El problema medular del país aún es el déficit fiscal

El Gobierno debe resolver la caída del dólar y buscar alternativas que no ocasionen una pérdida de liquidez a los bancos.

26 Enero 2003
Sobresalen dos aspectos en el plano financiero: el acuerdo de mínima con el FMI y la continua baja del dólar. El entendimiento al que se llegó con el FMI está dentro de lo esperado. Un acuerdo de transición que responde más a presiones políticas que a convicciones propias, puesto que la exigencia de un "plan sustentable" no se ha cumplido.
Se acordaron ciertas pautas de orden monetario, fiscal y un mínimo de reformas que deberán concretarse durante la próxima gestión. Al acordarse con el Fondo hay siempre una pregunta latente: ¿será posible lograr el superávit fiscal que se establece? Porque la verdad es que la economía sigue en recesión. Sí, hay sectores que dejaron de caer y otros que repuntaron levemente, pero no hay una recuperación generalizada de la actividad económica. En estas circunstancias vuelve a surgir el problema medular de la economía argentina: el déficit fiscal. Esto se relaciona con el esfuerzo del Gobierno por evitar que siga retrocediendo el precio del dólar. Como se sabe, las retenciones a las exportaciones vigentes, han sido el año pasado una importante fuente de recursos tributarios, por lo que al caer el dólar tienden a resentirse los ingresos fiscales.
La significativa caída en la demanda de dólares se explica en gran parte por dos factores: el incentivo que proporcionan las tasas en pesos y el bajo nivel de actividad que hace que el sector privado (productor de bienes transables) y el sector público no tengan el suficiente excedente en pesos para comprar los dólares necesarios y cumplir con sus obligaciones en el exterior. Es decir que hay un problema esencial de falta de pesos. Esto se debe a que la pérdida de rentabilidad de las empresas del sector ligadas al mercado interno no tienen flujo de fondo en pesos suficiente para deudas en moneda extranjera. Por su parte el Estado no necesita hacerse de grandes cantidades de dólares al haberse refinanciado obligaciones con los organismos multilaterales.
Así, se observa que los depósitos en pesos continúan creciendo. Esto demuestra que a pesar de que las tasas ofrecidas por los bancos han disminuido, los plazos fijos continúan siendo una alternativa rentable. Otro hecho que afirma la demanda de pesos es que no obstante haberse pagado la primer cuota de los Cedro (originalmente plazos fijos en moneda extranjera) no hubo salidas netas de fondos del sistema. Se da entonces una situación de un fuerte excedente de divisas en el mercado, lo que retroalimenta las expectativas de que en el corto plazo el dólar seguirá con su actual tendencia, una suerte de comportamiento tipo manada que produce una corrida hacia abajo. La contrapartida es la fuerte expansión monetaria que produce la compra de divisas por parte del Banco Central, que en parte es contrarrestada por el crecimiento de depósitos y la consiguiente acumulación de liquidez de los bancos y la colocación de letras (Lebac) por la autoridad monetaria.
Se plantea así un dilema para el Gobierno. Por un lado, no puede dejar caer el dólar porque debilita el frente fiscal y no cumple con el FMI, pero sostenerlo implica expandir el volumen de pesos lo que traería presiones inflacionarias. Para evitar este efecto habría que alentar alzas aún mayores en las tasas de interés, para absorber el exceso de pesos, pero esto acentuaría la tendencia bajista del dólar. El Banco Central se vería obligado a comprar mayores cantidades de dólares al tiempo que debería acelerar el ritmo de colocación de Letras haciendo que suba la tasa de interés aún más. Por el contrario, inducir descensos en los rendimientos en pesos alentaría la demanda de dólares pero disminuirían los depósitos comprometiendo la liquidez de los bancos que tienen que afrontar retiros vía amparos judiciales y cuotas de depósitos reprogramados.
Dólar alto implica salarios deteriorados, y altas tasas implican seguir retrasando la inversión productiva porque se sigue postergando el crédito. Sabido es que si no se recupera la inversión de largo plazo, que debe ser financiada adecuadamente, el desempleo alto persistirá, el salario continuará deprimido y la insuficiencia de demanda agregada se traduce en bajos niveles de recaudación tributaria, lo que lleva a que se mantengan impuestos distorsivos, como las retenciones, y se centre la política económica en una ingeniería financiera más que en un esquema de crecimiento sostenido. Mientras tanto el sistema financiero espera definiciones. Captar depósitos de corto plazo soportando altos costos operativos y financieros sin efectuar inversiones rentables, no es la esencia del negocio bancario. Hay que tener en cuenta que sin crecimiento los vaivenes financieros nunca tienen un rumbo definido.

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