El poder de la palabra

El poder de la palabra

Cada letra que dibujamos o cada vocablo que emitimos tiene un significado que desnuda la personalidad del jefe o del trabajador.

28 Octubre 2008

Un famoso guerrero que volvía de batallar portando con orgullo su invicta espada, encontró junto al camino un grupo de gente escuchando a un maestro espiritual. Se ubicó entre las personas más alejadas y escuchó al maestro hasta que, irritado por lo que le parecía pura charlatanería, interrumpió la enseñanza bruscamente: "¡lo único que tú haces es hablar! Las palabras no sirven para nada. A las palabras se las lleva el viento". El maestro lo miró un instante y con gran serenidad le contestó: "sólo un necio como tú, cuya cabeza está acobardada y medio vacía por los golpes recibidos, puede decir tal estupidez". El guerrero saltó como un resorte y en cuatro grandes pasos estaba frente al maestro con su espada lista para partirlo en dos. "¿Qué es lo que te has atrevido a decirme?", amenazó. "Oh, no te había reconocido -dijo el maestro-, pero veo en tu agilidad, destreza y valentía a uno de los más hábiles guerreros que haya pisado nuestra tierra y te presento mis respetos". El soldado bajó su espada, sonrió satisfecho y volvió a ocupar su lugar entre la gente. "Espero -le dijo el maestro mirándolo con una sonrisa- que en el futuro tengas más respeto por las palabras, ya que con ellas te hice venir hasta mí y te llevé al infierno de la furia, para luego calmarte y volverte a tu lugar". A partir de ese día, el soldado se unió al grupo que seguía al maestro y fue su discípulo por muchos años.
Generalmente se desconoce la importancia que tiene la comunicación (el hablar) en nuestro desempeño laboral y, como el soldado de nuestro relato, decimos frases como: "el problema es que la gente habla mucho y trabaja poco", "si hablamos menos, vamos a trabajar más", "hay que dejar de conversar y ponerse a trabajar", plantea Oscar Anzorena, director de DPO Consulting. Estas expresiones reflejan las creencias profundamente arraigadas de una sociedad cuya base productiva estuvo signada por el trabajo manual y la generación de bienes tangibles. "Si bien esa sociedad tal cual la conocimos durante varios siglos ha dejado de existir, todavía perviven los paradigmas que rigieron su dinámica social", indica Anzorena, autor del libro "Maestría Personal, el camino del Liderazgo" (www.maestriapersonal.com).
La revalorización de la comunicación y su vínculo con el accionar humano constituyen los nuevos paradigmas con los cuales se puede gestionar el desarrollo personal o la productividad del trabajo del conocimiento. Frente a la dinámica del mundo laboral, se empieza a entender que el lenguaje es algo más que las palabras que se dicen. "El lenguaje posee un profundo carácter generativo a partir del cual accionamos, coordinamos nuestras conductas y generamos nuevas realidades", indica Anzorena. "Constituye una forma de intervenir en la construcción de nuestro mundo. Y es este carácter el que nos induce a considerar a la comunicación como acción y no como una mera transmisión de información", señala.
A través de la palabra se convoca a un nuevo proyecto; se elabora y se transmite nuestra visión; se proponen nuevos objetivos o se plantean nuevas ideas. "Nuestras conversaciones condicionan nuestro horizonte de posibilidades", dice el experto. La conversación tiene un valor incalculable entre los miembros de una empresa, sin distinción de jerarquías. "A través de ella nos convertimos en alguien distinto, aprendemos, reflexionamos sobre nuestros problemas, se nos abren oportunidades de crecimiento y construimos nuestra imagen pública. El desafío pasa por establecer con cuánta destreza y eficacia hablamos y escuchamos", sostiene el consultor y coach organizacional

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