plan B es que el segundo senador sea el secretario de Obras Públicas de la Nación, José López, un hombre que goza del afecto societatis del gobernador, y que necesita de fueros en el corto plazo mucho. Un funcionario de primera línea cuenta que el mandatario, cuando conversa por teléfono con el funcionario, lo saluda llamándolo "mi senador". Parece que López contestó: "esperame". Es decir, está muy bien bajo la sombrita de Julio De Vido (la billetera más rápida del país). Pero si caen en desgracia, aceptará el convite tucumano.
El Plan C es el entorno. Según coinciden media docena de colaboradores, el diputado Gerónimo Vargas Aignasse divide las aguas: cuenta con el apoyo del sector que responde a la primera dama, pero no gozaría de la confianza del mandatario. "José es capaz de darle la segunda senaduría a Juri antes que a Gerónimo", se despachó un ministro. El que niega tener intenciones de ir a la Cámara Alta, pero trabaja a destajo en la reorganización del PJ en el interior, es el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez. En la inauguración de la unidad básica número 240, en Concepción, el pasado 17, fue cubierto de elogios por la presidenta del PJ.
Otros afirman que el candidato in pectore del jefe del Ejecutivo es el ministro de la Producción, Jorge Gassembauer: su operador de confianza. Y hay una variante más: la de que el verdadero candidato a senador en segundo término no sea el que tendrá el nombre impreso en el voto (renunciaría antes de asumir) sino quién irá como primer suplente: y ahí se abre una larga lista de fieles alperovichistas que no son muy presentables al padrón de votantes, razón por la que irían en la letra chica de la boleta. En ese caso, José Alperovich sería el candidato segundo senador suplente, y no el primero, como se especula en los otros escenarios.

Nadie come perdices
La gran duda oficialista pasa por otra elección: la de una nueva reforma constitucional para habilitar más reelecciones consecutivas y, de paso, algún sistema de nombramiento de jueces. Los devaneos pasan por saber si se debe hacer antes o después de octubre, en desmedro de una oposición que debería costear dos comicios en un año; o si deben convocarse junto con la elección nacional, para provincializarla. El temor común es que, en cualquier caso, los adversarios encontrarían en la resistencia contra una nueva enmienda el argumento de unidad del que hoy carecen.
Cualquiera sea el caso, un par de miembros del alperovichismo repite un axioma como si fuera una verdad revelada: "sin 2009, no hay 2011 ni siquiera para nosotros". Por eso, como dice un hombre de la mesa chica del mandatario, "el año que viene ponemos toda la carne en el asador". En realidad, ya empezaron: tiraron la Justicia a las brasas.
Y colorín colorado, la institucionalidad provincial se ha terminado.

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