24 Enero 2003 Seguir en 
El veto a la Ley de Protección Azucarera, propiciado por el presidente Eduardo Duhalde a principios de este mes, reabrió el debate sobre la posición del azúcar nacional en el marco de las prioridades del Estado argentino. La decisión de Duhalde dejó en claro un aspecto: que hoy por hoy el Gobierno prefiere estrechar vínculos con Brasil -que impulsa la eliminación de las barreras arancelarias al azúcar- por sobre el destino de la principal actividad productiva del NOA.
Javier Manuel Ibáñez, un ingeniero azucarero argentino que presta asistencia a empresas brasileñas vinculadas al sector sucroalcoholero de ese país desde hace 9 años, asegura que el gobierno de Brasil no subsidia la producción de caña, como afirman los productores argentinos.
Recibido en en el Instituto Azucarero de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), Ibáñez sostuvo ante LA GACETA que el sector privado brasilero fue bastante discreto y elegante respecto del azúcar en el Mercosur, único producto que quedó fuera del bloque comercial. "Esa paciencia proviene de la seguridad de que la integración de este mercado es fundamental para el fortalecimiento de las economías de los países miembros, proceso que debe prevalecer sobre intereses localizados", expresó.
El especialista considera que no hay amparo en el lenguaje de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para lo que la Argentina llama subsidio al programa brasilero de alcohol. "La competitividad del azúcar de Brasil no resulta de la intervención gubernamental, sino de las condiciones de producción, de organización y de tecnología del sector", recalcó. "Esta competitividad es estructural, proviene de una producción expuesta directamente a la concurrencia internacional, sea compitiendo en los mercados mundiales, sea en el mercado nacional brasilero", sostuvo.
Sin controles
Ibáñez asegura que la producción y la venta de caña, de azúcar y de alcohol no obedecen a ningún control cuantitativo o de precios por parte del gobierno brasileño, y que no existen cuotas de producción o de comercialización en el país vecino.
"En el área de comercio exterior, las exportaciones son libres, realizadas por cuenta y riesgo de los agentes privados. Los precios de los tres productos -caña, azúcar y alcohol- en el mercado interno brasilero se orientan por las reglas del mercado", agregó. "Por lo tanto, la producción en Brasil no es subsidiada, como se alega. Sus bajos costos provienen de ganancias en escala, naturales en cualquier actividad económica", subrayó.
Javier Manuel Ibáñez, un ingeniero azucarero argentino que presta asistencia a empresas brasileñas vinculadas al sector sucroalcoholero de ese país desde hace 9 años, asegura que el gobierno de Brasil no subsidia la producción de caña, como afirman los productores argentinos.
Recibido en en el Instituto Azucarero de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), Ibáñez sostuvo ante LA GACETA que el sector privado brasilero fue bastante discreto y elegante respecto del azúcar en el Mercosur, único producto que quedó fuera del bloque comercial. "Esa paciencia proviene de la seguridad de que la integración de este mercado es fundamental para el fortalecimiento de las economías de los países miembros, proceso que debe prevalecer sobre intereses localizados", expresó.
El especialista considera que no hay amparo en el lenguaje de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para lo que la Argentina llama subsidio al programa brasilero de alcohol. "La competitividad del azúcar de Brasil no resulta de la intervención gubernamental, sino de las condiciones de producción, de organización y de tecnología del sector", recalcó. "Esta competitividad es estructural, proviene de una producción expuesta directamente a la concurrencia internacional, sea compitiendo en los mercados mundiales, sea en el mercado nacional brasilero", sostuvo.
Sin controles
Ibáñez asegura que la producción y la venta de caña, de azúcar y de alcohol no obedecen a ningún control cuantitativo o de precios por parte del gobierno brasileño, y que no existen cuotas de producción o de comercialización en el país vecino.
"En el área de comercio exterior, las exportaciones son libres, realizadas por cuenta y riesgo de los agentes privados. Los precios de los tres productos -caña, azúcar y alcohol- en el mercado interno brasilero se orientan por las reglas del mercado", agregó. "Por lo tanto, la producción en Brasil no es subsidiada, como se alega. Sus bajos costos provienen de ganancias en escala, naturales en cualquier actividad económica", subrayó.







