

Paul Newman fue un apasionado por las carreras de autos. De hecho, su último trabajo fue en 2006, cuando prestó su voz a uno de los automóviles animados de “Cars”, la película animada de Disney. Por ese entonces dijo: “estoy agradecido de otras cosas que han llegado a mi vida”. Y, entre esas cosas, se encontraban los autos de carreras.
Su sonido preferido era el de un motor de ocho válvulas. Newman se aficionó a los coches de carreras tras su película “500 millas” (dirigida por James Goldstone, 1969), donde hacía el papel de un piloto de competición. Años más tarde creó su propio equipo y comenzó a competir. Su mayor éxito fue un segundo puesto en las 24 horas de Le Mans y, con 70 años, se convirtió en el piloto de mayor edad en formar parte de un equipo ganador en alta competición. Su mujer odiaba esta afición, pero nunca trató de convencerlo para que la dejara. Para Newman, esa era la mayor muestra de amor posible.
Un gourmet
Pero, Newman también tenía otra pasión: la cocina. De hecho, el actor puso en marcha su propia línea de productos de alimentación, “Newman’s Own”, especialmente dedicada a salsa para pasta y aliño para ensalada. Con sentido del humor, decía que lo avergonzaba que su cara fuera más conocida por aparecer en botes de comida que por sus películas. Sin embargo, estaba encantado con el éxito de su compañía porque todos los beneficios estaban destinados a obras de caridad. Más de 100 millones de dólares fueron donados desde que la fundó, en 1982.
Extremadamente generoso, creó también un campamento de verano para niños con cáncer y un programa de televisión para menores hospitalizados.
“No creo que haya nada excepcional en ser filántropo. La actitud contraria es la que me preocupa”, señaló en una oportunidad. Era frecuente su aparición en galas benéficas junto a otros actores de Hollywood.
Preocupado por los más indefensos, participó en diversas iniciativas sociales en favor de los niños, incluso fue nombrado “padre del año” por Unicef.
Precisamente la pérdida de su hijo Scott por sobredosis lo llevó a crear la Fundación Scott Newman, que ayuda a los jóvenes a salir del infierno de la droga y hace donaciones para hacer investigaciones científicas.







