Bussi creía que desde el country iría a prisión
La decisión de los jueces de permitir a Antonio Bussi que mantenga su condición de arresto domiciliario sorprendió al propio ex gobernador. Según vecinos de Yerba Buena -donde reside-, creía que lo llevaban para sacar ropa e ir al penal de Villa Urquiza.
29 Agosto 2008 Seguir en 
"¿Ustedes saben en qué celda me van a alojar?". La pregunta resonó dentro del furgón del Servicio Penitenciario Federal que trasladaba al condenado Antonio Bussi desde la sede del Tribunal Oral Federal hasta la casa que alquila en el country del Jockey Club, en Yerba Buena. Quienes fueron testigos del viaje y hasta los vecinos se sorprendieron: Bussi estaba convencido de que su paso por la vivienda tardaría sólo algunos minutos, los suficientes como para preparar un bolso y ser llevado luego al penal de Villa Urquiza.
A las 18.05 Bussi salió de la sala del Tribunal y a los custodios les tomó 25 minutos llegar hasta el country. Primero arribó una camioneta del Siprosa, que trasladaba al Director de Emergentología de la provincia, Juan Masaguer. Luego ingresó la combi del Servicio Penitenciario, con Bussi en el interior, y detrás de ellos otra camioneta con personal del grupo Cero ("Cuerpo Especial de Rescate y Operaciones" de la Policía de Tucumán) y una ambulancia.
Durante casi todo el viaje el militar se mantuvo en silencio, excepto cuando preguntó cuándo lo llevarían a la cárcel. Quienes lo acompañaban prefirieron no contestarle y le dijeron que se quedara tranquilo.
Desde la avenida Aconquija y en todo el trayecto de calle San Martín hasta el lugar de residencia del condenado, el traslado se hizo rápidamente y no fue necesario el uso de sirenas y de balizas.
Las versiones
Desde temprano había expectativa en el country, ya que no se sabía cuál sería la decisión de los jueces con respecto al lugar de alojamiento de los imputados. Las hipótesis que se manejaban eran que Bussi volvería al country, que sería trasladado al penal de Villa Urquiza, o bien que fuera llevado al ex arsenal Miguel de Azcuénaga, donde había estado detenido hasta que el juez federal N0 1, Daniel Bejas, le concedió el beneficio de la prisión domiciliaria. Durante el tiempo que estuvo viviendo allí, tres policías de la Federal lo custodiaron. Para esta misión los agentes van rotando por turnos. Ayer, cuando todavía no se sabía si Bussi sería condenado, los policías estaban apostados frente a la vivienda en el country. "¿Por qué hay periodistas en la puerta?", era la pregunta recurrente que los habitantes del barrio privado les hacían a los guardias contratados en el acceso principal. "Lo traen de nuevo a Bussi", era la invariable respuesta. Cuando por fin la combi se acercó al acceso se pudo ver al condenado sentado en una butaca, aferrado a su bastón de madera y con la corbata floja. Su mirada estaba perdida.
Lo ayudaron a descender
Quienes lo vieron bajar afirmaron que no reconoció a su propia nieta, quien salió a recibirlo. Los penitenciarios lo ayudaron a descender del vehículo y apenas traspasó la puerta preguntó qué ropa debía llevarse. "Estaba seguro de que lo habían mandado a la cárcel", indicó uno de los testigos. Los familiares y allegados que lo esperaban (no más de cinco personas) le dijeron que no pasaba nada, y que podría seguir en la casa. Bussi parecía no entenderles. Ya dentro de su habitación, los médicos lo sedaron para que se durmiera. Igualmente a Bussi le costó conciliar el sueño, explicaron allegados. Si bien algunos vecinos se acercaron a la vivienda para preguntar cómo estaba, en general, el ritmo de vida de los habitantes del lugar no se modificó.
Luego de que los médicos, los policías y los guardias se retiraron, muy pocas personas quedaron en el interior de la vivienda. Hasta las 21, ninguno de los hijos se había acercado al barrio. Desde la puerta misma del country, LA GACETA intentó comunicarse con el número fijo de la residencia. La respuesta, a pesar de que el número era correcto, fue contundente: "el abonado está fuera de servicio".
A las 18.05 Bussi salió de la sala del Tribunal y a los custodios les tomó 25 minutos llegar hasta el country. Primero arribó una camioneta del Siprosa, que trasladaba al Director de Emergentología de la provincia, Juan Masaguer. Luego ingresó la combi del Servicio Penitenciario, con Bussi en el interior, y detrás de ellos otra camioneta con personal del grupo Cero ("Cuerpo Especial de Rescate y Operaciones" de la Policía de Tucumán) y una ambulancia.
Durante casi todo el viaje el militar se mantuvo en silencio, excepto cuando preguntó cuándo lo llevarían a la cárcel. Quienes lo acompañaban prefirieron no contestarle y le dijeron que se quedara tranquilo.
Desde la avenida Aconquija y en todo el trayecto de calle San Martín hasta el lugar de residencia del condenado, el traslado se hizo rápidamente y no fue necesario el uso de sirenas y de balizas.
Las versiones
Desde temprano había expectativa en el country, ya que no se sabía cuál sería la decisión de los jueces con respecto al lugar de alojamiento de los imputados. Las hipótesis que se manejaban eran que Bussi volvería al country, que sería trasladado al penal de Villa Urquiza, o bien que fuera llevado al ex arsenal Miguel de Azcuénaga, donde había estado detenido hasta que el juez federal N0 1, Daniel Bejas, le concedió el beneficio de la prisión domiciliaria. Durante el tiempo que estuvo viviendo allí, tres policías de la Federal lo custodiaron. Para esta misión los agentes van rotando por turnos. Ayer, cuando todavía no se sabía si Bussi sería condenado, los policías estaban apostados frente a la vivienda en el country. "¿Por qué hay periodistas en la puerta?", era la pregunta recurrente que los habitantes del barrio privado les hacían a los guardias contratados en el acceso principal. "Lo traen de nuevo a Bussi", era la invariable respuesta. Cuando por fin la combi se acercó al acceso se pudo ver al condenado sentado en una butaca, aferrado a su bastón de madera y con la corbata floja. Su mirada estaba perdida.
Lo ayudaron a descender
Quienes lo vieron bajar afirmaron que no reconoció a su propia nieta, quien salió a recibirlo. Los penitenciarios lo ayudaron a descender del vehículo y apenas traspasó la puerta preguntó qué ropa debía llevarse. "Estaba seguro de que lo habían mandado a la cárcel", indicó uno de los testigos. Los familiares y allegados que lo esperaban (no más de cinco personas) le dijeron que no pasaba nada, y que podría seguir en la casa. Bussi parecía no entenderles. Ya dentro de su habitación, los médicos lo sedaron para que se durmiera. Igualmente a Bussi le costó conciliar el sueño, explicaron allegados. Si bien algunos vecinos se acercaron a la vivienda para preguntar cómo estaba, en general, el ritmo de vida de los habitantes del lugar no se modificó.
Luego de que los médicos, los policías y los guardias se retiraron, muy pocas personas quedaron en el interior de la vivienda. Hasta las 21, ninguno de los hijos se había acercado al barrio. Desde la puerta misma del country, LA GACETA intentó comunicarse con el número fijo de la residencia. La respuesta, a pesar de que el número era correcto, fue contundente: "el abonado está fuera de servicio".
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