11 Octubre 2008 Seguir en 
Dyango se inclinó tempranamente a las artes, por una especie de mandato familiar. A los ocho años empezó a estudiar violín, fue un trompetista reconocido hasta que optó por el canto, y ahora está entusiasmado con la pintura.
"Siendo sincero, en el colegio fui un mal estudiante, pero las cosas artísticas las hacía mejor que nadie, y ya de niño tenía una buena mano para el dibujo", dice, y cuenta que solía recibir reprimendas de sus maestros. "Hacía cosas raras, como quedarme dibujando, o no atender a lo que me decían", cuenta con una risita.
"Las cosas que siento o pienso las plasmo de alguna manera, ya sea en una canción o en una pintura. Y lo que no me gusta lo tiro y lo vuelvo a hacer", comenta como al pasar.
Diferentes miradas
Su obra (se pueden ver algunos trabajos en su página en internet, "www.dyango.es"), es colorida, alegre y vital, pero no parece demasiado romántica. "¿No se refleja en la pintura?", pregunta, tal vez decepcionado por el comentario.
"Puede ser que sea romántico, todo depende cómo se lo mire, porque en definitiva todo es por amor", define, redondeando y atajando posibles repreguntas al respecto.
Cuenta, también, que ocasionalmente toca el violín, pero que le cuesta volver a tomar la trompeta. "No es un problema de pulmones, sino de labios, porque al dejar tanto tiempo hay que volver a educar la boca para poder tocar, y no es nada sencillo", explica.
El español mantiene un idilio especial con la Argentina
"Amo la Argentina, y creo que aquí me quieren mucho a mí y quieren verme y oírme", dice Dyango, tras recordar que fue en nuestro país donde obtuvo el primero de sus 55 discos de oro, cuando en su España natal todavía no había alcanzado el éxito.
Dyango debutó como cantante en el Festival de la Canción del Duero (1965), y grabó su primer disco 10 años después, logrando inmediatamente un inusitado éxito en Latinoamérica. Paradójicamente, en Europa empezó a triunfar un año más tarde, cuando registró el tango "Nostalgia", y ahí sí, conquistó el mercado español.
"Siendo sincero, en el colegio fui un mal estudiante, pero las cosas artísticas las hacía mejor que nadie, y ya de niño tenía una buena mano para el dibujo", dice, y cuenta que solía recibir reprimendas de sus maestros. "Hacía cosas raras, como quedarme dibujando, o no atender a lo que me decían", cuenta con una risita.
"Las cosas que siento o pienso las plasmo de alguna manera, ya sea en una canción o en una pintura. Y lo que no me gusta lo tiro y lo vuelvo a hacer", comenta como al pasar.
Diferentes miradas
Su obra (se pueden ver algunos trabajos en su página en internet, "www.dyango.es"), es colorida, alegre y vital, pero no parece demasiado romántica. "¿No se refleja en la pintura?", pregunta, tal vez decepcionado por el comentario.
"Puede ser que sea romántico, todo depende cómo se lo mire, porque en definitiva todo es por amor", define, redondeando y atajando posibles repreguntas al respecto.
Cuenta, también, que ocasionalmente toca el violín, pero que le cuesta volver a tomar la trompeta. "No es un problema de pulmones, sino de labios, porque al dejar tanto tiempo hay que volver a educar la boca para poder tocar, y no es nada sencillo", explica.
El español mantiene un idilio especial con la Argentina
"Amo la Argentina, y creo que aquí me quieren mucho a mí y quieren verme y oírme", dice Dyango, tras recordar que fue en nuestro país donde obtuvo el primero de sus 55 discos de oro, cuando en su España natal todavía no había alcanzado el éxito.
Dyango debutó como cantante en el Festival de la Canción del Duero (1965), y grabó su primer disco 10 años después, logrando inmediatamente un inusitado éxito en Latinoamérica. Paradójicamente, en Europa empezó a triunfar un año más tarde, cuando registró el tango "Nostalgia", y ahí sí, conquistó el mercado español.
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