La adopción de niños grandes es cada vez más común porque bajó la entrega de bebés
Se duplicó el tiempo de espera de los postulantes inscriptos en el Registro Unico de Adoptantes, que funciona en la Cámara de Familia. Entre matrimonios y mujeres solas hay 140 postulantes que desean tener un hijo. Emoción de una mamá de dos varones.
"No nos podemos quedar con las ganas de tener el varón", le dijo Dora a su marido, pero ya había pasado holgadamente los 40. Tenían tres hijas maravillosas, dos de ellas casadas, pero les faltaba el "changuito". "Mi señora se enojaba conmigo porque era meta chinita, nomás. Yo le decía al doctor: estas son cosas de Dios?, pero él me contestaba: ?no lo culpés a Dios, que sos vos el que fallás?", cuenta entre risas Jesús, quien gracias a la institución de la adopción está por convertirse en papá de dos varones, de seis y 10 años.
"Desde que empezamos a visitarlos en el hogar Eva Perón me sentí su mamá, y ellos, mis hijos. Cuando los traje de paseo a casa, le advertí a la asistente social: ?mire que si me los llevo no van a querer volver?. Y así fue. Es como si hubieran vivido conmigo toda la vida. El más grande me abraza y me dice: ?te quiero mamá, te prometo que nunca te voy a hacer sufrir?", cuenta Dora sin dejar de mirar a sus muchachos.
En Tucumán, la adopción de chicos grandes se ha hecho más común que antes debido a dos situaciones: por un lado, hay menos bebés para adoptar porque han disminuido las entregas y, por otro el Registro Unico de Adoptantes lleva a cabo un trabajo de concientización a los futuros papás para que no se cierren en querer tener sólo bebés. Según publicó LA GACETA (27/10/08) la cantidad de niños para adoptar descendió de 100 a 37 entre 2001 y 2007. La disminución coincide con el inicio de la entrega de planes sociales a las madres por parte del Gobierno.
Disminuyeron los niños y se alargaron los tiempos. "Antes decíamos que la espera equivalía a nueve meses de embarazo; hoy, en cambio, hablamos de año y medio. Y si los postulantes sólo quieren bebé puede ser mayor la espera todavía", admite la presidenta de la Cámara de Familia y Sucesiones, Graciela Valls de Romano Norri, cuya secretaría tiene a su cargo el Registro Unico de Adoptantes. En el listado hay 140 postulantes y el de mayor antigüedad, está hace cuatro años.
El juez elige los mejores padres para ese niño, de acuerdo con sus características, sin ajustarse al orden de inscripción, aclara la magistrada. "Por ejemplo, si hay un niño enfermo y entre los postulantes se presenta un médico de la especialidad, puede ser que el juez considere que él entenderá mejor la situación de ese chico", añadió.
Para mejorar sus condiciones, la locutora nacional Mariel Toledo Jiménez, que era soltera pero vivía en pareja al momento de anotarse, en setiembre de 2006, decidió casarse para darle un marco legal a su relación. Pero aún así hace dos años que espera. "Los jueces deberían acelerar los trámites para que los niños pasen menos tiempo en las instituciones", dijo.
Pero esto no es tan fácil. La Convención de los Derechos del Niño y la Ley de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes afianzan el criterio de que es derecho del niño quedarse en su familia de origen y que el Estado garantice el fortalecimiento de ese vínculo. "Para declarar la situación de adoptabilidad, primero se debe agotar la vía biológica, y constatar que no hay un familiar próximo que lo pueda tener. Si el chico está en un instituto por maltrato o abandono, pero lo van a visitar antes del año, no se puede declarar el abandono, y se trabaja con esa persona que lo fue a ver", explica la doctora Ester Valderrábano de Casas, jueza de Familia y Sucesiones de la V Nominación.
"Si bien ahora se adoptan chicos más grandes, estamos hablando de cuatro o cinco años, no de 12. Hay chicos conflictivos que están en condiciones de adoptabilidad pero crecen en los institutos porque, aunque duela decirlo, no los quiere nadie. Hemos logrado ubicar a niños grandes en familias de Buenos Aires porque en Tucumán, todas las experiencias habían fracasado. Y ahora están muy bien", cuenta la magistrada sin entender las razones de que el vínculo se haya dado en un caso y no en otro.
En cambio, Dorita piensa que sus hijos le pertenecieron siempre. "¡Es como si yo los hubiera tenido en mi panza!", exclama, y cuenta una experiencia que le da la razón: "los llevé al cementerio, y ahí, el mayor me dice: quiero prenderle una vela a mi abuela".








