11 Octubre 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.-"Mi voz suena a sal, a arena. Es una de las voces más feas que hay en el mundo. Pero ustedes se enamoraron de ella, así que la culpa no es mía". A modo de agravante puntual, el italiano Nicola Di Bari dijo que "hoy está más ronca que nunca porque llegué ayer después de un molesto viaje en avión". El inicio fue entre caótico y bizarro. A Di Bari no le gustó para nada el arranque de la banda (piano, guitarra, bajo, batería) e hizo repetir "Vagabundo". Entre gestos ampulosos de desaprobación y arenga para que sus muchachos pusieran más pila, volvió a interrumpir la canción. No fue suficiente. Algo seguía fallando y el frontman se acercó a cada músico y les habló con evidente fastidio. Recién al cuarto intento, el hit pudo sonar completo. La gente lo abrumó con pedidos para que cantara en italiano, y el crooner apenas contentó con una sola vez, lo que no obstante le valió la mayor ovación de la noche. No fue en rigor no por ese único detalle, sino porque además gatilló una impresionante versión de "Eternamente". Sus fans no se cansaron de cantar "Lisa y los ojos azules", "Zíngara" y "Trotamundo". (DyN







