High School Musical 3: la graduación
Una fórmula que funciona bien. Los "linces" llegan al final de su último año de estudios en la escuela secundaria y, antes de emprender caminos diferentes en su formación posterior, ensayan y estrenan una representación teatral en la que escenifican sus viviencias y sus expectativas. Buena. Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción LA GACETA
Una clave: en la primera escena, el equipo de básquet de los “Linces” va perdiendo el partido final entre las escuelas secundarias. El entrenador reúne a los jugadores en el entretiempo y les advierte que los próximos minutos serán muy especiales porque serán los últimos en los que estarán todos juntos sobre la cancha. En realidad, el personaje le está diciendo al público que se prepare para ver por última vez a sus ídolos en acción. Y los adolescentes y los pre-adolescentes que llenan la platea entienden el mensaje y disfrutan cada minuto del filme.
La trilogía de High School Musical surgió de un minucioso análisis realizado por la factoría Disney para detectar las preferencias de un sector muy preciso (y potencialmente muy rentable) del público. La fórmula que se elaboró permitió realizar tres filmes: dos, ya han rendido jugosos dividendos; y este epílogo seguramente no se quedará atrás en cuanto a recaudaciones.
La película en sí no ofrece ninguna sorpresa: los personajes, archiconocidos por el público, se comportan de acuerdo con sus respectivas personalidades ante la presión que significa el final de la escuela secundaria y la necesidad de decidir los próximos pasos que darán, que los convertirán en personas adultas. La sensación de irrealidad es permanente (no hay un papel en el piso ni una pared manchada en toda la escuela, por ejemplo) pero eso no es lo que importa. El resultado es un filme entretenido, argumentalmente elemental, sin otra pretensión que divertir. Cumple acabadamente con esos objetivos. Y para los fanáticos de la serie, viene a ser una suerte de frutilla del postre para una saga que demostró efectividad.





