"El único que me puede juzgar es Dios"

La ex agente de Policía Ema Gómez recuperó la libertad el martes y esperará hasta el próximo año el debate oral por el homicidio.

EN EL OJO DE LA TORMENTA. Gómez, en presencia de su abogado Mario Mirra, dijo que la sociedad apuntó contra ella “con los 10 dedos”. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
EN EL OJO DE LA TORMENTA. Gómez, en presencia de su abogado Mario Mirra, dijo que la sociedad apuntó contra ella “con los 10 dedos”. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
27 Noviembre 2008

"Ni bien llegamos a mi casa, cumplí mi promesa: bajé del auto de mi papá, me puse de rodillas y entré así hasta el living. Me quedó todo el jean con tierra. Me abracé con todos. Mi mamá había preparado pizza, que es mi comida preferida. Y de postre había una torta helada. ¡Con lo que extrañaba comer helado!"
Ema Gómez llevaba pocas horas en libertad cuando aceptó dialogar con LA GACETA en el estudio de su abogado, Mario Mirra. "La sociedad es sucia. Todo el mundo me señaló con los diez dedos, pero yo soy inocente y tengo cómo probarlo", afirma. También hay temas que no querrá tocar, como qué es lo que vio la tarde del 26 de noviembre de 2004 en la casa del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz, de cuyo crimen está acusada.

- ¿Cómo cree que la ve la sociedad?
- La gente ya me ha condenado, pero el único que me puede juzgar es Dios. Desde mis pequeñeces hasta mis locuras, porque las rejas te vuelven loca. Quedé muy expuesta. Me exhibieron en una pantalla como si fuera la escoria de la sociedad, lo peor de la Policía. Mientras tanto, jamás se le dio la oportunidad de nada a Ema Gómez.

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- ¿Se encontró con un mundo distinto después de tanto tiempo (cuatro años) tras las rejas?
- Sí, las cosas han cambiado mucho. Mis hijos también están más grandes. Cuando me detuvieron eran muy niñitos. Nadie me va a devolver los cuatro años que pasé ?guardada?.

- ¿Cómo fue el reencuentro?
- Facundo, que tiene 12 años, me abrazó fuerte y me dijo: "mamá, sos mi ídola. A esto te lo voy a decir porque ya estoy grande: yo te amo" (Gómez sonríe y hace un breve silencio). Jessica, de 10, se emocionó y me dijo: "sos la mamá más joven y más linda del mundo. No te voy a dejar ni dormir la siesta, porque quiero pasar mucho tiempo con vos".

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- ¿Le trajo complicaciones el hecho de ser ex agente?
- El encierro fue muy duro y tuve muchas dificultades allí dentro. No es fácil convivir con gente que una había detenido. A veces, me paraba en un pasillo y pasaban chicas que yo había atrapado.

- ¿Qué expectativas tiene respecto de la causa?
- Quiero que esto se esclarezca. Ya que durante cuatro años no hicieron nada, espero que en 2009 puedan resolver el caso. Porque yo también soy una víctima. Se me detuvo por un delito aberrante como es un homicidio; pero soy inocente y tengo cómo probarlo. Quiero que esto se resuelva para que él (por Aráoz), su familia y la mía estemos en paz.

- ¿Qué opinión tiene de la investigación del caso?
- No se respetó nada. No les importó el Pacto de San José de Costa Rica ni el Código Penal. Estos jueces no son como Agustín, que era muy sabio. Respetaba siempre todos los códigos. Para Ema Gómez no hubo justicia.

- ¿Aún cree que al juez Aráoz lo mató una mafia policial?
- Hay cuestiones de fondo muy complejas, pero a eso lo deben manejar los jueces. Lo único que puedo decir es que tanto el doctor Aráoz como yo, mientras estuvimos juntos, fuimos muy cuestionados por nuestra relación. Yo manejaba su agenda y sus temas privados, y sé que había un grupo de gente alrededor que nos apuntaba con el dedo y nos seguía. Si hasta nos sacaban fotos. Sin dudas que hay cuestiones de fondo; pero qué es lo que hay, lo tienen que investigar las personas que están para eso.

- Los investigadores creen que usted mató al juez por un conflicto amoroso...
- El doctor (Guillermo) Herrera tiene esa opinión del caso, pero me parece que para ser fiscal a él le faltan todavía un par de años más.

- ¿Qué pasó esa tarde en la casa del juez?
- De ese tema prefiero no hablar, pero fue el peor día de mi vida. Sin palabras.

- ¿Cómo era su relación con él?
- Estábamos muy enamorados. Compartimos ocho meses, y ya había planes de tener un bebé, de vivir juntos. El tenía nueve hijos, y me decía: ?quiero el 10?".

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